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La Consejería de Cultura rinde homenaje a los grupos melillenses en el Día Mundial del Teatro Internacional 2006

El dramaturgo mejicano, Víctor Hugo Rascón Banda, redacta un reivindicativo manifiesto mundial para celebrar la efemérides

Publicada en MeliYa el 27 de marzo de 2006

Salvador Ramírez

La Ciudad Autónoma va a rendir homenaje a los grupos teatrales de la ciudad con ocasión del Día Mundial del Teatro Internacional. El acto se va a celebrar el martes, a las 19.30 en el Salón Dorado del Palacio de la Asamblea y en el mismo se dará lectura al manifiesto mundial, así como a un documento especialmente concebido para las manifestaciones del arte de Talía en Melilla.

Concord, Tallaví, Arrabal y Bombalurina serán las agrupaciones que, según ha manifestado la consejera de Cultura, Simi Chocrón, van a ser destinatarias del mensaje especial de la Ciudad Autónoma con ocasión de la efemérides internacional.

La celebración mundial llega a Melilla muy pocas jornadas después de que Bombalurina haya cosechado el mayor éxito de su corta trayectoria artística -sólo seis años- con la representación de Cabaret, musical que volverá al Cine Nacional el próximo mes de mayo.

También llega un día antes de que Concord, bajo la dirección de José María Antón Andrés, ponga en escena 'Proceso a Jesús', de Fabbri, tras el reconocido éxito cosechado por tierras peninsulares. Arrabal, por su parte, también tendrá lugar de preferencia en el VI Memorial de Teatro César Jiménez y Tallaví, la pionera del teatro en Melilla, en la actualidad sin representaciones previstas, no es menos merecedora del homenaje de la Ciudad Autónoma.

El Día Mundial del Teatro Internacional tiene en 2006 un auténtico valedor de sus intenciones, el dramaturgo mejicano, Víctor Hugo Rascón Banda, presidente de la Sociedad General de Escritores de su país. Rascón es el redactor del manifiesto mundial cuyo texto reproducimos a continuación.

“Todos los días deben ser días mundiales del teatro, porque en estos 20 siglos, siempre ha estado encendida la llama del teatro en algún rincón de la tierra. Al teatro, siempre se le ha decretado la muerte, sobretodo con el surgimiento del cine, la televisión y ahora los medios digitales.

La tecnología invadió los escenarios y aplastó la dimensión humana, se intentó un teatro plástico, cercano a la pintura en movimiento, que desplazó la palabra. Hubo obras sin palabras, o sin luz o sin actores, sólo maniquíes y muñecos en una instalación con múltiples juegos de luces.

La tecnología intentó convertir al teatro en fuego de artificio o en espectáculo de feria. Hoy asistimos a la vuelta del actor frente al espectador. Hoy presenciamos el retorno de la palabra sobre el escenario.

El teatro ha renunciado a la comunicación masiva y ha reconocido sus propios límites que le impone la presencia de dos seres frente a sí que se comunican sentimientos, emociones, sueños y esperanzas. El arte escénico está dejando de contar historias para debatir ideas.

El teatro conmueve, ilumina, incomoda, perturba, exalta, revela, provoca, trasgrede. Es una conversación compartida con la sociedad. El teatro es la primera de las artes que se enfrenta con la nada, las sombras y el silencio para que surjan la palabra, el movimiento, las luces y la vida.

El teatro es un hecho vivo que se consume a sí mismo mientras se produce, pero siempre renace de las cenizas. Es una comunicación mágica en la que cada persona da y recibe algo que la transforma. El teatro refleja la angustia existencial del hombre y desentraña la condición humana.. A través del teatro, no hablan sus creadores, sino la sociedad de su tiempo.

El teatro tiene enemigos visibles, la ausencia de educación artística en la niñez, que impide descubrirlo y gozarlo; la pobreza que invade al mundo, alejando a los espectadores de las butacas y la indiferencia y el desprecio de los gobiernos que deben promoverlo.

En el teatro hablaron los dioses y los hombres, pero ahora el hombre habla a otros hombres. Por eso el teatro tiene que ser más grande y mejor que la vida misma. El teatro es un acto de fe en el valor de una palabra sensata en un mundo demente. Es un acto de fe en los seres humanos que son responsables de su destino.

Hay que vivir el teatro para entender qué nos está pasando, para transmitir el dolor que está en el aire, pero también para vislumbrar un rayo de esperanza en el caos y pesadilla cotidiana. ¡Vivan los oficiantes del rito teatral! ¡Viva el teatro!”