Opinión

En el 10º aniversario de la matanza de Srebrenica

Publicada en MeliYa el 12 de julio de 2005

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de María López Pérez, no del portal.

María López Pérez

En el 10º aniversario de la matanza de Srebrenicas

Fue una vergüenza para la ONU. Que no se vuelvan a repetir los hechos ni las actitudes. En el 10º aniversario de la matanza de Srebrenica. Si está usted viajando y se encuentra en alguna área declarada por la ONU zona de seguridad, salga pitando. Lo harán picadillo en pocas horas.

Srebrenica junto Zepa y Gorozade fueron declaradas por la ONU "áreas seguras”. Frieron a sus habitantes. Los pasaron a cuchillo, los metieron en campos de concentración, los asediaron por hambre, violaron a sus mujeres, los fusilaron a quemarropa...

Hace diez años, ayer mismo, la Muy Noble, Muy Pacífica y Vieja Europa, en 1995, permitió con gran naturalidad la mayor matanza de civiles, retransmitida en directo, ocurrida desde la II Guerra Mundial, 8000 varones bosnios fueron asesinados por las tropas serbias de Bosnia. En el memorial de Potocari, a tres kilómetros de Srebrenica, donde se celebró el décimo aniversario, el enviado especial de la ONU repitió que la “matanza de Srebrenica perseguirá a la ONU de por vida” —a buenas horas mangas verdes; —el que fuera enviado especial estadounidense para la zona, Richard Holbrooke, —otra lumbrera —anunció que “la matanza de Srebrenica fue el fracaso de la OTAN, de Occidente, de la pacificación y de las Naciones Unidas”; el Jefe de la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, el físico de la hipocresía, y Secretario General de la OTAN por entonces, recordó en voz alta “que las víctimas pusieron su confianza en la protección internacional, pero nosotros, la comunidad internacional, les decepcionamos”.

Y tanto y a conciencia. La investigación que realizó el Parlamento holandés para escudriñar el comportamiento de las tropas holandesas responsable de la seguridad de Srebrenica, emitido en el 2002, siete años después, —ya les vale —no dejó lugar a dudas. Acusó a la clase política holandesa de entonces de dejarse llevar por el jolgorio humanitario progresista, olvidadiza de que las balas matan, sin estar adecuada y convenientemente preparada para asumir responsabilidades militares, ante una fuerza muy superior, la serbobosnia, dispuestas a todo, y que no dudaron en secuestrar a 30 soldados holandeses para convertir a toda la guarnición holandesa en marionetas y colaboradores de sus planes criminales. El serbio Ratko Mladic todavía sigue prófugo. Algún día se contará negro sobre blanco el papel del fallecido Mitterrand, más perro que viejo, en todo lo ocurrido. Un Mitterrand que manipulaba a placer a Clinton.

María López Pérez