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Más de la mitad de los puestos oficiales han cerrado
La crisis de los mercados: unos tanto, el Rastro del Polígono, y otros tan poco, el Mercado Central de García Cabrelles
Los titulares de puestos de venta del Mercado Central han decidido desarrollar dos jornadas de protesta. El lunes simplemente no abrieron y hoy, martes, se han plantado en la puerta de la Ciudad Autónoma.
Publicada en InfoMelilla el 27 de marzo de 2007
La competencia desleal, o al menos irregular, está ganando la batalla en materia de mercados. Unos tanto, otros tan poco.
Tan poco el Mercado Central de García Cabrelles, con sus galerías prácticamente vacías; otros tanto, los vendedores del Rastro del Polígono, abarrotados de melillenses que han decidido hacer sus compras allá.
Hay una razón: todo está mucho más barato en el Rastro. Y hay una subrazón: los vendedores del Rastro no pagan impuestos, Seguridad Social, sueldos ajustados a la realidad o, en su caso, teléfonos. Así resulta mucho más fácil vender barato.
Martes, 12.30 horas: un kilo de patatas cuesta en el Mercado Central 70 céntimos de euro. En el Rastro 30 céntimos. La diferencia de precios no puede pasar desapercibida para el ama de casa que tiene la sagrada obligación de ahorrar todo lo que pueda, sobre todo para las amas de casa de condición humilde y pocos argumentos económicos.
Los titulares de puestos de venta del Mercado Central han decidido desarrollar dos jornadas de protesta. El lunes simplemente no abrieron y hoy, martes, se han plantado en la puerta de la Ciudad Autónoma para expresar sus quejas. Han sido oídos, pero poco más.
A lo largo de la mañana casi no se ha registrado actividad alguna en García Cabrelles. Las pescaderías han optado por no abrir; en el sector de carnicerías se ha constatado división de opiniones pero han sido más los cerrados que los abiertos y la verdura no ha comenzado a ponerse a la venta hasta casi la una del mediodía.
“Ya no podemos más”, manifiesta Farid, un pescadero que vende el kilogramo de salmonetes a 11 euros mientras que, unos metros más abajo, en el Rastro, se venden por justo la mitad. “Entendemos que se ganan la vida pero es obligación de las autoridades velar por una competencia ajusta a ley, que todos podamos jugar con las mismas fichas”.
El comerciante tiene que “pagar el puesto, los salarios de mis tres trabajadores y, digo yo, ganar algún dinero, pero con la competencia del Rastro es imposible. El género es el mismo pero allí cuesta la mitad”.
Por su parte, Aomar Mimón se gana la vida en el Rastro: “somos gentes sin recursos, estamos trabajando la familia y yo y ganando no más de 15 euros al día, después de trabajar desde la madrugada, ¿qué quieren, que robemos para comer?”.
La pelota está en el tejado de la Ciudad Autónoma porque las normas en Consumo son taxtaivas. Ambas partes abogan por reunirse con las autoridades y llegan a puntos de encuentro pero, por el momento, la crispación marca el día a día del Mercado Central de García Cabrelles y del Rastro del Polígono.