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Kebir.
Mohamed Botassa se quedó sin los momentos cruciales de la Pascua Grande
Su casa fue una fiesta a primeras horas de hoy porque se celebraba el Ait El Kebir, pero él estuvo abriendo las dependencias de su establecimiento.
Publicada en MeliYa el 8 de noviembre de 2011
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Y se quedó por cuestión de trabajo. No están las cosas como para licencias gratuitas por muy religioso que se sea, como es el Caso de Mohamed Botassa. Su casa fue una fiesta a primeras horas de hoy porque se celebraba el Ait El Kebir, pero él estuvo abriendo las dependencias de su establecimiento. Hay que dar, a partir de las siete de la mañana, el desayuno a los últimos de la noche, al cambio de los diferentes servicios policiales. Mohamed ya tendrá tiempo de estar en familia para dar gracias a Dios. Conozcamos al personaje.
Es camarero marroquí –orgulloso de ser camarero y orgulloso de ser marroquí- que trabaja en Melilla y lo valora. Sus años de barra, de mesas, de pulcra higiene, le han permitido un nivel de vida, bien ganado, en el vecino y amigo reino. Mohamed es un chinche porque te atiende cuando le da la gana; pero te atiende con cariño y afecto. Mohamed tiene clase y se le nota. Cuando en las madrugadas del domingo se presentan 20 borrachuzos procedentes del Puerto Deportivo, que está enfrente, tiene resuelto el problema en cuestión de segundos. Pero ayer se quedó sin las primeras horas del Ait El Kebir.
La cafetería es la del ‘Puente del Mineral’, o bien ‘La Oficina’, para quienes no salen de allí ni con agua caliente. Está frente a la Jefatura Superior de Policía y su clientela –por esta razón- sabe que, de desvaríos los mínimos. Lugar de encanto y no tiene nada del otro mundo, sino la atención al cliente, caramba, la atención al cliente, pues no es nada eso, qué bárbaro. En temporadas de medianías, de desinterés, poder presumir de atención al cliente es mucho. Y, además, sacrificar un hito en el calendario religioso islámico es bastante más.
Mohamed es uno de los principales dirigentes de ‘Asotiation du Mar Chica’. No, no es una institución dedicada al turismo ni nada parecido, es una oenegé marroquí que se encarga desde Nador, Segangan, la Mar Chica, toda la provincia nadorí, de preocuparse por los más pequeños y sus carencias. Trabajan con la Asociación de Diabéticos Melillenses (Adimel). Mientras los cabeza de familias musulmanas se preparan para la liturgia del sacrificio, él estará sirviendo cafés cortados, con leche, manchadas y toda suerte de tostadas y repostería. Es una cuestión de responsabilidad en un trabajo que se ha ganado a pulso.
Pero acaso, a su regreso a Segangan, la emoción fue muy satisfactoria porque hay tiempo de reunirse en torno a su mesa, descansar, orar y dar gracias a Dios por contar con una familia a la que sirve de referente impecable.