Reportaje
Vida en las alturas con Intervención, Ayuda y Emergencia
Los voluntarios de IAE asumen enseñanzas en situaciones de riesgo
Publicada en MeliYa el 27 de junio de 2006
Salvador Ramírez/Raquel Fernández de Tejada
Intervención, Ayuda y Emergencia (IAE) sigue firme en su propósito -perfectamente meditado y periodificado- de convertir a sus voluntarios en activos eficaces en casos extremos en los que la vida de los seres humanos pueda verse en peligro.
El equipo que coordina Pedro García aborda todos los supuestos de catástrofes que pueden analizar y profundiza en la formación profesional de sus efectivos. Ya no se trata sólo de aprovechar las zonas de escombros para demostrar las habilidades de los perros detectores de vida sino de plasmar situaciones de reacción que bien pueden darse en cualquier tesitura de emergencia.
Es el caso del rescate en altura, es decir, cuando voluntarios y canes tienen que salvar pendientes, cuando no cortados o alturas de cualquier tipo, que requieren sistemas especiales de desplazamiento: los equipos de rescate necesitan cordadas y el voluntario tiene que escalar o descender con su equipo, sus útiles y su mejor amigo, el perro.
La delegación melillense de IAE ha desarrollado un curso teórico y práctico de tres días de duración para conocer este tipo de situaciones de riesgo y aprender a prestar un desenvolvimiento eficaz. El instructor técnico de Bomberos, Francisco Manuel Moreno Díaz, ha sido el encargado de poner a disposición de los voluntarios toda su ciencia.
De los 18 voluntarios de IAE, 15 tomaron parte activa en este curso que es el primero de una serie de aprendizajes previstos por Pedro García para la preparación de los equipos, siempre en coordinación con la delegación cabecera de Intervención, Ayuda y Emergencia, ubicada en Valencia.
El voluntario que actúa en un caso de rescate en altura requiere de unos conocimientos específicos de riesgo, nudos y transporte de material que vienen a incrementar el acervo, ya en su poder, de situaciones de emergencia y, muy particularmente, se precisa de un estado físico al mejor nivel, por la dureza de las condiciones de trabajo.
Los perros detectores de vidas humanas no sólo son transportados por sus instructores, sino que asimilan las particulares situaciones de altura y aprenden a luchar contra sensaciones como el vértigo que no es exclusiva del ser humano.
No resulta difícil trabajar con los perros en estas emergencias por cuanto el adiestramiento previo del que han sido objeto les hace confiar plenamente en sus dueños o instructores y siguen al pie de la letra sus instrucciones.
Tanto por sus apariciones periódicas ante la opinión pública, a través de los medios de comunicación, como por su trabajo diario de preparación de sus recursos humanos y canes detectores, IAE se ha hecho un hueco imprescindible e inexistente -hasta su creación- en la parcela de la seguridad melillense.
Como ha quedado demostrado, la coordinación del equipo les ha permitido movilizarse en un escaso plazo de minutos por si su aportación hubiera sido necesaria en casos de catástrofe fuera de nuestras fronteras.
El equipo que dirige Pedro García ha conseguido que sus perros hayan sido catalogados en la categoría 'C', es decir, de nivel avanzado porque ya son perros que, si ayuda del guía y del figurante, son capaces de detectar al menos una vida humana, de forma autónoma y motivada, y marcar siendo fiel a la víctima.
Entre los planes a corto plazo de IAE Melilla cabe destacar su participación en el III Encuentro Internacional para Equipos especiales de Localización y Rescate, previsto para octubre. ¿Objetivos?: seguir avanzando, seguir convirtiéndose en garantes de la vida humana y llegar algún día -esperan que no muy lejano- a convertirse en una unidad de élite, tan necesaria como incuestionable, en una sociedad moderna y previsora.