Esta noche se atrasa el reloj: a las tres volverán a ser las dos y dormiremos una hora más
En la madrugada del sábado al domingo termina el horario de verano. A las 3:00 los relojes volverán a marcar las 2:00 y el domingo tendrá 25 horas. Por qué se cambia la hora, desde cuándo se hace y por qué Europa lleva años sin decidirse a dejar de hacerlo.
Redacción
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Foto: MeliYa
Esta noche toca cambiar la hora. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre, cuando los relojes marquen las 3:00, volverán a ser las 2:00. Es el fin del horario de verano y la vuelta a la hora oficial de siempre, la que solemos llamar «de invierno».
La parte buena es que esta noche se duerme una hora más. La hora que va de las dos a las tres de la madrugada se vive dos veces, así que el domingo tendrá 25 horas. A cambio, desde mañana anochecerá una hora antes: las tardes se hacen más cortas y la luz se gana por la mañana.
Lo que hay que saber
—Cuándo: en la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre.
—Qué se hace: retrasar el reloj una hora. A las 3:00 serán las 2:00.
—Dónde: en la Península, Baleares, Ceuta y Melilla. En Canarias, a las 2:00 será la 1:00.
—Qué se gana: una hora más de sueño esta noche.
—Qué cambia: amanece y anochece una hora antes.
—Los móviles y los ordenadores cambian solos. Los relojes de pared, del horno, del microondas y del coche hay que cambiarlos a mano.
Por qué se cambia la hora
La idea de mover los relojes para aprovechar mejor la luz del día es más antigua de lo que parece. A finales del siglo XVIII Benjamin Franklin ya bromeó en una carta con lo mucho que ahorrarían en velas los parisinos si se levantaran antes. Pero la propuesta seria llegó en 1907, cuando el constructor británico William Willett publicó un folleto titulado «The Waste of Daylight» («El desperdicio de la luz del día»): en verano amanece muy temprano y buena parte de esa luz se pierde mientras la gente duerme.
La guerra la convirtió en ley. En 1916, en plena Primera Guerra Mundial, Alemania adelantó por primera vez los relojes para ahorrar carbón en iluminación, y el Reino Unido hizo lo mismo semanas después. España lo estrenó en 1918 y lo fue aplicando a temporadas, con idas y venidas, hasta finales de los años cuarenta.
Más de un siglo de cambios de hora, de la propuesta de Willett al calendario que Bruselas ya ha fijado hasta 2031. Foto: MeliYa
España vive una hora por delante del sol
Hay un detalle que explica buena parte del debate en España. Por su posición, a la Península le correspondería la hora de Greenwich, la de Portugal y el Reino Unido: el meridiano cero pasa por Castellón. Pero en 1940 el Gobierno adelantó la hora oficial para igualarla con la de Europa central, la de Berlín, y así se quedó.
Por eso, incluso en invierno, España va una hora por delante de lo que marcaría el sol, y en verano, dos. Es una de las razones por las que aquí se come, se cena y se acuesta uno más tarde que en buena parte de Europa, y por las que en el oeste peninsular los atardeceres de junio se alargan pasadas las diez de la noche.
De la crisis del petróleo a una sola norma europea
El cambio de hora moderno nace en los años setenta. Con la crisis del petróleo de 1973, ahorrar energía se volvió urgente y los países europeos recuperaron el horario de verano; España lo hizo en 1974. Para no tener cada país su calendario, la Comunidad Europea fue unificando las fechas, y desde 2001 una sola norma, la Directiva 2000/84/CE, fija los cambios para toda la Unión: el último domingo de marzo se adelanta el reloj y el último domingo de octubre se atrasa.
En España la recoge el Real Decreto 236/2002, que establece el cambio con vigencia indefinida. Es decir, no hay que aprobarlo cada año: mientras no se cambie la norma, se seguirá haciendo.
¿Sirve para ahorrar?
El argumento de siempre ha sido el ahorro de energía. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) estimó durante años que el cambio podía ahorrar hasta un 5 % de la electricidad que se gasta en iluminación, unos 300 millones de euros al año en España, unos 6 euros por hogar. El propio Ministerio de Industria lo presentaba como un ahorro posible, no garantizado: depende de que de verdad se apaguen las luces cuando sobra el sol.
Hoy ese argumento pesa menos. La iluminación con LED gasta mucho menos que las bombillas de antes, y el consumo que más ha crecido es el de climatización, que no depende tanto de la hora del reloj como del calor. Por eso cada vez más voces sostienen que el ahorro real es pequeño.
Lo que se discute: el sueño, la salud y las tardes de verano
En contra del cambio están, sobre todo, los especialistas en sueño y en cronobiología. Recuerdan que el cuerpo se rige por la luz y que mover el reloj dos veces al año altera el ritmo de sueño durante unos días, sobre todo en niños, personas mayores y quienes ya duermen mal. El cambio de primavera, el que quita una hora, es el que peor sienta.
A favor del horario de verano están quienes valoran las tardes largas: la hostelería, el comercio, el turismo y, en general, quien disfruta de tener luz al salir del trabajo. Y aquí aparece el gran problema: si se deja de cambiar la hora, hay que elegir con cuál quedarse.
Si se dejara de cambiar la hora
Opción
En invierno
En verano
Quedarse con la hora de invierno (la de ahora)
Igual que hoy
Amanecería entre las cinco y las seis de la mañana, y anochecería entre las ocho y media y las nueve de la noche
Quedarse con la de verano
Amanecería muy tarde: en el oeste peninsular, cerca de las diez en diciembre
Igual que hoy, con tardes largas
Los especialistas en sueño suelen preferir la hora de invierno, la más cercana a la del sol. Los partidarios de las tardes de luz, la de verano. Y en un país tan extenso de este a oeste como España, lo que en Baleares parece razonable en Galicia significa ir a trabajar de noche medio invierno.
Europa votó acabar con el cambio… y todo se quedó en el aire
En el verano de 2018 la Comisión Europea abrió una consulta pública que recibió 4,6 millones de respuestas, la más participada de su historia, y el 84 % pidió dejar de cambiar la hora. Ese mismo septiembre la Comisión propuso suprimir los cambios estacionales, y el 26 de marzo de 2019 el Parlamento Europeo lo aprobó por 410 votos a favor, 192 en contra y 51 abstenciones, con la idea de que el último cambio fuera en 2021.
Pero la última palabra la tienen los gobiernos, reunidos en el Consejo de la UE, y nunca llegaron a un acuerdo. El temor es acabar con un mosaico: que cada país elija su hora y que dos vecinos con mucho tráfico de personas y mercancías terminen con una hora de diferencia. Desde entonces la propuesta sigue sobre la mesa, sin fecha.
En España, el Gobierno creó en 2018 una comisión de expertos para estudiar la reforma de la hora oficial. Su informe, de marzo de 2019, concluyó que no era aconsejable hacer ningún cambio precipitado mientras no hubiera un consenso compartido y la ciudadanía no conociera bien los riesgos y las ventajas.
La propuesta española de 2025
En octubre de 2025 el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que España pediría a la Unión Europea retomar el asunto y poner fin a los cambios de hora estacionales. Defendió que el ahorro de energía ya es mínimo y que el cambio altera los ritmos biológicos dos veces al año: a su juicio, cambiar la hora «ya no tiene sentido». La Comisión Europea se mostró dispuesta a estudiarlo.
Un año después, sin embargo, no hay nada aprobado. Mientras no cambie la norma europea, el cambio de hora sigue en vigor, y la Comisión ya ha publicado en el Diario Oficial de la UE el calendario de los próximos cinco años, hasta 2031.
Los próximos cambios de hora
Año
Se adelanta (una hora menos)
Se atrasa (una hora más)
2027
Domingo 28 de marzo
Domingo 31 de octubre
2028
Domingo 26 de marzo
Domingo 29 de octubre
2029
Domingo 25 de marzo
Domingo 28 de octubre
2030
Domingo 31 de marzo
Domingo 27 de octubre
2031
Domingo 30 de marzo
Domingo 26 de octubre
Así que, por ahora, la rutina se mantiene: esta noche se atrasa el reloj y se duerme una hora más, y el último domingo de marzo, el 28 de marzo de 2027, tocará adelantarlo otra vez.
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