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Ambiana Etoyo, tres años en el CETI de Melilla esperando culminar su sueño
El joven, de más de 1,80 metros de altura, no tuvo que saltar la valla, sino que llegó a bordo de una embarcación en la que pudo conseguir un sitio tras cinco meses en los campamentos en los montes marroquíes
Publicada en InfoMelilla el 3 de marzo de 2014
Se llama Ambiana Etoyo y es camerunés, pero su historia nada tiene que ver con la de su compatriota Samuel Etoo, famoso jugador de fútbol al que admira. Tras tres años en Melilla, es uno de los veteranos del CETI de Melilla, donde espera conseguir el permiso para salir de la ciudad y poder culminar su sueño, de momento truncado.
Junto a otros tres subsaharianos, asegura a Efe que es el que más tiempo lleva en el centro de estancia temporal de inmigrantes, adonde la semana pasada, tras los dos últimos asaltos a la valla, han llegado más de un centenar de sus compatriotas, entre los que se encontraba la menor que se convirtió en la primera mujer en conseguir superar el vallado de Melilla.
El joven, de más de 1,80 metros de altura, no tuvo que saltar la valla, sino que llegó a bordo de una embarcación en la que pudo conseguir un sitio tras cinco meses en los campamentos que los subsaharianos establecen en los montes marroquíes.
Las condiciones en dichos campamentos son muy complicadas, relata, ya que prácticamente viven de los que los vecinos de las localidades marroquíes aledañas le dan o de lo que consiguen gracias a ONG.
No le extraña, por ello, que la desesperación lleve a muchos de sus compañeros a intentar el salto de la valla, una y otra vez, hasta que finalmente lo consiguen.
Ambiana Etoyo ha visto a muchos inmigrantes salir de la ciudad, muchos de ellos que llevaban menos tiempo que él, que sigue esperando conseguir la "laissez-passer", un salvoconducto necesario para dejar Melilla, ya que la ciudad no está incluida en el espacio Schengen.
Suelen tener preferencia los inmigrantes con unas circunstancias determinadas, como los miembros de las familias con menores a su cargo o aquellos que tienen alguna patología, por ejemplo, pero lo cierto es que su caso parece demorarse más de lo habitual.
Salió de su país hace casi 5 años porque, afirma, los militares entraron en su barrio y arrasaron con todo, un hecho que le hizo plantearse la necesidad de buscar una nueva vida.
España se convirtió entonces en su meta, que consiguió alcanzar parcialmente al entrar en Melilla, pero que no ha logrado culminar.
Su deseo es ir a Madrid o a Sevilla, dos de las ciudades que más le gustan y en las que espera realmente comenzar un futuro más esperanzador que el que ha conseguido hasta el momento.
En el CETI tiene garantizadas las necesidades básicas, comida, ropa, asistencia sanitaria y algo de formación, pero su horizonte va mucho más allá.
Mientras lo consigue, se gana unos euros ayudando a algunos comercios de la zona centro, a los que les quita las protecciones de los escaparates, o cuida y lava coches.
Sonríe al decir que le gustaría probar suerte en el fútbol como Samuel Etoo, pero se conforma con conseguir un trabajo que le permita ganarse la vida honradamente.
La historia de Ambiana Etoyo demuestra que el camino del inmigrante no concluye al saltar la valla o al entrar en patera, sino que las dificultades persisten y la suerte sigue siendo una parte fundamental del destino.
Noelia Ramos