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18 de Septiembre.
La Casa de Melilla en Málaga recrea la verdadera historia de la fundación de la Melilla española
A finales del siglo XV se produce en España el término glorioso de la Reconquista, con la rendición de Granada y Melilla sostiene animado tráfico con las costas del Reino.
Publicada en InfoMelilla el 20 de septiembre de 2011
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El pasado día 17 de septiembre se conmemoraron los 514 años de la llegada de D Pedro de Estopiñán a una parte de la costa del norte de África, para tomar posesión de esa zona en nombre de los Reyes Católicos, Comendador de la Casa de los Duques de Medina Sidonia encargados de la defensa de nuestras costas del sur de España, constantemente amenazadas e invadidas y asoladas por las tribus y piratas que desde diversos puntos de la costa africana, asiduamente atacaban a las poblaciones de las costad andaluzas.
Transcribo estos hechos que ocurrieron según lo narra en su resumen de la historia de Melilla D. Francisco Mir Berlanga, historiador y cronista oficial que fue de Melilla, miembro correspondiente de las Reales Academias de la historia y Bellas Artes de San Telmo y Alcalde de la misma desde 1964 a 1971, que comienza con el siguiente texto, que fue impreso durante su mandato como alcalde, en las cartas, sobres y diferentes documentos que desde Melilla se enviaban a todos los destinos, dice así
Perdida con toda la provincia “Hispania nova ulterior tingitana” a consecuencia de la invasión de los vándalos, Melilla fue recuperada por los españoles el 17 de Septiembre de 1497.
Así pues, Melilla se incorpora definitivamente a España 18 años antes de que lo hiciera El Reino de Navarra 162 años antes de que el Rosellón fuera francés 279años antes de que existieran los Estados Unidos de América
A finales del siglo XV se produce en España el término glorioso de la Reconquista, con la rendición de Granada y Melilla sostiene animado tráfico con las costas del Reino, de donde llegan constantemente numerosos vencidos que no se avienen a permanecer bajo el dominio cristiano en las tierras que fueron del antiguo Reino Nazarita.
En octubre del año 1493 el Rey Boabdil, en unión de sus familiares y cortesanos, desembarcan en Cazaza, a 18 kilómetros de Melilla, una vez rendido su Reino en Granada ante los ejércitos victoriosos de los Reyes Católicos.
Razones políticas y estratégicas y el deseo de impedir en el futuro nuevas invasiones, movieron a los Reyes Católicos a apoderarse en la costa norteafricana de cierto número de bases que sirvieran como centinelas avanzados de la seguridad nacional y con este objeto enviaron emisarios al otro lado del mar que informaron de la situación de aquellas costas, noticiosos de que la ciudad de Melilla, por las continuas guerras sostenidas entre los Reyes de Fez y Tlemencen, se hallaba casi despoblada.
Pasó en primer lugar, el Comendador Martín Galindo, quien después de reconocer la ciudad y ante el gran número de habitantes que vivían en sus proximidades, informó al Rey que la conquista era harto difícil de realizar y aún en el caso de que tomase Melilla, antes se llamaría carnicería de cristinos que población de ellos y tales informaciones se desanimaron los católicos monarcas, acordando el aplazamiento sine-die de la conquista de la plaza.
Noticioso el Gobernador de Andalucía, don Juan de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de conquistar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo, a cuyo efecto y obtenida la competente autorización Real, comisionó a su comendador don Pedro de Estopiñán Virués, para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader en unión del famoso artillero Francisco Ramírez de Madrid, muerto años más tarde, durante la sublevación de los morisco, en el desastre de Sierra Bermeja.
Decidido el Duque a efectuar a su costa la conquista de Melilla, mandó juntar-dice Barrantes, el cronista de la Casa Ducal-“cinco mil ombres de a pié e alguna gente a cavallo, e mandó aparejar los navíos en que fuesen, e hizolos cargar de mucha harina, vino tocino, carne, aceyte e todos los, otros mantenimientos necesarios: e artillería, lanças, espingardas e toda munición”.
“E asimismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal e madera para reedificar la ciudad. E con toda esta Armada e gente, partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato del puerto de San Lucar en el mes de septiembre de 1497e hizolos buen tiempo, es se detuvieron en el mar para ni llegar de día, e allegando la noche, la primera cosa que hicieron fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encaxaban e tabazón que llevaron hecho de Hespaña. E trabajando toda la noche de lo hacer e poner a la redonda de la muralla derribada de la parte de fuera, donde andaban los alárabes...que cuando al otro día amaneció, los moros alábares que andaban por los campos que avían visto el día antes Melilla asolada e la vieron amanecer con muros e torres, e sonar de tambores e tirar artillería, no tuvieron pensamiento que estuvieran en ella cristianos sino diablos, e huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que avían visto.”
“E dióse tanta prisa e diligencia en hacer los adarves que en pocos días se puso la obra a tan altor, que cuando los moros se juntaron e vinieron a dar sobre ello, se pudieron muy bien defender la Ciudad…..E asní peleando y trabaxando en las obras, acabaron de reparar los adarves e torres. E costó al Duque de Medina, Don Juan de Guzmán, doze cuentos de madarevís solamente reedificar Melilla de muralla, cava e barrera e quedando por Alcaide el Capitán Gómez Suárez, criado del Duque de Medina e Alcaide de su villa de Chiclana esforzado cavallero e diestro en la guerra, se tornó Pedro de Estopiñán a dar cuenta al Duque, su señor de lo que quedaba hecho…”…
Tuvo lugar, pues, la conquista de Melilla, el 17 de septiembre de 1497, hecho del que recibieron gran satisfacción don Fernando y doña Isabel, que pasaban en aquellos días por el amargo trance de haber perdido al heredero de su Reino, el malogrado príncipe Don Juan, que murió de amor y que duerme su sueño eterno, en el bellísimo sepulcro del Convento de Sato Tomás de Ávila.
Juan Hernández Pérez