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Un fuerte temporal de levante maltrata al pasaje de Trasmediterránea que padeció nueve horas de penosa travesía

El trasbordador llegó con dos horas de retraso y problemas para desembarcar a los pasajeros

Publicada en MeliYa el 14 de junio de 2006

Salvador Ramírez

Nueve horas duró el calvario de unos 300 pasajeros que optaron por el barco el pasado martes, 13 de junio. Seguramente las nueve horas más estresantes para el recién estrenado médico, que no paró de atender al pasaje, víctima de incontables mareos.

La salida del puerto malagueño no hacía prever semejante temporal pero el baile comenzó cuando se perdían de vista las murallas de Gibralfaro. Un fuerte temporal de levante la emprendió con el Ciudad de Sevilla hasta ser prácticamente imposible deambular por la nave.

Con o sin estabilizadores -la impresión es que 'sin'- el movimiento persistente llegó a tirar elementos decorativos del interior del barco y sembró todas sus estancias de bolsas higiénicas propias del momento.

La mayoría del pasaje no salió de los camarotes a lo largo de toda la travesía hasta calcular la hora de llegada a Melilla pero también en ese cálculo se equivocaron los sufridores de semejante trance porque el canguro redujo la velocidad y se embocó la rada bien cumplida la noche hasta el punto que el primer pasajero en tocar tierra melillense lo hizo a las 22.05 horas, unas dos más de las previstas.

La paliza fue de tal calibre que no se produjo protesta alguna porque el afán del pasaje era acceder a la Estación Marítima para abandonar cuanto antes la instalación. Los servicios de la Autoridad Portuaria tuvieron problemas para encajar las rampas de pasajeros y vehículos y el remolcador no quitó ojo al Ciudad de Sevilla desde que apareció por la línea del horizonte