Opinión
Haz bien y no mires a quién
Publicada en MeliYa el 27 de abril de 2005
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Ana M. Carvajal Becerra, no del portal.
Ana M. Carvajal Becerra
Haz bien y no mires a quién
La lucha contra la discriminación empieza en la familia. Así, hace unos días un alumno de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) con graves problemas de aprendizaje, de bajo coeficiente intelectual, insultaba a una profesora llamándole no sé cómo, a otro profesor lo llamaba de otra manera, aunque habrá que ver qué es lo que el pobre entienda por esos conceptos. También en estos días se ha discriminado al papa Benedicto XVI, por parte de presuntos tolerantes que practican una cerril intolerancia en nombre de la tolerancia, al servicio de totalitarismo.
Pero no ofende quien quiere sino quien puede y por eso tan sólo revela las graves carencias de un tipo de alumno. Ni a este alumno ni a otros se les discrimina pese a su inadaptación y otros serios problemas. Con ciencia y paciencia se trabaja en las escuelas con ellos, para que superen sus deficiencias. Nadie los califica de torpes, pues seguro que tienen determinadas destrezas. Pero tal vez ellos tan sólo sean los portavoces de lo que se vive en sus casas. Si en sus casas los padres no tienen respeto hacia los demás en sus comentarios, el retoño, con escasas luces, tampoco respetará a los que él ve que sus padres no respetan. Pero la torpeza de no respetar a los compañeros, a los profesores y a las reglas de la convivencia se paga. Nos tratan según tratamos y si no respetamos no nos respetan, si discriminamos nos terminan por discriminar. Y, además, nadie está exento de sufrir discriminaciones, nadie es invulnerable. Ya no sólo por sexo, raza o religión, sino también se dan multitud de discriminaciones en función de aspecto físico, ideas, clase social, estatura, peso, forma de la cara, poder económico, calvicie, manco, invalidez, inteligencia, manera de vestir, etc.
«Haz bien y no mires a quién», dice un viejo refrán, y en esto hay que educar a los hijos, a los alumnos. Educarnos unos otros. Que además la inteligencia está en la capacidad de adaptación; poca adaptación, pocos sesos demuestran tener los que están alejados del respeto hacia las otras personas.
Ana M. Carvajal Becerra