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Bombalurina multiplica su crédito artístico con un nuevo y rotundo éxito en la reposición de Cabaret

El cuadro artístico gana en seguridad y profesionalidad y ensolera un espectáculo de división de honor

Publicada en MeliYa el 11 de mayo de 2006

Salvador Ramírez

¿Cuándo dejará de sorprendernos Cabaret de Bombalurina?. Acaso sólo cuando deje de reponerse y el tiempo cree poso de olvido -improbable- o cuando irrumpa implacable una nueva referencia escenarial de la agrupación musical melillense que supere lo que felizmente está ocurriendo estos días en el Gran Teatro Público Kursaal-Nacional.

En raras ocasiones el periodista encuentra la oportunidad de contar una misma cosa por partida doble y mensajes diferenciados. La recreación del Cabaret de marzo es, como el vino bueno, mejorable con el tiempo y ha llegado mayo y esa explosión artística se ha ensolerado hasta el punto de repetir triunfo con una cota de calidad más ambiciosa.

Y es que a los matices relatados hace dos meses hay que añadir la seguridad de los figurantes, el desarrollo de instinto teatral, la complicidad de los músicos de Chamorro y un poderío sobre el escenario de auténtica cotización en bolsa, si es que la Cultura -con mayúsculas- cotiza en alguna wallstreet de turno.

Comentaba el sabio Rafael Imbroda Puerto en el intermedio: “¿no parece que vayamos a salir después de la función a la Gran Vía madrileña?”. Y ¿no se nos quedará pequeña la Gran Vía de los teatros de la capital de España, admirado Rafael?.

Por orden. El coro está sensacional tanto por lo suyo propio, ergo, cantar como por la absoluta implicación de sus integrantes en toda la trama del Cabaret Kit Kat Club. Se mueven por la escena como por la cocina de sus respectivas casas. Admirables y abnegadas aunque, en mayo, más dominadoras de todos los espacios del Nacional.

Bailarinas Cuerpo de baile: sensacionales. Si triunfaron hace ocho semanas, lo que ofrecen en mayo es inconmensurable. Nada falla, todo es un reloj de suiza precisión que, elenco sumado, sustancia los principales momentos del musical. E interpretan, porque es un ballet desgarrador, de miradas perdidas, aburridas, pero actitud imperativa y profesional a lo largo de las casi tres horas que dura el espectáculo. Mandan las bailarinas hasta hacer atractivo el supuesto hastío que preside sus vidas cabareteras.

César Arrarás sigue sobrado y mejora en registros de credibilidad encarnando el papel de confabulador nazi. A César se le llega a odiar y se le toma cariño después, cuando a la hora de saludar exhibe su sonrisa franca -de casta le viene al galgo- despojado ya del despreciable brazalete esvástico.

María José Ramírez Berenguer sigue sorprendiendo con un desconocido caudal de voz y un espléndido oído musical. Su desparpajo encarnando a la ajada Kost, dama especialista en marineros de la Armada Imperial, encandila y, lo dicho, hay poso de seguridad y firmeza en su interpretación.

Humano Raúl Belmonte, Schultz, sigue poniendo el vello de punta. El frutero judío, pero sobre todo alemán, traslada sus rasgos de humanidad y campechanía como sólo el señor Belmonte sabe hacer. El hombre bueno que, a la vejez viruelas, cae enamorado y ha de renunciar a su última -y acaso primera- aventura jamás podría haber encontrado mejor valedor.

Mabel Romero. Algunos siguen sin creerse que esa viejita, canosa, de voz descascarillada, torpe en el caminar, mucho más en los escuetos pasos de baile que trata de instrumentar, que canta como las señoras mayores, digo, que algunos siguen sin creerse que la actriz que la interpreta es Mabel. El libro de calificativos se queda corto. La Romero se ha hecho señora de la escena y no se permite fallo alguno. ¿Hasta qué puerto artístico puede llegar Mabel?. Sólo ella puede saberlo.

Juan José Rojas lleva a sus espaldas la más alta responsabilidad teatral, en el sentido estricto del género, y la asume con solvencia. A Rojas le ha tocado ser más actor que cantante o bailarín y le toca en la complicada tesitura del bisexual que acaba atrapado por un amor imposible y, además, en prolegómeno bélico. Resultado: ¡vaya si sabe meterse al público en el bolsillo!.

Artista integral María del Carmen Gálvez. Punto y aparte. Podríamos decir: la mejor voz de Melilla, excelente soprano, qué arte tiene María del Carmen. Y sería verdad pero mucho más cierto es aseverar que la Gálvez es una artista integral. La voz -prodigiosa- viene previamente garantizada pero es que la soprano baila, interpreta, cambia los registros de la alocada, frenética cabaretera hasta la desgarradora imagen de una pobre artista de barrio, para colmo inmigrante, que acaba perdiendo su maternidad y durmiendo en el miserable e interesado catre de siempre tras una frustrada intentona de amor convencional. ¡Impresionante, hija!.

Señoras y caballeros, ladies and gentlemen, descúbranse, vamos a hablar de Antonio 'Emcee' Ferrer. El periodista se come la lengua propia al no poder contar -por compromiso personal- circunstancias que adornan la vida artística de Ferrer, pero una promesa es una promesa. El dueño del Kit Kat Klub y de la obra en sí es un fenómeno poco habitual en la escena. Lo viene demostrando hace años -no vamos a repetir su currículum- pero sigue sorprendiendo por el dominio absoluto de todos los terrenos, como los mejores diestros.

Antonio Ferrer se ha equivocado de lugar de nacimiento. Si este actor nace en Madrid, Barcelona o Broadway, hablaríamos en otros términos. Antonio es el gran y creíble embaucador de ilusiones y frustraciones. Hace que el público salte de las butacas cuando le da la gana o que recule en las mismas obedeciendo mansamente sus impulsos, transmite amores y odios. Es un gran actor, para qué seguir.

José María Chamorro se ha tomado Cabaret como el mayor reto de su reconocida vida artística hasta el punto de convertir a la orquesta del Kit Kat Klub en fundamento imprescindible de la obra. La banda de Chamo es un protagonista más de Cabaret. La banda toca, interpreta, conmueve, anima y se granjea ovaciones de lujo, merecidas. José María es un miembro más de la gran familia de Bombalurina y él lo sabe y lo quiere. Cuesta muchísimo -es imposible- imaginar el musical sin el aporte profesional y humano de Chamorro y su equipo.

Acabemos en clave de carta dirigida al director de Cabaret, José Juan -Jotajota- Imbroda: Querido amigo, dos puntos, llegué al Nacional con nulas expectativas de sorpresa porque, de tanto verla, me sé la obra de memoria; también llegué con ganas de disfrutar de una oferta cultural de primera calidad pero, estimado Jota, me equivoqué en ambas previsiones. Bombalurina ha vuelto a sorprender por su profesionalidad y la incrementada espectacularidad de la puesta en escena de Cabaret. Mi segundo error fue creer que asistía a una oferta de primera calidad porque asistí a una excelencia artística interpretada, asistida y dirigida por melillenses. Disculpe mis errores y reciba un cordial saludo.