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Imbroda condena las viñetas de Mahoma y pide a Aberchán que se pronuncie también cuando se ofende a los cristianos

El presidente de Melilla rechaza esta actuación contra la religión musulmana, y recuerda que han sido muchas las veces en las que se ha ridiculizado la religión cristiana

Publicada en MeliYa el 7 de febrero de 2006

Carmen Gaona Sáez

El presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, ha rechazado y condenado públicamente las viñetas de Mahoma que han sido publicadas recientemente por diarios europeos y que han ocasionado importantes revueltas entre la población de países musulmanes como Afganistán o Irán.

Esta condena la ha realizado el presidente melillense después de que el presidente de Coalición por Melilla, Mustafa Aberchán, le exigiera un pronunciamiento público, y lo ha hecho, según ha explicado, “porque soy contrario a cualquier manifestación que parodie o ridiculice la religión porque pertenece a la intimidad de las personas”. En opinión de Imbroda, la libertad “es lo más sagrado”, pero no por ello hay que permitir “cualquier ataque que, basado en esa libertad, suponga un atropello para las religiones”.

Pero del mismo modo que en los últimos días se están sucediendo multitud de manifestaciones en contra de estas acciones que afectan a la religión islámica, el presidente de Melilla cree conveniente que también se rechacen, incluso por Mustafa Aberchán, aquellas acciones que perjudican o ridiculizan otras religiones. De esta manera, ha preguntado al presidente de CpM por qué no se pronunció públicamente cuando el presidente de ERC se puso una corona de espinas en Jerusalén para hacerse una fotografía, o cuando la Virgen de la Macarena de Sevilla apareció en Internet con “un pene en la mano”. Se trata de acciones, ha dicho, que pueden ofender a los cristianos.

Por último, y aunque se ha mostrado totalmente en contra de las caricaturas del profeta islámico, Juan José Imbroda ha asegurado no entender tampoco por qué ello ha desencadenado tantas alteraciones del orden público que han acabado incluso con la vida de algunas personas, cuando “debe reinar la mesura”.