Opinión

In memoriam Salvador Ramírez: Reir

Publicada en InfoMelilla el 8 de mayo de 2012

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Puede parecer extraño, irreal, incluso irrespetuoso, pero sólo consigo recordar momentos divertidos. Oír su nombre me hace rememorar infinidad de anécdotas y todas, todas, acaban con una carcajada. Desde muy temprano, aún no amanecía, ya aparecía él perfectamente trajeado, peinado perfecto su pelo gris y su bigote, y me recibía en lo alto de la escalera para mofarse de mi aspecto desaliñado por el madrugón, enumeraba con desdén mis defectos y ponía adjetivos malsonantes a mi pelo, mi chaqueta de lana y a mi termo de café y mi bocadillo de tortilla bajo el brazo. Un día tras otro, nunca se cansaba de bromear con todo lo trascendental, si algo me hacía sufrir, él lo vestía de sarcasmo para enseñarme, por viejo, que mis preocupaciones eran calderilla para su larga experiencia.

Sus lecciones de periodismo comenzaron, como no, con una broma. Me prometió que me enseñaría a dar un buen informativo y yo, ansiosa por aprender, encendí la grabadora para escucharle, una vez más, reírse de mi inexperiencia convirtiendo lo serio en divertido, lo importante en banal, la tragedia en comedia. Entraba en su despacho a diario -libros de toreo en la estantería y la foto de su preciosa hija de salvapantallas- para pedirle consejo con mis textos y él, impaciente por que aprendiera de una vez, se levantaba de su silla para sentarse en la mía y escribir de corrido, con un abanico de sinónimos desconocido para mí, lo que yo llevaba horas intentando redactar.

También me hizo llorar, pero siempre de la mano de su pluma, al describir con sus palabras a gente a la que quiero y a la que sólo él sabía honrar con su prosa, mezcla de corazón y gamberrismo callejero.

Espero haberte hecho reír, al menos, una pequeña parte de lo que tú me has hecho a mí, espero que hayas sido feliz y que hayas podido disfrutar en vida del cariño de toda la gente que hoy te está recordando, asustados ante la expectativa de que mañana el mundo será un lugar un poco más triste porque ya no estás tú. No pretendo, jamás pretendería, imitar tus letras para escribir este mensaje, pero confío en que tus enseñanzas me hayan servido de algo y no encuentres defectos en mis palabras, y que al corregirlas te guste lo que lees y sólo veas sinceridad, sólo afecto, sólo agradecimiento. Me alegro mucho de haberte conocido amigo, compañero y espero que, allá donde vayas, sigas riéndote de todo y de todos y sigas haciendo un poco mejor la vida de los demás, como has hecho con la mía. Salvador Ramírez, de corazón, descansa en paz.

Naima Mohatar