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Escuela de Hostelería, un ejemplo de profesionalidad, calidad de servicio e integración laboral

El equipo de Manuel Domínguez ofrece una demostración de gastronomía y servicio desconocido en la ciudad

Publicada en MeliYa el 16 de diciembre de 2005

Salvador Ramírez

Siéntase el lector en la Avenida de los Campos Elíseos o en Regent Street o en Serrano, esquina Alcalá, siéntase en los templos de la mejor gastronomía para comprender qué ocurre en la Escuela de Hostelería de Melilla. La Ciudad Autónoma lleva dos años triunfando en la preparación de profesionales de hostelería.

Gracias a aquel convenio firmado con la Fundación Hispano Árabe de la Dieta Mediterránea, los buenos gastrónomos de la malagueña y hermana Benahavís son ya dos promociones de melillenses quienen pasean ciencia por los fogones del orbe. Y tan bien les ha ido que muchos no han vuelto a la Hija de Marte.

Son, en términos de José Antonio Miranda, ulad m´lilia, es decir, hijos de Melilla quienes son capaces de elaborar, presentar y servir creaciones gastronómicas de cinco tenedores, ni uno menos.

Criterio La Consejería de Economía creyó, con buen criterio, que no estaría mal hacer un 'pase para la prensa' de la Escuela de Hostelería, vaya que los periodistas entendiésemos cómo se hace un buen profesional y la calidad de servicio que es capaz de dar. Acertaron Conesa y su equipos.

Manuel Domíguez, director de la institución, aunque en su modestia se califique de coordinador, gestiona los designios de la segunda promoción de camareros y cocineros. Quedan 12 cocineros y 9 camareros, el resto ya trabaja o bien, por motivos personales, dejaron los estudios.

Índice de inserción laboral, atención: 80 por ciento. La mayoría de los alumnos melillenses que tienen la inmensa oportunidad de hacer prácticas en Tragabuches o con Ferrá Adriá no tienen problemas para encontrar trabajo. Curiosamente, son los hosteleros de afuera quienes más contratan, aquí muy pocos, pero esa es otra cantiga.

El 'pase para la prensa' no pudo comenzar con mejor pie: un cóctel de recepción a base jamoncitos de codorniz, pulpo a feira, crema caliente de marisco, zanahoria al roquefort o sorbete de pescado crudo al limón con caviar, no beluga, pero caviar.

El equipo de Manuel Domínguez, se dispone a montar el banquete. Albariño suave del 2004 con denominación de origen para el entrante: ensalada tricolor con jamón de pato y alcachofas a la vinagreta, pero también con lombarda, escarola. Un lujo, vean la foto.

Seguimos con el vino de las Rías Baixas para regar una espectacular suprema de lubina con un concierto de verduritas y salsa de azafrán a su derredor. Inmenso el churrete de mermelada de frambuesa, poco, el necesario para conseguir el agridulce propio de la ribera mediterránea.

Secreto de Manolo Domínguez: filetear la lubina o róbalo, dar un golpe de plancha, poco, sólo enseñar el pescado al fogón, y luego un ligero tratamiento de horno a 200 grados. El pez ni se asa, ni se quema ni se queda crudo, está de gloria bendita.

Cambio de tercio en la cristalería. Se va Galicia y viene el Duero, de su ribera se extrae el Monovarietal de Tinta Fina, 1998. Menuda cosecha. El vino, también amable, como el blanco, pero con su punto de acidez es glamouroso.

Medallones Es el idóneo para acompañar a la tercera creación: medallones de solomillo de cerdo con foie, puré de manzanas setas y salsa con aire boquerón, Pedro Ximénez. Brutal, el himeneo himen del culmen que diría el recordado y admirado Miguel Fernández.

Alto, ¿se ha acabado el festín?. No. Llega -y no de Egipto- una pirámide de mousse de nueces de Macadamia con su salsa de caramelo y chorreón de chocolate caliente. Fuera dietas, el abajo firmante dio cuenta de dos raciones de tan sofisticado postre.

Brindis por el acontecimiento con periodistas y políticos, Daniel Conesa, Inés Urdiales, José María López Bueno, en francachela y camaradería. Brindis con el cava de Juve Camp, nada que ver con Carod Rovira, cinta púrpura y semi seco, para todo tipo de feliz digestión. Y el carajillo quemado y el whisky seco y la comprobación de que la Escuela de Hostelería es una feliz realidad.

Si al internauta le interesa la hostelería, tiene menos de 40 tacos de almanaque y está desempleado, no entendemos cómo no se dirigen a Promesa y reservan su plaza para la próxima promoción: trabajo seguro, recinto histórico, medios hipermodernos, hospitalidad, ciencia. ¿Se podrá pedir más?.