Reportaje

La gran aventura del desierto

Jota Fidel y Guillermo Sánchez Artolachipi, los sufridores en casa del Lisboa Dakar, copilotos de Delfi

Las dunas son el peor obstáculo que pueden encontrar en el largo camino hasta el Lago. Los peligros potenciales y reales están ahí. Hay que correr sobre dos ruedas, sortear vendavales de arena, nadar en el desierto.

Publicada en InfoMelilla el 14 de enero de 2007

Salvador Ramírez

Ellos son los copilotos oficiales de los grandes protagonistas melillenses del Lisboa Dakar. Se llaman Joaquín Fidel -hermano, obvio, de Juanmi y Germán- y Guillermo Sáchez Artolachipi. Han estado seis días -los primeros- con sus compañeros de Delfi Sport y siguen, al minuto el desarrollo de la prueba más dura del mundo.

Han participado con los titulares en todas las competiciones -muchas de ellas con éxito de clasificación- pero ahora tienen que quedarse en Melilla hasta que llegue la noticia esperada: han llegado al Lago Rosa, han triunfado.

“Llevan un ritmo fuerte pero mantenido”, reconocen al alimón. La estrategia de los Nissan está clarea: hacer un Dakar serio, administrando esfuerzos y llegar a la meta. Para ser el primer año del desierto, no es moco de pavo.

Interpretan la carrera de Germán, Juanmi, Manolo y Javi como si estuvieran dentro, con ellos. “Las etapas europeas han sido un hándicap, se han prestado a ayudar a más de un compañero, han tenido problemas técnicos pero van a llegar porque ahora están en el terreno que conocen o por el que saben transitar”.

Las dunas son el peor obstáculo que pueden encontrar en el largo camino hasta el Lago. Los peligros potenciales y reales están ahí. Hay que correr sobre dos ruedas, sortear vendavales de arena, nadar en el desierto. Pero ellos saben hacerlo, los de la carrera y los que se han quedado en Melilla.

Son gentes solidarias. Son amigos de los voluntarios de Intervención, Ayuda y Emergencia (IAE), la organización que llorada no hace muchas fechas la pérdida de dos perros rescatadores de vidas humanas.

Es lógico que sean amigos. Tienen muchos denominadores comunes: son solidarios, saben sacrificarse, velan por los demás, son generosos y saben trabajar en equipo. Por eso la escudería melillense saca pecho en cada rincón africano mostrando las pegatinas de IAE.

Están destinados a triunfar porque se lo merecen y porque quieren volver al Dakar pero bajo otro prisma: el del triunfo clasificatorio. Miles de kilómetros separan a Juanmi, Germán, Manolo y Javi de sus colaboradores Guillermo y Joaquín (Jota para los amigos) pero les une indisolublemente su pasión por el motor y su amor a Melilla.