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Las donaciones de órganos melillenses, fundamentales para el programa de trasplantes del Carlos Haya malagueño

A pesar de todo, sigue habiendo lista de espera

Publicada en MeliYa el 19 de agosto de 2006

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Cada tres días se hace un trasplante en Málaga y desde que se iniciaron, allá por 1979, ya se han realizado más de 2.100 operaciones de riñón, hígado y páncreas. Con estos datos, no hay duda de que se han convertido en intervenciones de rutina y que los profesionales dominan la técnica. Pero sin embargo, hay lista de espera, informa Málaga Hoy Digital.

Las donaciones de órganos procedentes de Melilla son básicas para el programa de trasplantes del centro hospitalario, de manera que el Carlos Haya valora positivamente las aportaciones melillenses para salvar vidas humanas a través de los múltiples trasplantes que su equipo médico realiza.

Sin embargo, hay lista de espera. La causa no es más que la falta de donantes. Y eso que la provincia tiene una tasa de donación (35,7 donantes por millón de habitantes) mucho más alta que la de Gran Bretaña (13,8) y que la de Estados Unidos (24,1).

Para romper ese techo y dar respuesta a los pacientes, el Hospital Carlos Haya se ha trazado una meta: la de multiplicar por diez en poco más de dos años los trasplantes renales de donante vivo. Esta alternativa terapéutica lleva varios años utilizándose en España. En Málaga ya se han hecho 15 intervenciones de este tipo.

Pero no suponen ni el uno por ciento de los 1.617 trasplantes renales hechos en los 25 años que lleva el programa. Frente a este porcentaje, en España ya suponen el tres por ciento, una proporción que la Organización Nacional de Trasplantes también quiere incrementar.

"En Carlos Haya se hacen entre 90 y 100 trasplantes de riñón al año. Pretendemos en un par de años hacer ocho o nueve anuales de donante vivo", explicó el coordinador del sector Málaga, Miguel Ángel Frutos. El centro malagueño opera, pero el programa es posible gracias al trabajo para captar donantes de siete hospitales públicos de la provincia, Almería, Ceuta y Melilla.

El trasplante con donante vivo tiene muchas ventajas. La primera es que el índice de supervivencia es mayor. Al ser una intervención programada, no sólo se estudia la compatibilidad entre donante y receptor –como también se hace cuando el órgano procede de una persona fallecida–, sino además el posible rechazo de la intervención.

El nivel de acierto, por lo tanto, es mayor. Pero hay otro factor que contribuye a que los resultados sean mejores. Cuando el trasplante es de cadáver, el órgano puede llevar muerto hasta 12 horas, mientras que si es de vivo la extracción al donante y la operación al receptor son casi simultáneas. El órgano no pasa más de una hora fuera de un cuerpo.

La lista de beneficios de la técnica es amplia. Por ejemplo, permite al paciente aguantar con su riñón mientras pueda y pasar directamente a un trasplante sin tener que entrar en diálisis. El paso por la máquina –como llaman los enfermos renales a este proceso– deteriora la salud y resta posibilidades a una intervención posterior ya que mientras más tiempo lleve dializándose, menos probabilidades de éxito tiene el trasplante.