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El Ministerio de Sanidad y Consumo hace pública una serie de recomendaciones importantes a la hora de tomar el sol o bañarse en el mar o la piscina
Buena parte de estas recomendaciones están incluidas en el Plan Nacional de Acciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud
Publicada en InfoMelilla el 7 de agosto de 2007
El Ministerio de Sanidad y Consumo ha hecho pública una serie de recomendaciones que los ciudadanos deben tener en cuenta a la hora de tomar el sol o bañarse en el mar o la piscina, y lo hace ante el inicio del principal período de vacaciones veraniegas.
Las consecuencias de la exposición prolongada al sol, las picaduras de medusas y las lesiones medulares asociadas a las zambullidas son, según el Ministerio, algunos de los principales riesgos para la salud asociados a las vacaciones de verano. Es por ello por lo que el Estado ha decidido recordar, como hace cada año, una serie de recomendaciones para prevenir en lo posible este tipo de lesiones.
No lanzarse al agua en zonas desconocidas, evitar el consumo de alcohol antes de bañarse, vigilar especialmente a los niños durante el baño, no exponerse al sol en las horas centrales del día, proteger especialmente la cabeza y los ojos, utilizar cremas protectores y limpiar con agua salada las picaduras de medusa figuran entre los principales consejos que ofrece el Ministerio de Sanidad y Consumo a los veraneantes.
Buena parte de estas recomendaciones están incluidas en el Plan Nacional de Acciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, que cumple este año su cuarto año de vigencia y que permanece activado desde el 1 de junio hasta el 1 de octubre.
Diversión sin riesgos evitables A la hora del baño, recuerda el Ministerio, es aconsejable evitar los riesgos que representan las zambullidas que provocan cada año más de un 5 ciento de las lesiones medulares que se registran en nuestro país, sobre todo en niños y adolescentes. Entre un 80 y un 90 por ciento de los afectados por estos accidentes tienen entre 15 y 25 años.
Para evitar esto, los expertos recomiendan sencillos consejos que minimizan este peligro, como no lanzarse al agua en zonas desconocidas, con poca profundidad o desde una altura elevada o donde pueda haber obstáculos como piedras, ramas o exceso de bañistas. Además, se recomienza comprobar cuidadosamente la profundidad del agua antes de sumergirse y evite bucear o saltar en aguas turbias donde pueden no ser visibles otros nadadores y objetos.
Otro consejo consiste en introducirse en el agua lentamente o tírese de pie varias veces antes de hacerlo de cabeza y, en ese caso, es necesario recordar que los brazos deben situarse en prolongación del cuerpo para proteger el cuello y la cabeza.
Del mismo modo, se aconseja tener especial cuidado con los niños cuando estos estén cerca de aguas recreativas, incluso cuando la profundidad sea pequeña, evitar el consumo de alcohol antes de cualquier actividad en el agua, adoptar conductas seguras en aguas recreativas: usar chalecos salvavidas cuando sea oportuno, prestar atención a las mareas y corrientes y evitar los desagües de piscinas y balnearios, y en el caso de producirse un accidente, inmovilizar el cuello del herido, evitar mover la columna y avisar a un profesional para que acompañe al accidentado, evitando en lo posible los vehículos utilitarios particulares. En las piscinas, por su parte, deben tomarse precauciones higiénicas adicionales para impedir el contagio de infecciones como conjuntivitis y otitis y se debe usar calzado de goma en las duchas para evitar infecciones por hongos, como el pie de atleta. En general, también hay que ser precavidos con los cortes de digestión. Lo más recomendable es ducharse antes de introducirse en el agua para facilitar la aclimatación térmica del organismo que evitará cortes de digestión y otras complicaciones. Un baño de sol saludable
Por otra parte, durante el verano es cuando más actividades desarrollamos al aire libre pero también es la época en la que los rayos del sol son más dañinos, ya que inciden en la Tierra de forma más perpendicular. Nuestra piel es en esta época más vulnerable a la exposición solar, por lo que una adecuada protección es fundamental para evitar daños sobre la salud, sobre todo porque los efectos negativos de la exposición prolongada al sol son acumulativos.
Algunas de estas consecuencias son quemaduras, insolaciones, afecciones oculares, alteraciones del sistema inmunitario o el envejecimiento cutáneo prematuro. El aumento del cáncer de piel (carcinoma y melanoma maligno) en los últimos años es un claro indicativo de los peligros que comportan estas radiaciones cuando no se toman las debidas medidas de precaución. Según los últimos datos, en 2005 se registraron en España 840 muertes por melanoma, con tasas de mortalidad ajustadas por sexo de 2,24 casos por 100.000 habitantes en hombres y de 1,64 en mujeres. Cinco años antes, en 2000, la cifra de muertes por esta causa fue de 701. El aumento en ese periodo fue del 20 por ciento.
No obstante, la mayoría de los efectos adversos de la exposición al sol son evitables siguiendo unos sencillos consejos que recomiendan el Ministerio de Sanidad y Consumo y las organizaciones especializadas, como evitar exponerse al sol en las horas centrales del día, es decir, de 12 a 17 horas, así como exposiciones prolongadas o siestas.
Se recomienda además protegerse adecuadamente la piel, la cabeza y los ojos con ropa, sombreros de ala ancha o gorros y gafas de sol con protección contra las radiaciones ultravioletas y de diseño envolvente, utilizar productos de protección solar con un factor elevado y adecuados a su edad, tipo de piel y zona del cuerpo. Dichos protectores, según el Ministerio, deberán aplicarse 30 minutos antes de exponerse al sol y renovarse cada dos horas y después de cada baño. Sea cuidadoso en exposiciones sobre y en el agua, ya que la radiación puede penetrar hasta un metro en el agua clara.
Otros consejos son proteger especialmente a los niños, ya que son especialmente susceptibles a sobreexposiciones al sol en esta época del año, se se toma medicación, comprobar que no afecta a la sensibilidad a la radiación ultravioleta y, por último, no olvidar que el riesgo de quemaduras solares se incrementa con la altura, es decir, cada 300 metros, aumenta un 4 por ciento el poder de las radiaciones ultravioletas.