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La institución está más viva que nunca
La buena gastronomía consolida los mejores lazos de amistad en el Centro de Hijos de Melilla, lujo de entidad
Joaquín Rosa cocina una paella de ensueño
Publicada en MeliYa el 1 de mayo de 2007
El Centro de Hijos de Melilla necesita de pocas excusas para montar un fiestón. Hasta el Primero de Mayo sirve para que Joaquín Rosa y sus amigos acopien materiales y organicen un arroz como Dios manda, mixto, sabroso, ejemplar.
Corrían las dos de la tarde del martes, 1 de mayo, cuando la céntrica institución de la avenida de Castelar olía a sofrito, pescado y magro de categoría.
El bueno de Rosa se pegó la paliza desde primera hora de la mañana pero la paella ya rezumaba señorío.
Receta: arroz, gambas, chopo bien troceado, rape, magro, alcachofas, pimientos verdes y rojos, tomate y...no puedo contar más porque Joaquín me daría un par de cosquis. El resultado final ha sido mucho más que satisfactorio.
Y luego unas sardinas de auténtica exhibición, tiesas como el palo de una vela de la Pinta, la Niña o la Santamaría. Qué barbaridad, qué sabor. ¿De dónde salen estos bichos y cómo los asan?.
Están de enhorabuena los amigos del Centro de Hijos de Melilla porque se estrechan los lazos de colaboración con la Ciudad Autónoma y algunos de sus seculares problemas económicos están a punto de desaparecer.
Pero lo importante es aspirar un aire de amistad y melillismo difícilmente igualable. Allá se entra siendo amigo y se sale siendo hermano. Buena gente estos castizos melillenses.