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Fiesta nacional.
La Inmaculada, Patrona de Infantería, mucho más que un puente
Un soldado de Infantería que hacía de centinela empezó a cavar sobre el terreno helado, quedando sorprendido con la aparición, a los primeros golpes, de una bella pintura que representaba a la Madre de Dios.
Publicada en MeliYa el 6 de diciembre de 2011
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Dicen las crónicas más fiables que en el año 1585, "el Tercio de Zamora, mandado por el maestre de Campo don Francisco de Bobadilla, se encontraba en una muy apurada situación defendiendo la plaza de Bonmel, ciudad situada entre los brazos de los ríos Mosa y Waal. Los protestantes holandeses, a las órdenes del conde de Hardick tenían cercada a la ciudad con sus barcos, inundándola en parte mediante la rotura de diques y tratando por todos los medios quebrantar la resistencia del ejército español mediante ventajosas ofertas de rendición, ofertas rechazadas por Bobadilla con toda energía, aún a sabiendas que tenía ya casi agotados todos los recursos, que sus efectivos eran muy inferiores a los de Hardick y que contaba con un elevado número de bajas entre sus filas".
Habida cuenta de la gravedad de la situación, sólo un milagro podía salvar la plaza. En la fría mañana del día 7 de diciembre de 1585, un soldado de Infantería que hacía de centinela empezó a cavar sobre el terreno helado, quedando sorprendido con la aparición, a los primeros golpes, de una bella pintura que representaba a la Madre de Dios, en su advocación de la Inmaculada Concepción. Se arrodilló el soldado ante la imagen y muy pronto acudieron al lugar del hallazgo el maestre de Campo, capitanes y soldados y allí, hincada en tierra la rodilla, suplicaron a la Señora su intercesión para que otorgara la victoria a las armas españolas. Reunió Bobadilla a sus capitanes y les dijo: “El hambre y el frío nos llevan a la derrota: nos salvó el milagroso hallazgo, nosotros velaremos por España; ¿queréis que se quemen las banderas, se inutilice la artillería y abordemos en la noche a las mayores galeotas hasta ganarlas o todos perder la vida?”.
Bueno, la mayoría de los soldados melillenses celebra la festividad de su Patrona, la Inmaculada Concepción, el próximo jueves -pleno puente- como viene sucediendo desde hace siglos. Y son dos los colectivos castrenses especialmente afectados por el día: La Legión y Regulares, que celebra este año su primer siglo de existencia como el Cuerpo de Ejército más condecorado de España. Mientras los legionarios siguen en su particular acuartelamiento de Cabrerizas Altas, los regulares ya están instalados en los nuevos espacios de la Base Alfonso XIII.
Es una pena que la Inmaculada Concepción, así como el Día de la Constitución, se hayan convertido con el paso del tiempo, en argumentos vacacionales, en armadura de un puente festivo en la que la significación de la fecha se diluye por mor de unas jornadas de ocio que, tal y como estamos de crisis, se nos antojan perfectamente prescindibles. Independientemente de las creencias religiosas de cada uno, se celebra el Día de la Patrona, se convive, se siente más el espíritu castrense. Se va a celebrar en todos los acuartelamientos de Infantería de España y en las misiones especiales en el extranjero.
Y qué decir de la importancia para Melilla de las intervenciones de sus infantes –regulares y legionarios- tiñendo de sangre campos exteriores e interiores para que esta ciudad –hace un siglo y algo menos- preservara su identidad española. En fin, valores supremos como para hacerlos desaparecer para hacer puenting.