Opinión
¿Estamos seguros en el Arca de Noe? El tiempo lo dirá
Publicada en InfoMelilla el 12 de diciembre de 2011
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Cada día aparecen noticias en los medios de comunicación capaces de asombrar a cualquiera que todavía sea capaz de tener la más mínima posibilidad de conseguir, en los tiempos que corremos, mantener esta clase de emoción. Hoy la prensa nos obsequia con la información de que: un grupo, Shamrock-The Trinity Corporation, dice haber localizado, en un glaciar de Turquía, nada menos que la bíblica Arca de Noe. Algo encogida, eso sí (la Biblia la describe como una embarcación de una longitud de 120 a 165 metros) porque parece que el hallazgo sólo mide unos 37’5 metros de eslora por unos 7’5 metros de manga; enterrada a unos siete metros de profundidad en un glaciar de las laderas del monte Ararat, aquel en el que, según el relato bíblico, fue a encallar Noe y su famosa embarcación.
Aparte de la falta de confianza que nos pudiera inspirar una expedición científica que pretende embarcar al gobierno Turco en una operación de rescate, pensando sólo en las ganancias que se lograrían convirtiendo el lugar en un centro de visita de los peregrinos; es evidente que, por muy sofisticados que se nos quieran hacer creer que han sido los métodos utilizados para conseguir este descubrimiento e, incluso, que la madera localizada en el glaciar fuera de una determinada antigüedad, como es evidente intentarla identificar como la famosa arca resultaría, como menos, una empresa de gran dificultad científica. Pero, aparte de la anécdota, tengo que decir que, el volver a recordar aquel episodio de Noe, su mujer, sus hijos Sem, Cam y Jafet, sus nueras y las parejas de animales que se embarcaron en la nave, me ha hecho pensar en Europa, el euro y todas las naciones que están involucradas en este proyecto que, si no por inspiración Divina, si por aspiración humana, se puso en marcha con un ensayo de una unión comercial de toda Europa.
Tal como ocurrió en tiempos de Noe, los europeos han cometido errores de bulto, no en los aspectos éticos, morales o religiosos, que también los ha habido, sino en cuanto a olvidarse por egoísmos, rencillas históricas y recelos económicos, de caminar unidos hacia un proyecto europeo, de modo que Europa, a estas alturas, ya debiera haberse convertido en una supernación que contara con una constitución propia, a la que se subordinaran todas las de las distintas naciones que la componen; un Parlamento y el correspondiente Gobierno comunitario, con facultades de dictar leyes y de arbitrar los convenientes medios de control encargados de aplicar una fiscalidad común y unas normas económicas de tipo general, que rigieran las relaciones entre los distintos países integrantes del ente. Por supuesto, seria preciso aumentar las competencias de su banco central, BCE, que, al uso de los bancos centrales de otros países, como es la FED en el caso de los EE.UU. de América, tuviera facultades para emitir moneda, en este caso el euro. Por supuesto, nada de todo esto ha ocurrido y, por mucho que duela reconocerlo, los vicios que se vienen dando en los gobiernos nacionales de los distintos países que forman la llamada Unión Europea, se vienen reproduciendo, a mayor escala, en lo que hoy en día es el Parlamento y el Consejo europeos.
Las consecuencias de la lentitud burocrática de Bruselas, de la necesidad de que para cualquier modificación de los pactos sea precisa la aprobación de la totalidad de los países miembros, incluso de los que no están en la Zona Euro, convierte cualquier intento de mejora o alteración de los pactos de Maastricht en una operación destinada, casi siempre, al fracaso. Es obvio que, en tiempos de crisis, cuando las bolsas se mueven a cada instante bajo la influencia de acontecimientos surgidos en cualquier parte de la Tierra y, los inversores, actúan al momento cuando creen que adoptar una posición de compra o venta los pueda beneficiar o perjudicar; el que, las actuaciones de la UE, vayan a remolque de que se reúnan todos su miembros, pierdan horas deliberando para que, finalmente, acaben por no ponerse de acuerdo sobre las medidas a adoptar, resulta algo evidentemente anacrónico. Sí, es verdad que, el BCE, ha salido en ayuda de los países que han tenido dificultades en colocar su deuda, pero lo ha hecho utilizando un truco que se salta las norma de que, este ente, no puede comprar deuda directamente a los estados miembros lo que, sin embargo, sí puede hacer comprándola a través de los mercados secundarios; pero es obvio que, Europa, no puede funcionar a golpe de sobresalto sin tener una estructura fiscal y económica, además de política, que le dé la suficiente amplitud de movimientos para no depender de que uno u otro país miembro decida no apoyar una determinada acción.
Debo confesar que la metáfora del Arca de Noe, es decir, de un santo hombre que intenta salvar a un grupo de personas y de animales del Diluvio Universal, se me ocurre oportuna para compararla con lo que sucede en Europa. Un grupo humano de distintos ciudadanos que, ante una situación de amenaza global, se refugian en una especie de nave salvadora, confiando en la familia de un Noe de nuestros tiempos que, fácilmente, podríamos identificar con Sarkozy y la señora Merkel, para intentar capear un temporal ( el del euro) que amenaza con engullirlos a todos ( la recesión). Está por ver si el “arca” estará bien calafateada y resistirá sin hundirse; si alguno de sus pasajeros no se va a quedar por el camino y si, tanto Noe como su esposa, consiguen evitar que los peligros que les acechan acaben de un plumazo con sus esperanzas. Y es que, a diferencia del santo Noe, nuestros capitanes no están exentos de querer sacar partido del resto de pasajeros en beneficio de sus respectivos países. ¡Y esto preocupa!
En todo caso, algo que no le ocurrió al santo Noe, parece que ya está sucediendo en este episodio europeo. Las ratas, las infames y asquerosas ratas, ya parece que quieren abandonar la nave, ante la posibilidad de que el temporal acabe por engullirse el arca y sus viajeros. La noticia es que, al parecer, los inversores más ricos de Europa están sacando su dinero en euros ante el temor de que, la moneda única, pueda no sobrevivir a la crisis de deuda soberana, siendo el dólar y el yen los destinos favoritos. ¿Tiene algún significado especial?, ¿es cierto que el euro está en una situación insostenible? Hay alguien que resta importancia a esta tendencia diciendo que: aunque los hay que se marchan del euro, conscientes del riesgo de una crisis sistémica; también hay muchos otros, la mayoría, que siguen conservando la calma. Julian Lamdem, socio en Couts, unidad de la banca privada de Royal Bank of Scotland, cuyo portafolio incluye a algunos de los clientes más ricos del banco, opina: “No he visto, realmente grande movimientos, pero la gente se está posicionando. Estamos pensando en cual es el primer paso. Está en sus mentes” Pues si está, de verdad, en sus mentes el abandonar el barco, quizá sea hora de que empecemos a preocuparnos por la suerte del arca.
Y, en esta nave común, como pasajeros de tercera clase, nos encontramos los españoles que, como ya les ha ocurrido a Grecia, Irlanda, Portugal e Italia; hemos sufrido un primer naufragio del que nos hemos salvado, in extremis, de ser devorados por los “tiburones”. Repescados por Noe y los suyos, no estamos en condiciones de sufrir otro percance parecido. Nuestro nuevo capitán, don Mariano Rajoy, es la única esperanza que nos queda para superar lo que nos queda de esta peligrosa navegación. Lo que ocurre es que, en el arca dirigida por Sarkozy y la Merkel, a Rajoy sólo le ha tocado el cargo de sobrecargo. O esta es mi opinión, señores, a falta de otra mejor.
Miguel Massanet Bosch