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La presión migratoria sigue entanada al otro lado del perímetro fronterizo entre Melilla y Marruecos
De las avalanchas masivas de otoño a la sucesión de intentos de paso del final del año
Publicada en MeliYa el 30 de diciembre de 2005
El Gobierno español afirmó el pasado 2 de diciembre que la cooperación hispano-marroquí de los últimos meses había acabado con los asaltos de inmigrantes subsaharianos sobre Ceuta y Melilla. ¿Han finalizado realmente los intentos de paso?, ¿ha disminuido la presión migratoria?
"La situación está controlada. Se ha acabado con ese foco de inestabilidad gracias al trabajo conjunto", aseguró la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, en Marrakech (Marruecos) tras una reunión con las autoridades marroquíes, pero, como quedó demostrado el 29 de diciembre, hay muchos -200 sugieren fuentes oficiales- inmigrantes establecidos en las zonas de Mari Guari, Farhana, Beni Enzar y Rostrogordo que aguantan el frío esperando una oportunidad para pasar a territorio español.
Mientras, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, añadió el mismo día que los medios puestos en marcha por ambos países permitían hacer frente a un problema puntual, como los asaltos masivos a las vallas de Ceuta y Melilla de los pasados meses.
Intentos En la práctica, alejada de las declaraciones oficiales, está la realidad: en las fechas navideñas, unos 30 subsaharianos han conseguido llegar a Melilla, como resultado de cuatro intentos. No es la avalancha del otoño, pero la presión subsiste.
También consideró Camacho que el reino alauí había hecho sus deberes en lo que se refiere a la bolsa de inmigrantes subsaharianos irregulares que habita en su territorio.
Rabat aseguró haber repatriado de forma "voluntaria" a alrededor de 3.600 ciudadanos en un total de 22 vuelos sufragados exclusivamente con dinero marroquí y cuyos gastos, en "costes directos e indirectos", ascenderían a unos 100 millones de euros.
"Queremos que estas devoluciones tengan un valor pedagógico. Que tengan un impacto de comunicación", dijo Camacho refiriéndose a la disuasión que la devolución de cada inmigrante irregular a su lugar habitual de residencia puede conseguir en potenciales candidatos a la emigración clandestina.
La pedagógica lección parece haber sido poco entendida por las víctimas del “hambre, la pobreza y las guerras”, en definición de otro socialista, Pedro Zerolo, quien abandonando posturas oficialistas no tiene inconveniente en admitir y lamentar la presión migratoria aledaña a Melilla.
El Gobierno español constató que todavía no hay una fórmula con Marruecos para que acepte de buen grado a los que son interceptados en España cuando intentan entrar de forma clandestina desde Marruecos. Salvo la aceptación "extraordinaria" de 73 inmigrantes después de las crisis de Ceuta y Melilla y alguna devolución testimonial en tiempos anteriores, Marruecos y España no han conseguido ponerse de acuerdo en la forma de aplicar esta parte del convenio bilateral de readmisión suscrito en 1992.
El acuerdo del 92 es uno de los mejores exponentes de la figura del “papel mojado”. Ese mismo año, Melilla padecía la primera de sus crisis migratorias: 100 subsaharianos descubrían la 'vía melillense'. El delegado del Gobierno de la época, Manuel Céspedes, se entrevistó en dos ocasiones con el gobernador civil de Nador.
En una de ellas, el director general de Política Interior, Fernando Puig de la Bellacasa, asistía impávido a las dudas del gobernador alauita: “no es seguro que hayan llegado a Melilla pasando por Marruecos”. Ese fue y quizá sea el espíritu del famoso acuerdo de readmisión.
Volviendo al día a día, el Ministerio de Defensa dio el pasado 14 de diciembre la orden de retirada total y definitiva de las fuerzas militares de la valla que separan Melilla y Ceuta de Marruecos, donde permanecían allí destacadas desde el 29 de septiembre, con ocasión de las avalanchas de subsaharianos sobre ambas ciudades.
La orden del departamento del ministro José Bono a los dos comandantes generales, Francisco Fernández Sánchez por Melilla y Luis Gómez-Hortigüela por Ceuta, la recibieron ambos en Melilla, donde se celebró la reunión bilateral que tiene lugar cada año entre los máximos responsables militares en las dos ciudades autónomas.
Adiós, metopas Hasta ese momento se mantenía a una compañía de alrededor de 140 efectivos en cada ciudad pertenecientes a todas las unidades militares, después de la supresión el pasado mes de noviembre de otras dos compañías desplegadas en la doble valla.
Los soldados dejaron la alambrada tras más de dos meses en los que no se produjeron entrada masivas, concretamente desde el 6 de octubre, fecha en la que murieron cinco inmigrantes en suelo marroquí cuando intentaban acercarse al doble vallado de Melilla.
Hay quien relaciona el adiós de los metopas con el recrecido del fenómeno migratorio y hay quien, como el portavoz del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Melilla, Daniel Conesa, se pregunta por esa tercera valla anunciada a bombo y platillo por el Gobierno nacional en los días enfáticos de la crisis de otoño.
Sea como fuere, la vigilancia del perímetro fronterizo quedó de nuevo exclusivamente en manos de la Guardia Civil, a través de varias unidades de los Grupos Rurales de Seguridad, así como el personal de la 232 Comandancia, cuyo efecto disuasorio queda en entredicho a tenor de los últimos acontecimientos.