Reportaje
La cocina Melillense
Publicada en MeliYa el 2 de agosto de 2002
MeliYa Networks
La cocina melillense, un placer que excita los sentidos
La convivencia intercultural aporta a la gastronomía de Melilla un exquisito sabor y elaboraciones propias
Como cualquier otra ciudad Melilla disfruta de unas características culturales propias que tienen en la gastronomía uno de sus mejores exponentes. La cocina melillense es fruto de la convivencia de culturas, porque en ella aparecen formas de elaboración eclécticas nacidas de las comunidades cristiana, musulmana, judía e hindu que viven en la ciudad, aunque también de la práctica totalidad de provincias españolas, por la presencia de melillenses procedentes de distintos puntos de la geografía peninsular e insular.
Esos matices marcan una forma de vida que para el melillense nace diariamente en la calle, dentro de costumbres como la denominada ruta del tapeo, que en verano se acrecienta y aparece diariamente, con una eclosión de terrazas y bares en cualquier barrio. Para el melillense la cocina es una extensión de su personalidad, y una forma de disfrutar de las costumbres sureñas. Pero, además, la cocina melillense está condicionada positivamente por la bondad de los productos del mar: exquisitos mariscos de la Mar Chica aderezan platos únicos que son cocinados con nombres propios y definen la mejor de las invitaciones para el visitante foráneo. La Mar Chica ofrece mariscos cuyo sabor es inigualable, tal vez como fruto de la reducida salinidad de esta albufera cercana a Melilla, de la que se pescan lenguados, langostinos y cigalas, además de riquísimos salmonetes blancos y rojos, principalmente.
Platos típicos Elegida en 1979 como plato típico de Melilla por un concurso del Ayuntamiento que se organizó a petición de la Asociación Provincial de Amas de Casa la Cazuela de Rape es la elaboración más conocida. Se cocina con colas de rape, caldo de la espina del mismo pescado, tomates maduros, cabezas de ajo y perejil y pimientos verdes, además de aceite de oliva, comino, ñora, colorante, azafrán, guisantes y sal. El Rape Rusadir, que lleva el nombre primitivo de la Melilla fenicia, es otra elaboración similar que puede ser solicitada en cualquier restaurante, y nace de un producto del mar cuya calidad, en Melilla, no deja de ser inigualable. La misma influencia mediterránea la encontramos en el Caldero de Pescados, que se cocina con rape, gallineta, rubio, pollito y gambas y se presenta con una cuidada condimentación de la huerta a base de tomates, ajo, ñora, pimientos, pimienta blanca y patatas. En un menú característico de Melilla nos encontramos igualmente con el Pastel de la Unión de varios pescados. Este plato puede elaborarse con gambas, rape, aguja, miga de pan, jerez, sal, pimienta molida, nuez moscada, nata, leche y huevos, y se presenta frío, en algunas ocasiones con el adorno de cigalas o gambas cocidas. Las naranjas rellenas finalizarían un menú propio de la cultura local. Su elaboración es fácil, y además de las naranjas no deben faltar tampoco azúcar, leche, huevos, flan, clavos de comer, crocanti para el adorno y almendra molida.
El tapeo Como se subrayaba anteriormente el tapeo es la costumbre por excelencia en las salidas de los melillenses. La benigna climatología, que se mantiene incluso en invierno, invita a los ciudadanos a salir a los más de cien bares que pueblan actualmente los distintos barrios, y en los que, a diferencia de muchas provincias españolas, el precio de la tapa va incluido en la bebida. Las influencias andaluzas se aprecian en muchas tapas, aunque el mismo carácter ecléctico de esa cocina facilita que puedan degustarse productos de las comunidades autónomas del Norte y el Levante español, como el pulpo a la gallega, la fabada asturiana o la conocidísima paella valenciana.
El espíritu mediterráneo, en definitiva, ofrece en Melilla matices propios, por el clima, la convivencia y la cercanía con otras culturas, que imprimen diariamente el ritmo de sus habitantes y una forma de ser siempre amable y abierta.