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Civismo que no existe.

Melilla, amenazada por los guarros y los destructores

No se puede presumir de la grandeza del, por ejemplo, Teatro Kursaal -que la tiene y mucho- permitiendo que la manada de porquerizos haga de las suyas.

Publicada en MeliYa el 21 de marzo de 2011

Salvador Rámírez

Son las siete y cuarto de la mañana en Melilla, bueno es un poco más tarde, el tiempo necesario para tomar el guión gráfico es esta entrega. Es un día espléndido, de verano pero se pagan las acciones de los desalmados de la madrugada predominical. Los guarros inundan Melilla de suciedad y porquería; hasta destrozan papeleras y tumban señales de tráfico y, desde luego, todos los envases lo que se comen o les sobra, hala, al asfalto y que los sufridos trabajadores de la limpieza se encarguen el entuerto. Nosotros ya estamos tranquilos, ya hemos echado toda la mierda a la calle y el que venga derás, que arree. Si alguien, pongamos por caso, en Suiza o en Francia o en Cataluña, les sorprende, la denuncia a la Policía está más que garantizada pero estamos en Melilla, que es muy diferente porque aquí lo que se lleva es ser guarro y destruir lo que se puede.

Melilla, amenazada por los guarros y los destructores
Melilla, amenazada por los guarros y los destructores

Claro, me dirán que es un problema de educación cívica. Pues sí señor, lo es, pero se podría hacer algo más por parte de los responsables. No se puede presumir de la grandeza del, por ejemplo, Teatro Kursaal -que la tiene y mucho- permitiendo que la manada de porquerizos haga de las suyas cada fin de semana y cuando no es fin de semana. Y el problema es que se contagia por todos los barrios de Melilla, todos están sucios. Lo he comentado anteriormente pero lo repito: El consejero de Medio Ambiente, don Ramón Gavilán, me dijo en cierta ocasión que no es más limpio el que limpia más, sino el que menos ensucia. Bueno, algunos melillenses no son los que más limpian pero sí que son los que más ensucian, visto lo visto.

Melilla, amenazada por los guarros y los destructores
Melilla, amenazada por los guarros y los destructores

Y los que más destrozan. Parecen molestos con las señalizaciones, con el mobiliario urbano, con los accesos, con las mejoras urbanísticas. Todos estos beneficios parecen darles por el culo y, simplemente, los destrozan. Es evidente que no tienen el más mínimo sentido del civismo. El señor Gavilán también me comento que "la calle es la casa de todos los ciudadanos y, si no tiran porquería en el suelo de sus casas, ¿por qué lo hacen en la casa de todos los melillenses?". Buena reflexión aunque inservible a tenor de cómo amanecen las calles de la ciudad.

En determinada ocasión, arrojé una colilla en un arreate del sevillano parque de María Luisa y la que cayó fue de órdago en cuestión de broncazo a cargo del agente de la autoridad y me costó mil pelas de multa que mi padre, precisamente, no celebró. Aquí echas un plato de espagueti a medio comer en la avenida del Rey Juan Carlos y no pasa nada, es más, celebras que no te hayan acertado en la cara. No generalicemos, no todo el mundo es tan guarro pero quienes lo son parecen multiplicarse en la labor de conseguir unos barrios y rincones ciertamente cochinos.

Melilla, amenazada por los guarros y los destructores