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Expertos intentan demostrar que las islas Chafarinas estuvieron unidas al continente
Publicada en MeliYa el 20 de abril de 2003
Las tres islas que componen el archipiélago de las Chafarinas, territorio español situado a 3,5 de Cabo de Agua (Marruecos), no siempre han estado rodeadas de agua por todos sus flancos sino que formaban una especie de cabo extenso unido al continente africano hace 20.000 años.
Esta es la hipótesis que pretende demostrar un equipo científico interdisciplinar organizado por el Instituto de Cultura Mediterránea de Melilla (ICM) basándose en el estudio de sus estratificaciones y su posible coincidencia con el suelo marroquí más próximo, así como en la existencia de un asentamiento neolítico datado en el 4.500 a.C. que constituyó su única población en toda la historia y que no tendría sentido en unas islas que carecían de agua potable.
El geólogo Antonio Pineda, colaborador del Instituto Geográfico y Minero de España, ha buscado a fondo evidencias geológicas que confirmen esta tesis recorriendo palmo a palmo cada isla y su contorno en una expedición organizada este mes.
Según explicó a Efe, en la época Terciaria reciente, hace unos diez millones de años, surgieron los volcanes que crearon lo que hoy conocemos por Chafarinas, un cabo que entonces tenía un relieve mucho mayor que el actual -la máxima altura, en la isla del Congreso, es ahora de 137 metros sobre el nivel del mar-.
A favor de la teoría que defiende está el hecho de que en la costa marroquí también hay roca volcánica de la misma época, aunque hay que comprobar si los sedimentos y los niveles submarinos coinciden en su estratigrafía.
La separación del continente africano y entre lo que hoy son islas pudo producirse por el desgaste del mar en las zonas más bajas y estrechas o bien por un hundimiento progresivo del macizo volcánico.
El gran poder de erosión del mar en la zona puede comprobarse aún, ya que los bordes de las actuales islas se encuentran muy desgastados, lo que en ocasiones origina desprendimientos del terreno superior.
Según Pineda, un poblado neolítico hubiera tenido "muchísima dificultad" para vivir en unas islas sin agua potable en las que no se han encontrado restos de aljibes ni escorrentías que permitieran recoger la lluvia, lo que certificó el topógrafo Angel Rodríguez, del departamento de Prehistoria de la Universidad de Valladolid, que también trabaja en la zona.
Además, añadió Pineda, en el yacimiento de Congreso se han hallado restos óseos de antílopes y leones "que no pintarían nada en unas islas", por lo que sostiene que después del 4.500 a.C. el macizo volcánico se separó del continente y se subdividió en las tres islas que hoy conocemos.
Estos argumentos son compartidos por el equipo de arqueología e historia, ya que el hallazgo de restos de grandes vasijas para almacenamiento de grano demuestran que "no era un poblamiento estacional", indicó a Efe el historiador melillense y codirector del ICM Antonio Bravo.
Su teoría es que hace 20.000 años el mar empezó a subir una media de 3 milímetros al año, lo que originó la invasión del agua marina en las capas freáticas y la salinización de los pozos y, unido a la ruptura del continente, llevó a los habitantes del Neolítico a abandonar su hábitat en torno al 4.500 a.C.
Además, las herramientas de sílex encontradas "no son originarias de la isla", sino que proceden del cauce del río Muluya -en la costa marroquí- o de las playas próximas.
El también codirector del ICM, Juan Bellver, insistió en que las vasijas contenedoras de gran tamaño "implican un hábitat sedentario" que sería "ilógico" en unas islas sin agua potable que hubiera obligado a su población a transportarla continuamente desde el continente en embarcaciones para su consumo y el de sus animales.
En cambio, un cabo en Africa hubiese supuesto para sus pobladores "un lugar estratégico para su defensa porque dominaban el mar y la zona terrestre próxima", en un hábitat "parecido a la sabana, con antílopes y leones".
El hecho de que después del poblamiento neolítico nadie más habitase las islas Congreso y Rey hace valer la hipótesis de que "algo cambió para que las condiciones de habitabilidad no fuesen óptimas", comentó.
La constatación científica de estos planteamientos supondría un importante avance en el campo geológico e histórico, ya que aunque algunos expertos la apoyan, aún no se ha logrado verificar.