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Concluye el culebrón de la Ensenada de los Galápagos con el final de obras y su apertura al público

Juan Pedro Arana recepciona las obras que han eliminado cualquier riesgo de desprendimientos

Publicada en MeliYa el 11 de julio de 2006

Salvador Ramírez

Bien está lo que bien concluye aunque el proceso, en el caso de la Ensenada de los Galápagos, a lo largo de los dos últimos años, no haya estado exento de polémica precisamente.

El caso es que acaba con fecha 11 de julio de los presentes, justo cuando Juan Pedro Arana, responsable del área de Fomento de la Ciudad Autónoma ha recibido las obras y ha ordenado la apertura del túnel de la calle de Jardines para que melillenses y visitantes puedan tomar un baño en Galápagos.

La emblemática Ensenada, puerto natural de la primigenia Melilla, al abrigo de las embestidas del Levante ha sido playa o refrescadero natural desde hace más de cinco siglos. Pero resultaba inhóspito. De ahí que la Ciudad Autónoma, en su día, acondicionara el recinto, acceso a la franja de arena que, de estercolero, pasó a bulevar de paseo.

Aquello comenzó a utilizarse con normalidad. Hubo hasta alguna que otra sombrilla. Son mejores los días de Poniente para Galápagos porque la marea limpia la zona de mar, la contaminada por los residuos del vertedero, y se puede uno pegar un baño en condiciones. En el mismo centro de la ciudad; lo mismo ocurre en otra cala, justo a su lado, la de la Alcazaba.

Cuando parecía que la normalización presidía la Ensenada e incluso una vez abierta al público por las autoridades autonómicas, se da una circunstancia que aporta una componente de preocupación: ¿están seguros los cantiles que soportan las semimilenarias murallas de Melilla la Vieja?

Aparece, pues, determinado riesgo de desprendimiento en las escarpadas paredes naturales de Galápagos que, parece haber quedado resuelto por la obra emprendida por Acciona Infraestructuras pero que, de principio, enfrentó -cómo no- a las dos Administraciones de Melilla: la representación del Gobierno y la Ciudad Autónoma.

Casi dos años después todo ha quedado resuelto. Se han limpiado los puntos de riesgo, se han eliminado los riesgos y, lo que es más importante, la noticia, vamos, la Ensenada de los Galápagos está abierta al público, es decir, como hace cinco siglos.