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Alhucemas, un viaje para recordar
La Asociación Antiguos Residentes de Villa Sanjurjo hizo un viaje al pasado
Publicada en MeliYa el 25 de abril de 2012
MeliYa.com
Los Antiguos Residentes de Villa Sanjurjo han tenido la ocasión de recordar cómo era su antigua vida en Alhucemas gracias al viaje que el pasado fin de semana efectuaron a la ciudad marroquí vecina de Melilla.
Acompañados por el presidente de UNESCO Melilla, Juan Antonio Vera, y el conocido artista melillense, Francisco Peinado, y encabezados por la delegada de la Asociación de Antiguos Residentes de Villa Sanjurjo, María Luisa Ortega, alrededor de 40 personas, en su mayoría residentes en Melilla, llevaron a cabo un viaje al recuerdo.
A su llegada a Alhucemas, los ex residentes encontraron una ciudad muy cambiada, especialmente aquellos que no habían regresado desde hacía 15, 20 o 50 años. Allí encontraron que las que antaño fueran sus viviendas, ahora se han convertido en hoteles, bancos y grandes edificios que hacen irreconocible la ciudad.
A pesar de ello, todos coincidieron en que la esencia de la ciudad, sus gentes, sus playas, continúan emanando el mismo encanto que ellos recordaban.
El anfitrión en la localidad marroquí fue el delegado de la UNESCO en Alhucemas y delegado de la Asociación de Antiguos Residentes, Saddik Abdelkrim, quien condujo a toda la expedición hasta los rincones más emblemáticos que ahora posee la ciudad.
Entre esos rincones cabe destacar el taller de mujeres que realizan bellos tapices, donde unen la tradición con la modernidad; la nueva mezquita, la más grande de todo el norte de Marruecos y que ofrece una bella imagen; o los nuevos paseos marítimos en la playa de la Cebadilla, donde se produjo el desembarco de Alhucemas en 1925.
Además, los viajeros también realizaron una visita al cementerio español, donde pudieron buscar las tumbas de algunos de sus familiares fallecidos, y dieron un paseo por el centro de la ciudad, aunque lo más emotivo fue la visita el domingo a la Iglesia, un momento que llenó de alegría al párroco franciscano, que vio cómo los bancos de su templo, de forma inusual, se llenaban de feligreses.
Tras la misa, los viajeros disfrutaron de un almuerzo en uno de los chiringuitos de la plata con la Isla de Alhucemas como testigo de excepción.
En definitiva, fue un viaje para recordar que dejó a todos los participantes con ganas de repetir.