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Escobar, el temple del nuevo secretario general del PSOE
Destaca la serenidad del ser humano. Como delegado del Gobierno, Escobar ha demostrado ser un torero de temple.
Publicada en MeliYa el 13 de marzo de 2012
El comentario no pretende poner por delante de don Amín Azmani la valía política del nuevo secretario general de los socialistas melillenses, don Gregorio Escobar, ni mucho menos echar por tierra el trabajo realizado por su antecesor, don Dionisio Muñoz sino valorar lo que necesita el PSOE melillense en los tiempos que le ha tocado vivir y destacar el perfil humano y político de quien, como el señor Escobar asume el reto de actualizar al alza una realidad política que tiende a la baja. Lo tiene duro pero, a nuestro modesto entender, es el líder necesario en estos momentos.
Destaca la serenidad del ser humano. Como delegado del Gobierno, Escobar ha demostrado ser un torero de temple. El matador, cualquiera, tiende a lucirse pero sin olvidar que tiene delante a un enemigo. Puede encender los tendidos con alardes antitaurinos, minimizar la casta del animal con recursos más o menos inmorales pero el torero de temple estudia, espera, entiende y termina casi hablando con el astado. Perdónesenos el símil taurino para justificar el temple del nuevo secretario general del PSME-PSOE. Lo ha tenido difícil: ha tenido que aguantar -tragar, se dice en esto de los toros- los tornillazos del enemigo político y los de su propio Gobierno, un Ejecutivo condenado al fracaso desde que se comienza a hablar de crisis económica en España-
A la serenidad de Escobar añadiríamos el conocimiento del medio político-administrativo y sobre todo, de los resortes que la política ofrece para salvar situaciones de compromiso o riesgo; aunque en muy pocas ocasiones ha echado mano de sus conocimientos. Se ha decantado por el saber estar, por mostrarse siempre dispuesto al diálogo con los suyos y con los contrarios para, finalmente, hacer lo que su propio criterio le dictaba. No se le ha visto un mal gesto a lo largo de su periodo de gestor político y sólo 300 votos le dejaron en la puerta del Congreso de los Diputados en el curso de las penúltimas Elecciones Generales.
Escobar encarna -hace traslación de su propia personalidad- el orden institucional, la sensatez y el apego al terreno, conoce perfectamente los tercios de la lidia política y, por el contenido de su discurso del pasado fin de semana, intuye los pasos a seguir para que su partido, el socialista vuelva a cotizar al alza. Y, como habla y actúa bajo el dictado de su conciencia y la gente lo sabe, le ha ocurrido lo que a Tomás Gómez en Madrid: el cargo de secretario general recae en una persona juiciosa, independientemente de las tendencias o enemistades del mando.
Mantiene a los amigos de siempre, sigue potenciando sus creencias políticas y religiosas de siempre y derrocha cercanía, accesibilidad. Por todo lo anterior reiteramos nuestro aserto inicial de que estamos ante un buen secretario general del PSOE. Que guste o no a Rubalcaba o a los rubalcabeños o rubalcabistas melillenses es harina de otro costal pero que está en su nuevo cargo por méritos propios, parece indiscutible.