Reportaje
Javi Mateo y Susana Andújar escriben la más bella historia de amor
Ya se han casado, antes ya eran felices
Publicada en InfoMelilla el 21 de julio de 2007
Se han casado, aunque poca falta hacía, salvo la administrativa, porque Javier Mateo Figueroa y Susana Lucinda Andújar se quieren a muerte desde hace más de una década.
Pero han querido rendir homenaje al formalismo de manera tan creativa como entregada. Ya son marido y mujer, y están más enamorados que nunca.
Ha sido una boda bonita, espléndida y sincera porque en los ojos de Susana, Javi y sus invitados sólo ha podido leerse el mensaje de compromiso, de bondad y de un saber estar que, a veces, se echa de menos en Melilla, para qué vamos a engañarnos.
Juan José Imbroda ha hecho de oficiante enarbolando con todo rigor los poderes que la Constitución le otorga para casar.
El presidente electo de Melilla se ha regodeado, para argumentar evocaciones amorosas, nada más y nada menos que en don Miguel de Cervantes y Saavedra y en los efluvios candorosos de don Alonso de Quijano hacia su simpar Dulcinea del Toboso.
Allá, en el Salón Dorado del Palacio de la Asamblea, Javi y Susana se han anillado con honra y clase. Luego les esperaba la Tuna de Melilla, qué gente más estupenda.
A los sones del 'Fonseca', con alfombra de capa y cinta y aluvión de arroz se marcha la pareja siempre a las órdenes de una fantástica y creadora Manoli R., la mujer profesional que mejor interpreta la vida de los seres humanos con su cámara fotográfica.
Llegamos al V Pino, mucho más señorial que nunca, y nos reciben cinco músicos de ensueño. A las órdenes de Mike y Stewart, suena el templado jazz de The New Orleans Jump Band.
Clarinete, banjo, trompeta, trombón , mucho viento y alguna cuerda perfectamente combinados para rendir homenaje a esos ritmos africanos que se anglosajonizaron en Estados Unidos, todo ello gracias a la buena mano de un melillense de mucha valía, Kiriko. Vaya noche, amigo.
Todos los amigos de Mateo y Susana estaban exultantes, esperando la llegada de los novios. Lucieron austeros en el Ayuntamiento: él de traje oscuro italiano con corbata blanca, ella de vestido de cóctel, deslumbrante pamela y tacones de salón vertiginosos todo el crema.
Pero la fiesta era de los años 20 y comparecieron en el complejo de ocio con diferente atuendo. Él de claritos con faja negra, esgrimiendo un habano de calidad.
Le faltaba el sombrero de ala ancha para ser un auténtico indiano. Ella de traje largo, claro también, pelo recogido y un par de plumas deslumbrantes, como el maquillaje que en todo momento lució, inmarchitable, la bella novia.
Hablo con don Enrique Bohórquez, editor y propietario de Melilla Hoy y del proyecto de Gacetas, hombre que da empleo directo a más de 170 profesionales, referente prioritario de la comunicación en Melilla.
Dice que, muy al contrario de lo que se propone, cada día trabaja más, cada día es más reclamado en los ámbitos de la opinión y de la cordura. Es lógico, así que a trabajar, don Enrique.
El diputado, Antonio Gutiérrez Molina, está -como siempre- relajado y locuaz. Justifica su reclamación efectuada no ha mucho de manera que SM El Rey, Don Juan Carlos I, se pegue un garbeo por Melilla, que ya es hora, hombre.
Antonio es monárquico pero su libertad y tranquilidad de conciencia le permiten reclamar lo que le da la gana y hace bien, qué leches.
Pasa la noche, suena el jazz y el blues y el pasacalle tunero, hasta se oye salsa caribeña en la pista del V Pino. Y Javi abraza y besa a Susana, Melilla vive minutos de mucha sinceridad y sentimientos abiertos y blancos, como los trajes de los ya y para siempre esposos.
Es el 'único pase' de una entrañable película de amor. Y fueron -como lo son- felices y comieron – y comerán- muchas perdices.