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Obispo.
Feliz cumpleaños, don Ramón, y feliz apostolado
Don Ramón se convirtió en el azote casi a diario de la sociedad marbellí de los 70 y los 80 porque no podía comprender cómo se ostentaba tantísimo en una zona con necesidades sociales.
Publicada en MeliYa el 21 de diciembre de 2011
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Fue el 12 de diciembre cuando el obispo emérito de Málaga y Melilla, don Ramón Buxarrais cumplió sus 82 primeros años. Antes dirigía el cristianismo a distancia, desde el obispado, pero cuando don Ramón dejó de ser obispo optó por el cometido menos grato: venirse a Melilla con doble cometido, el de director de la comunidad religiosa de las Hijas de la Caridad y el de trabajar en el Centro Penitenciario Provincial -el talego, vaya- ofreciendo asistencia y afecto a las personas privadas de libertad.
‘El Alminar de Melilla’ deja en su ventana web un trabajo dedicado al obispo emérito –alguna de cuyas fotografías aprovechamos con el permiso de su promotor-, trabajo en el que se profundiza en la grandeza de un hombre que ha dedicado su vida a los demás mediante el apostolado, apostolado tanto de relumbrón, cuando era obispo, como de cercanías, el que lleva a cabo a diario en Melilla. Éste último, nos da la impresión, es el que más le gusta.
Un blogero malagueño que ha de conocerle bien afirma: ” Conocer a Buxarrais es todo un privilegio. Tratarle, para muchos, lo más parecido a tutear a un santo. Que se lo digan a los presos de la cárcel de Melilla, donde preside la pastoral penitenciaria, y que se dirigen a él como Santo Padre o Papa Ramón. Carismático, afable y de gran lucidez, el sacerdote maneja una personalidad arrolladora y un excelente sentido del humor. Don Ramón Buxarrais merece la pena”, según publica ‘El Alminar de Melilla’.
Don Ramón se convirtió en el azote casi a diario de la sociedad marbellí de los 70 y los 80 porque no podía comprender cómo se ostentaba tantísimo en una zona con necesidades sociales. Esa misma ‘jet’ marbellí trató de intermediar con las altas instancias eclesiásticas para que Buxarrais abandonara el Obispado. ¿Lo consiguieron?. No se sabe pero lo que se puede afirmar sin temor a error es que nuestro obispo no ha cambiado su carácter. No es un hombre autoritario sino más bien convencido de sus principios: generosidad, solidaridad y culto a la figura del gran revolucionario social de todos los tiempos, Jesús de Nazaret.
Y, como despedida, unas declaraciones de don Ramón al diario ‘El País': “Yo voy a creer en los políticos que pierdan dinero, en los políticos que pierdan salud, en los políticos que por amor al pueblo hasta pierdan popularidad. Cuando los políticos pierdan, tendremos buenos políticos”. Más alto, puede ser pero más claro, imposible. Felicidades, eminencia reverendísima.