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Una familia es forzada al desalojo por daños estructurales en su bloque de viviendas
Una mujer, dos menores y todos los bienes que se pueden acumular en cinco años se han visto en la calle, debido a la orden de desalojo urgente que pesa sobre el edificio situado en la calle General Marina, 16
Publicada en InfoMelilla el 26 de octubre de 2011
Desesperada y atónita. Así se ha mostrado Fouzia Abdali Mohamed cuando la policía se ha presentado en su domicilio, en el que vive en régimen de
alquiler con sus dos hijos desde hace cinco años, para desalojarla.
La mujer asegura que no tenía constancia de que
sobre el edificio en el que habita, sito en la calle General Marina, número 16, pesaba una orden urgente de desalojo preventivo hasta su estabilización estructural, que peligra debido a un colapso puntual del muro de carga del nivel inferior.
Esta mañana, la policía se presentaba en el piso 1º
izquierda de la citada dirección con una orden de desalojo contra Fouzia, quien, en cuestión de horas, estaba en la calle rodeada por todos sus bienes materiales.
Según denuncia la afectada, el propietario del
inmueble no le comunicó que había solicitado el desalojo y declaración de ruina inminente de la edificación, así como no tenía noticias de su necesario desalojo.
Sin embargo, los servicios técnico de la Dirección General de Arquitectura, dependiente de la
Consejería de Fomento, Juventud y Deporte, realizaron una inspección del edificio el 8 de agosto y, según advierte el informe técnico, “se puso en conocimiento de los habitantes del edificio la necesidad de que éste se desalojase por motivos de seguridad”, hasta que pudiesen certificarse unas condiciones mínimanente seguras para la habitabilidad.
La orden de desalojo recoge que la ocupación del edificio “pone en peligro tanto a sus moradores
como a los clientes de los locales comerciales abiertos al público que se encuentran todavía en funcionamiento”. A fin de acometer las medidas de seguridad ordenadas por la Consejería, se han emitido varias notificaciones, todas ellas recomendando el desalojo de los vecinos que quedaban en el inmueble.
Pese a oponer resistencia durante unas horas, la mujer ha acabado cediendo a las recomendaciones de los agentes y de las vecinas que la
acompañaban, y permitiendo que los camiones de mudanzas trasladasen sus cosas.
Ahora Fouzia lejos de preocuparse por todos los muebles y bienes que se trasladarán temporalemente a un almacén, se inquieta al pensar dónde van a vivir ella y sus dos hijos –una chica de 17 años y un chico de 13-, algo para lo que, según explica, por el momento, no ha recibido ninguna indicación por parte de los servicios sociales.