Opinión

Rajoy tropieza con la misma piedra

Publicada en InfoMelilla el 3 de enero de 2011

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Algunas veces nos preguntamos si el señor Rajoy desea llevar adelante la idea de lo que fue la intención de quienes fueron los fundadores del PP cuando decidieron, con el señor Fraga Iribarne a la cabeza, crear un partido de derechas, al que denominaron Alianza Popular, para agrupar bajo sus siglas a todos aquellos españoles que no estábamos de acuerdo con la deriva política que, tanto los socialistas del señor Felipe González como el partido de Centro Democrático, de un Suárez en horas bajas , se habían empeñado en imponer en España. Entonces las ideas de aquella formación presidida por Fraga, recogían los anhelos de todos aquellos ciudadanos que no aceptábamos que España abandonara sus ideales patrios, se perdieran los conceptos éticos y morales de la cultura cristiana, se cediera ante las primeras muestras de un naciente independentismo en Catalunya y el País Vasco y se vislumbraran las primeras muestras del agotamiento de aquella mezcolanza de ideas políticas, que la necesidad de hacer frente a una difícil transición, habían unido; pero que, como quedó patente, en cuanto la nación comenzó a discurrir por la senda de la democracia, pronto empezaron a chocar entre sí, comenzando, ante la mirada complacida del PSOE, el inicio de la descomposición interna de aquel invento que presidió el señor Suárez, que acabó por indisponerle con el Rey, hasta que la situación se hizo insostenible y se produjo el intento de golpe de Estado del 23 F de 1.981.

Si, con la llegada del señor Aznar, el reconstituido PP alcanzó su etapa más floreciente, en la que se consiguieron metas que nunca se hubieran soñado en la anterior legislatura del señor Felipe Gonzáles –quien, por cierto, parece como si se hubiera olvidado de la causa de su derrota y parece que se viene ufanando de que, el saltarse a la torera el Estado de Derecho, fue algo meritorio; como si pretendiera justificar el espinoso caso GAL, del que se libró por los pelos, debido a la generosidad del gobierno del señor Aznar – consiguiendo que España entra por la puerta grande en la UE y que el desempleo se redujera en 5.000.000 de personas; amén de conseguir sacar a la Seguridad Social de la quiebra técnica en la que la dejaron los socialistas y lograr reconducir la empobrecida economía del país hacia cotas que hacía años que no se conocían; deberemos reconocer que, a la hora de escoger a su sucesor,. el señor Aznar no supo acertar en la elección entre el señor Rajoy y el señor Rato, cuando optó por el primero. Las consecuencias han sido que, el nuevo presidente del PP perdió las primeras elecciones, en marzo del 2004, ante Rodríguez Zapatero (algo que no se le puede reprochar, porque los socialistas usaron como arma letal la Guerra de Irak) y también ha perdido las del 2008, en esta ocasión sin que existiera otra excusa que el no haber sabido explicar a la ciudadanía un programa atrayente, a lo que se le puede acompañar el haber ido, aún estando en la oposición, a remolque del PSOE que, durante toda la legislatura, consiguió que pareciera que el PP era el culpable de todos los errores del Gobierno.

Sin embargo, donde el señor Rajoy perdió los papeles, seguramente mal aconsejado por la gente de su entorno, fue al quedar descabalgado del poder, por segunda vez, tras las elecciones de marzo del 2008. Seguramente impactado por su segunda derrota decidió que, quienes tenían la culpa de su fracaso, eran las principales figuras de su gabinete, como el señor Aceves, Mayor Oreja, Zaplana, Álvarez Cascos o María San Gil, junto a otros de los que habían sido sus más fieles y eficaces colaboradores; a quienes decidió apartar de su lado para sustituirlos por un equipo de noveles que, con sus nuevas ideas más del tipo negociador, liberales en cuestiones de moral y ética, poco amigos de arriesgar en temas difíciles como el caso de los gays o del aborto o la unidad de España. Por otra parte, Rajoy ha sido muy condescendiente con los nacionalistas en temas como el de la lengua castellana o el traspaso de competencias y privilegios; con lo que parecía convencido de arrebatar parte de los votos al PSOE aunque, para ello, tuviera que prescindir de una parte de los valores que, el partido, siempre había defendido como irrenunciables. En esta línea, el presidente del PP, ha pasado de puntillas por temas que ha preferido obviar, optando por permanecer al acecho de los errores gubernamentales, para beneficiarse de ellos sin que, en ningún caso, haya utilizado su postura, como líder de la oposición, para sacar el provecho político del desgobierno del PSOE; dirigido de la forma más incompetente y sectaria por ZP, que se ha mostrado como el presidente más incapaz, egocentrista y obtuso de toda la democracia. Si, en estos momentos de la legislatura, el PP goza de unas perspectivas electorales muy favorables, no hay duda de que sólo se pueden achacar a la debacle socialista y a la incapacidad del Ejecutivo para tomar decisiones acertadas, pero, ¡cuidado con los espejismos!, ni la popularidad de Rajoy ha aumentado ni su valoración, ante los ciudadanos ha mejorado. Se quiere el cambio, se aprecia al PP como partido que puede sustituir al PSOE, pero se desconfía de sus dirigentes. El que Rajoy pueda conseguir un buen resultado electoral depende, en exclusiva, de que, en el tiempo que queda de esta legislatura, ZP no consiga que España repunte y el desempleo deje de ser el verdugo de los socialistas.

Ante las nuevas elecciones autonómicas que se anuncian para primavera y las municipales, observamos, con preocupación, que el optimismo acerca de una victoria decisiva de los populares parece que ha entrado en tromba en las oficinas de Génova, lo que parece que les ha llevado al convencimiento de que basta con dejarse querer para conseguir aplastar al PSOE; hacen mal. En primer lugar, nunca se ha de despreciar la maquinaria propagandística del PSOE, ni se debe infravalorar su capacidad para aplicar una demagogia convincente para las gentes que les suelen votar. En segundo lugar, es posible que Rajoy cometa un gran error en la esperanza de conseguir mayorías absolutas en algunas autonomías que se pretende arrebatar a los socialista. No debiera de dar por hecho que, en Asturias, por ejemplo, da lo mismo presentar a un peso pesado como es el señor Álvarez Cascos –del que, según las encuestas, se decía que iba a arrasar – que presentar a la señora Isabel Pérez Espinosa, alguien que puede estar muy capacitada para el puesto, pero que es una persona desconocida para la mayoría de los votantes. ¿Qué puede ganar? Es posible, pero lo que no sabemos es de cuantos votos va a ganar y si, con esta propuesta, resulta que el PP se juega el perder la mayoría absoluta en dicha comunidad.

El señor Álvarez Cascos ya ha anunciado que deja el PP. Creo que hace lo que debe y es muy comprensible que tome esta decisión, porque el señor Rajoy le prometió que sería el candidato y luego le ha dejado en la estacada. Algo parecido a lo que ocurrió con María San Gil en el País Vasco. Alguien dirá que son avatares de la política, que son usos habituales dentro de los partidos; pero a mí, particularmente, me parece algo muy feo, muy desagradable y que dice poco en favor del señor Rajoy ya que, sí ha tomado esta decisión por presión del PP de Asturias, demuestra su debilidad y, si lo hace por otros motivos que ignoramos, queda muy desairado ante las bases del PP, que pueden considerar que esto de faltar a una promesa hecha no es propio de una persona que ostenta un cargo tan importante en el partido y que, es probable, acabe siendo el presidente de nuestra nación. No debiera don Mariano despreciar valores demostrados por apostar a favor de proyectos en ciernes. Es un juego muy peligroso al que, un político sensato, no debiera de atreverse a jugar.

Miguel Massanet Bosch