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Imbroda no equipará la Ensenada de los Galápagos hasta que Chacón certifique por escrito la ausencia de riesgo de desprendimientos

El presidente de Melilla ironiza con las obras de "estabilización" del cantil después de 500 años de uso y disfrute de la cala

Publicada en MeliYa el 12 de julio de 2006

Salvador Ramírez

Se veía venir la respuesta del presidente de Melilla, Juan José Imbroda, en relación a la 'estrenada' Ensenada de los Galápagos.

La Delegación del Gobierno dijo hace 24 horas que la estabilización del cantil está terminada y que toca a la Ciudad Autónoma equipar la zona de servicios y facilidades para el disfrute de la cala; ahora Imbroda quiere garantías.

“La tradición no informa de crónica oral o escrita de desprendimientos en la Ensenada de los Galápagos, hasta que llegó la Administración socialista diciendo que había riesgos y realizando una obrita en la zona; ahora, si quieren equipamientos, que certifique por escrito el delegado del Gobierno que no hay riesgos de desprendimientos, entonces actuará la Ciudad Autónoma”.

Más claro agua: “alguien de Costas dijo que podría haber riesgo de desprendimientos en la playa. Si el delegado del Gobierno certifica por escrito, en un comunicado o una carta, que no los hay, la Ciudad Autónoma abre la zona al baño e instala los servicios correspondientes”.

Juan José Imbroda siempre ha defendido la idea de que la zona de Galápagos ha estado habilitada de forma natural para el disfrute del baño. En diferentes ocasiones, el mandatario autonómico ha recordado cómo generaciones de melillenses han hecho uso de la pequeña cala -antiguo puerto natural de Melilla- en tiempo estival.

Historia Pero la historia reciente de la Ensenada de los Galápagos tiene su componente política. Hace dos años la Ciudad Autónoma, tras dotar de mobiliario urbano y embellecer la zona, la abría al público. La reacción de la Delegación del Gobierno no se hizo esperar: cierre por riesgo de desprendimiento de piedras tanto del cantil como de la muralla.

No por echar una verja metálica entró en desuso la Ensenada porque se ha seguido utilizando de la misma forma que la otra cala de la Ensenada, la de la Alcazaba, hasta que en este última se acotó y se le dotó de vigilancia privada. De todas formas, los menores residentes en Melilla la Vieja han conseguido superar cualquier barrera de la Administración.

Los pregonados riesgos de Galápagos llevaron a la Administración del Estado a realizar obras de estabilización del cantil por importe de 133.000 euros, obras recepcionadas hace 24 horas. Y ahora el presidente de la Ciudad Autónoma -se veía venir- pasa palabra a la Delegación del Gobierno y viene a decir: 'no había riesgos, ustedes lo crearon, elimínenlo por escrito y yo habilito la playa'. Suma y sigue.