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Un hombre joven inventa el 'timo del obrero de la construcción' y opera por el centro de Melilla
Pide pequeñas cantidades de dinero
Publicada en MeliYa el 6 de septiembre de 2006
En Melilla, con Feria o sin ella, emergen personajes curiosos. Uno de ellos -el último- es un timador con estilo, un hombre que, con sus argumentos verbales, recauda pequeñas cantidades pero que, sumadas, le pueden suponer un buen jornal.
El sistema es ocurrente. Suele vestirse con indumentaria propia de trabajador de la construcción: pantalones de tela fuerte, color azul y con manchas de áridos, propias de quienes se ganan la vida en el andamio.
La historia es la siguiente: opera en los alrededores de la Plaza de las Culturas, demarcación en cuyo derredor hay obras -la Plaza de los Pescadores, los últimos retoques a Pablo Vallescá, Melilla la Vieja- y a sus víctimas les comenta que viene de la obra, que se le ha quedado el coche tirado, sin gasolina y que necesita 20 euros para solucionar el problema, dinero que 'devolverá' de forma inmediata.
Si el interceptado manifiesta no poder complacer al personaje, éste no tiene inconveniente en rebajar la cantidad y hasta se conforma con dos euros, que acepta de buen grado. Dos euros fue precisamente la cantidad que le 'levantó' a un querido compañero de los medios de comunicación.
Efectuado el timo, agradece muy correctamente la dádiva y pone pies en polvorosa en busca de otro pardillo que se preste al juego. Es hábil porque se dirige a personas de cierta edad, cortésmente y manejando perfectamente el castellano a pesar de su procedencia magrebí.
Es un joven de unos 30/35 años de edad, delgado, moreno y, como se ha comentado, la viva imagen de un trabajador del sector de la construcción. Quede relatado para aquellos que se muevan por la Plaza de las Culturas, calle Jardines, Calderón de la Barca y General Macías. Es su teatro de operaciones.