Opinión

¿Existe la presunción de inocencia?

Publicada en MeliYa el 9 de diciembre de 2002

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Jesús Javier Pérez Sánchez, no del portal.

Jesús Javier Pérez Sánchez

Hace justamente hoy, uno de diciembre, que cumplo tres meses alejado del mundanal ruido político. Pese a las tentaciones e invitaciones de amigos y otros que no lo son tanto de hacer declaraciones y explicar, lo que hubiera sido para algunos, un filón (periodístico, se entiende) de la marcha de una Consejería, o comentarios de tal Consejero, o interioridades de algún Grupo Parlamentario (¿?) o, incluso si me apuran de algún Partido, decidí alejarme haciendo mutis por el foro y dar la callada por respuesta a esos (que algunos de ustedes ya saben) que sólo ansiaban una provocación para demostrar lo que hubiera podido ser un ejercicio (seguramente equivocado) de poder.

Pero desgraciadamente, los hechos sobrepasan toda muestra imaginación y pese a los buenos propósitos de estas fechas (pronto será Navidad, para todos, todos; ya es Ramadán para todos, también), no me resisto (no puedo ni quiero) ante el fariseísmo, hipocresía, mentira y falsedad que en estos días, ante el llamado “caso Suárez” estamos viviendo (y padeciendo).

Vaya por delante que he sido y soy amigo de Paco desde hace tiempo, casi desde la época en que era un recién llegado a Consulting Melilla. Que lo he acompañado (y él a mí) cuando se afilió al Partido Popular, cuando quería entrar en el Comité Ejecutivo, cuando solicitó la suspensión de militancia por entender honradamente que ese no era el Partido mejor para su ciudad, cuando entró en el GIL (maldita la hora), cuando se salió de él haciendo quebrar al gobierno que sustentaba, cuando entró en el Grupo Mixto, cuando le abrieron los brazos en el PP (los mismos que ahora le crucifican) y ahora, que todos dicen conocer su situación.

Y en todo ese camino he conocido no solo a la persona que arrancando de su trabajo no se fijaba en horas ni tiempo para sus clientes porque todo le parecía poco, sino en la persona preocupada de su ciudad. Con su cándida cara de niño bueno, con su cortedad y timidez. Y por eso saltó a la política. La misma política que ahora le da la espalda. ¿Dónde están esos que le llamaban por teléfono para pedirle que hablara con no sé quien para que a su cuñada le pagaran pronto lo de la inundación del coche? ¿Y aquéllos que se ponían ciegos de cerveza y copas a su costa, esos sí en su barco y pegando zancajadas? O aquellos otros que llegaban a la Consejería fuera de agenda y que siempre encontraban un hueco o una atención. No voy a hablar del grupo (¿qué grupo?) al que pertenecía por propia adscripción. Ya de por sí, con su silencio, hablan todos de forma suficiente.

El tema judicial se debate en otro foro y a ése habrá que remitirse.

Sin embargo, si me permiten un apunte, ahí va. Celebramos el próximo viernes el día de la Constitución. Veinticuatro años de cumpleaños. Veinticuatro cortos años en los que, según leemos, oímos y vivimos (que padecemos), algunos (que son muchos a estas alturas) no han aprendido artículos fundamentales en su vivir. Lo que se vendió para los constituyentes como un logro, ahora resulta, casi una mezquindad. El principio de presunción de inocencia del que el Partido Popular, mi partido, hizo gala en temas que luego se demostraron un fiasco (Asunto Nevenka y el alcalde de Ponferrada, Sóyer, Burgos....), parece que ha desaparecido no solo de las mentes de aquellos en los que confiamos que dirijan los derroteros de Melilla, sino de los que mandan en todas partes. Sin juzgarle, sin oírle, cuando solo le “habían cazado”, tiempo les faltó para cesarle, renegar de él y pasarse la pelota de unos a otros como si de un Pedro antes que cantare el gallo, se tratara en su reniego. Muchos cristianos de golpe de pecho e insignia en la solapa, nunca perdonaron ni la juventud, ni la insolente facilidad para gobernar con él a costa de tenerle todo el día castigado firmando papeles mientras eran otros los que decidían. Olvidaron el Pacto de legislatura esta vez y olvidaron también la correrías en casa de unos y otros con tal de derrocar al moro y al que lo provocó. La memoria es frágil y más cuando se trata de hacer leña del árbol caído. Confiemos en una justicia humana y Divina. Esperemos que los secretos, algunos a voces, pronto sean desvelados para que de esta forma, todos, todos sepan con quien se las están jugando. Y puede que, incluso, entonces, alguno tenga que tragarse (o atragantarse) con alguna palabra dicha. Esperemos que ese día de la Constitución todos, también Paco, puedan celebrarla, incluso con una vivencia personal.

Jesús Javier Pérez Sánchez. Antiguo asesor de la Consejería de Presidencia, diputado Nacional de la VI Legislatura y ex-secretario Regional del PP