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La inmigración: un fenómeno que no cesa, mucho menos en verano

Así sucede en Melilla, una ciudad que es la frontera que separa Europa de África, y que vive el permanente acoso que supone la entrada decenas de sin papeles

Publicada en InfoMelilla el 6 de junio de 2012

Agencia EFE

La inmigración irregular ha sido tradicionalmente un fenómeno que nunca ha cesado, ya que la presión migratoria suele ser constante, aunque es en verano cuando alcanza sus mayores picos.

Así sucede en Melilla, una ciudad que es la frontera que separa Europa de África, y que vive el permanente acoso que supone la entrada decenas de sin papeles.

Ante una mayor presión migratoria con la llegada del buen tiempo, surge también la necesidad de evitar el acceso ilegal de indocumentados, lo que obliga a una mayor vigilancia, algo que se está realizando en la ciudad autónoma.

Durante las últimas noches, los melillenses han oído sobrevolar durante horas el helicóptero de la Guardia Civil, un método que trata de alejar a los inmigrantes del perímetro fronterizo y que se suma a la colaboración que presta la policía marroquí al otro lado de la valla.

El delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, ha dicho hoy a los periodistas que los ciudadanos se tendrán que acostumbrar al ruido de las hélices, ya que existen numerosas bolsas de inmigrantes en Marruecos y el objetivo de éstos no es otro que el que pisar suelo español, suelo europeo.

Según El Barkani, los inmigrantes van a tratar de hacer lo posible por dar ese paso, mientras que el papel del Gobierno y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es el de "evitar que entren".

El delegado ha dicho que es consciente de que el problema de la inmigración va a ser uno de sus principales "quebraderos de cabeza", y va a necesitar que se tomen constantes decisiones.

Son, por tanto, dos objetivos distintos que, en verano, se hacen más patentes debido a un mayor número de personas que buscan cumplir su sueño por alcanzar el denominado "primer mundo".

"Ellos querrán entrar y nosotros tenemos que proteger nuestra frontera", ha subrayado El Barkani, quien ha dicho que se trata de un tema "muy delicado".

Los inmigrantes utilizan varias vías para conseguir su objetivo: unos tratan de entrar a nado; otros lo hacen en patera; algunos se juegan la vida en pequeños habitáculos escondidos en lugares impensables de vehículos y otros intentan el gran salto, el de la valla.

Desde 2005, tras las avalanchas de inmigrantes, cruzar el perímetro es mucho más difícil. La altura es mucho mayor y en medio de la valla se sitúa la denominada sirga tridimensional, un entramado de cables de acero colocados a modo de "tela de araña".

Sin embargo, lo que parecía imposible, saltar este obstáculo, comienza a ser viable, como ha ocurrido ya varias veces, una de ellas la pasada semana cuando siete subsaharianos saltaron la valla.

Formaban parte de un grupo de unas 30 personas, lo que en el argot policial se denomina como una "bolsa de inmigrantes", una de las muchas que hay esperando en territorio marroquí.

Algunos, en cambio, han optado por una nueva vía, la de Chafarinas, un archipiélago con única presencia militar, situado a unas 27 millas náuticas de Melilla y que en el mes de mayo se convirtió en una primera escala de inmigrantes que se aseguraban así su traslado a la ciudad autónoma.

Por este motivo, de ser necesario, según ha apuntado el delegado, los militares también se tendrán que preparar, asesorados por la Guardia Civil, para el control migratorio de Chafarinas, donde ya hay una mayor vigilancia.

En el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) la cifra de acogidos es de unas 615 personas, un número que está por encima de la idea con la que se construyó, pensado para unos 480 inmigrantes, pero que está por debajo de los niveles que ha alcanzado, por ejemplo, a principios de este mismo año cuando había en el centro casi 900 inmigrantes.

Noelia Ramos (EFE)

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