Reportaje
Los almuerzos del diputado
Clásico de la convivencia bien entendida y mantel de lujo en Casa Martín
Publicada en MeliYa el 12 de septiembre de 2006
Los almuerzos del diputado se vienen convirtiendo en uno de los clásicos -dos al año- para los periodistas. En el marco, siempre, de Casa Martín, don Antonio Gutiérrez Molina comparte mesa y mantel con los informadores. Lo hace porque le da la gana y lo paga de su bolsillo por idéntica razón.
Los períodos de sesiones del Congreso de los Diputados son dos cada año y Gutiérrez Molina suele cerrarlos, a nivel Melilla, con esta suerte de encuentro gastronómico. Hace años comida y rueda de prensa coincidían en el templo gastronómico de los hermanos Santos Castro. Hoy en día, no. Rueda de prensa y balance de intervenciones antes y luego, sin micros, a comer.
Los almuerzos del diputado tienen su liturgia inmarchitable: el encuentro se produce a partir de las dos y media en Casa Martín, calle de Polavieja. Se toma un aperitivo en la barra porque hay que esperar a los compañeros de las radios, que no llegan hasta las tres.
Con un paisaje ibérico cargado de jamón del bueno, queso semi-curado y el resto de excelencias del establecimiento, don Antonio habla con sus 'oponentes', pregunta a cada periodista por su día a día, evoca momentos del pasado, atiende personalmente a cada informador.
A eso de las tres de la tarde hace recuento, con su fiel escudero, Javier Lence, de comensales. Jamás se equivoca porque si ha contado, pongamos por caso, con 16 invitados, a Casa Martín llegan 16 personas, ni una más, ni una menos.
Manuel y Francisco Santos Castro miman al parlamentario y no sólo por buen cliente sino por mejor amigo, de manera que quien acompaña a don Antonio tiene la suerte de compartir el mejor servicio hostelero y la mejor hospitalidad marca de la casa.
El cortejo gastrónomo se traslada al coqueto comedor de Martín, un enclave sembrado de fotografías, bodega y carteles taurinos. Cada cual ocupa el sitio que le apetece pero suele suceder que los periodistas veteranos se acercan a la presidencia de la mesa, anhelan el momento de charla afable y cordial con Gutiérrez Molina, charla que puede llegar a ser trascendental pero que jamás está exenta de algún que otro chascarrillo.
¿Cómo es esa conversación informal con el parlamentario?. Entrañable. En el Senado de Roma, un par de centurias antes de Cristo, los poseedores del imperium, seres humanos, al fin y al cabo, abandonaban el Foro con el insaciable deseo de hablar con los representantes de la plebe porque sus pláticas no estaban exenta de magisterio.
Antonio Gutiérrez, sin quitarse toga alguna -que, además, no presume de vestir- habla con los periodistas. Lo hace del Real Betis Balompié, del Cristo del Gran Poder, de Curro Romero o del sursum corda, si viene al caso, que suele venir.
Y lo gastronómico. No es la primera vez que este portal habla de los señores Santos Castro y no será la última. Casa Martín es un lujo. Los almuerzos del diputado comienzan con unos entrantes ibéricos de primera categoría e inmejorable presentación. Si a ello le sumamos el savoir faire de Manolo Santos -Paco se queda, por cuestiones de logística, en la barra- tenemos una combinación perfecta de gourmetismo estelar.
Remata la comida en la paella de la casa. No es fácil combinar el sabor de la tierra y de la mar, hacerlo en grano suelto, asequible, aunque compacto para el tenedor y, guinda al canto- con el caldo de cocción necesario para el saborear y no aguar los condimentos. Vaya, que la paella de Casa Martín es un manjar digno de los vencedores de las grandes batallas de la historia.
¿Quién vence en esta contienda gastronómica? Todos, parlamentario, periodistas y hosteleros. Todos porque tras el festín, se sirven los pastelitos de diseño y la copa ad hoc y la continuación de un encuentro que no por más repetido se convierte en menos deseable. Es la gran faena de Antonio Gutiérrez Molina, diestro que sale por la puerta grande...y no sólo en sus encuentros culinarios. Que lea quien sepa o pueda.