Reportaje · Arqueología
¿Quiénes fueron nuestros primeros antepasados, cómo saber de los originarios melillenses?
Rocío Gutiérrez y Manuel Aragón firman un trabajo arqueológico de 48.000 restos emanados del vivero de Casa del Gobernador
Publicada en MeliYa el 16 de diciembre de 2005
Esas son las preguntas claves y, a pesar del formidable progreso de las excavaciones arqueológicas que lleva a Cabo la Consejería de Cultura con Arkeosur, poco sabemos de nuestrosantepasados melillenses.
Acaso, que fueron fenicios, que mezclaron su sangre con arábigorifeños de la época y que, cómo no, los hijos de Rómulo y Remo anduvieron por Russadir, oppidum et portus.
Sí que sabemos, casi a pies juntillas, que estamos en la roca tres siglos, al menos, antes de que Jesús de Nazaret naciera. Los más osados hablan del siglo seis antes de nuestra era. Depende, que diría Jarabe de Palo, depende de la progresión de un grupo de personas que bajo el amparo técnico de Arqueosur y la bendición económica de Cultura, se han convertido en los labradores de nuestra historia.
Está la zona de la Alcazaba, sí, la Plaza de Armas, también, pero la delimitación que más nos puede informar de nuestras raíces es la Casa del Gobernador. Es obvia la superposición de estratos, extremo que complica la labor de los arqueólogos porque igual emana una cerámica con aires ibéricofenicios o una pipa, una 'sibasa' del siglo XVIII, cuando a Zapatero no se le había ocurrido prohibir la libación tabaquera.
Fue una zona residencial. Apartamentos tipo Marina D' Or, muy pocos, más bien cuchitriles,mínima expresión pero convincentes. Allí existieron viviendas, hay depósitos de agua y compartimentos. No es un cuerpo de guardia ni apartamentos para solteros como llegó a insinuar todo un Premio Nacional de Arqueología, son casas o restos de casas, superpuestas por el tenor de la carrera del calendario y las civilizaciones.
Allí hubo vida, lo cuenta Manolo Aragón, Manu, director de las excavaciones e informador puntual de todo lo que se percibe o imagina. Casi una treintena de monedas, más de 48.000 restos arqueológicos, allá estaba el verdadero foro, el del vivir día a día de Rusadir, de Melilla.
Por Gabriel de Morales y Mendigutia, por Francisco Mir Berlanga y por Constantino Domínguez, o acaso por los tres a la ves, sabemos que la 'zona de copas' se situaba en Florentina, el resto era vivienda y batalla. En Casa del Gobernador, Aragón dixit, vivienda.
La Ciudad Autónoma lleva años excavando en los recintos históricos. Casi toda la historia de nuestros antepasados se ciñe a intramuros, lo demás de de dos siglos a esta parte. Ergo los orígenes hay que buscarlos en las piedras que surcan esa ladera, que fue, Melilla la Vieja, desde la Concepción y su Baluarte, hasta la Puerta de la Marina, pasando por, cómo no, la Casa del Gobernador.
La innovación viene de la mano de una decisión de Simi Chocrón, pero sobre todo, de Rocío Gutiérrez: el Reglamento de Arqueología. Aquí y a partir de ahora, nada de teorías, elucubraciones o sueños de Indiana Jones, aquí historia. La legal obligación de rendir cuentas a partir de una memoria de los trabajos realizados es el mejor aval de Manu Aragón para justificar sus esfuerzos.
La empresa Arqueosur tiene prorrogados sus servicios al frente de la investigación de nuestros orígenes, lo ha dicho Juan José Imbroda, porque ha dado en el clavo: rigor, meticulosidad, comprobaciones, pruebas y catálogo. Así conoceremos a nuestros antepasados.
Imbroda sueña en dos historias: conocer la historia de Melilla y enseñarla. Primero hay que cerrar el capítulo de excavaciones y tesis, luego habilitar recintos, mostrar a propios y extraños qué fue de aquella Melilla permanentemente acosada. Será, lo de la habilitación, los expositores y las cámaras dentro de año y medio, ha dicho el presidente de la Ciudad Autónoma.
Y ahora naveguemos por el conocimiento, la lectura y la imaginación: Melilla tiene más de 2.000 años a sus espaldas. De sus XXI o XXII siglos sólo dos han permitido la normalidad vital,y con tragantones, que todo hay que decirlo, antes todo se redujo a recintos pequeños, malas condiciones de vida, defensa y miedo al factor externo.
Melilla ha sido una ciudad de abnegados:comerciantes y guerreros, viudas y jubilados, carcelarios y enfermos, olvidada de los regímenes, monolito a la pobreza. Pero en aquel núcleo hubo arte, cultura, civilizaciones y convivencia. En ello está el equipo de Manuel Aragón, en descubrirlo e invertir en acervo histórico.
Acaba el ejercicio económico, se entrega la memoria y, hoy, sabemos más de nosotros, o de los nuestros: fenicios, cartagineses, alárabes. Romanos y todos los que les sucedieron. Melilla, amalgama de encuentros y sensaciones.