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Guardia Civil y Gendarmería Real no pierden de vista sus movimientos

Dos centenares de subsaharianos esperan su oportunidad en el lado marroquí de la frontera para saltar la valla y llegar a Melilla

Viven en condiciones infrahumanas, sometidos a temperaturas inferiores a los 10 grados centígrados de noche y alojados en cabañas montadas con chapas y maderas procedentes de la parte marroquí del pinar de Rostrogordo.

Publicada en InfoMelilla el 28 de diciembre de 2006

Salvador Ramírez

Un colectivo de dos centenares de subsaharianos esperan, a dos kilómetros de Melilla, una oportunidad para saltar la valla de seis metros que separa el territorio nacional español del Reino de Marruecos.

Lo hacen en condiciones infrahumanas, sometidos a temperaturas inferiores a los 10 grados centígrados de noche y alojados en cabañas montadas con chapas y maderas procedentes de la parte marroquí del pinar de Rostrogordo.

Viven en la zona norte del perímetro fronterizo de Melilla con Marruecos, muy cerca del hito 15 de la carretera perimetral española, según confirman a InfoMelilla organizaciones no gubernamentales que se encargan de hacerles llegar la comida una vez por semana.

Están doblemente vigilados. Por una parte las autoridades españolas no cejan en su empeño de evitar avalanchas sobre la valla separadora de ambos países y, en segundo término, la Mejannía marroquí, cumpliendo los términos del acuerdo de colaboración anti-inmigración estipulado entre España y Marruecos, no deja de asediarles y procurar su alejamiento de las proximidades fronterizas.

El momento Los centroafricanos que esperar su momento para saltar a Melilla viven gracias a la colaboración de las ong,s españolas y a los vecinos marroquíes que, de vez en cuando y evitando la vigilancia de la Gendarmería Real del país alauita, les hacen llegar alimentos y ropa.

La Delegación del Gobierno en Melilla no es ajena a esta realidad. Sus responsables esperan otro intento de salto masivo para el 31 de diciembre, semejante al registrado en Nochebuena, sin éxito para los inmigrantes subsaharianos que no intentaron, 40 de los cuales ya han iniciado el camino de regreso a sus países de origen.

De hecho las alarmas han saltado y la Guardia Civil va a redoblar sus servicios en el linde fronterizo estas fechas para evitar cualquier iniciativa de entrada ilegal en Melilla. Contarán con un despliegue de puestos militares marroquíes establecidos cada 500 metros que prestan servicio las 24 horas del día.

El problema es el factor humano. Los dos centenares de inmigrantes no tienen qué comer, pasan frío, denuncian las ong,s, y se enfrentan a fuerzas policiales marroquíes y españolas, con una valla de seis metros de por medio rematada con cuchillas que ponen en peligro su integridad física.