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Reportaje de los mejores recuerdos de la vida

Los párvulos de La salle El Carmen de 1.947 celebran en Melilla sus bodas de oro advocados por San Juan Bautista

"Aquellos parvulitos nos disponíamos a iniciar nuestra formación de la mano de don Francisco, formación que continuaría a lo largo de diez años y en junio de 1957 terminamos el 6º de Bachillerato".

Publicada en InfoMelilla el 8 de junio de 2007

Rafael Imbroda Puerto

En el mes de octubre de 1947; en aquellos años las clases comenzaban el día uno de ese mes; un grupo de niños de cuatro años subían por primera vez la escalinata del Colegio de Nuestra Señora del Carmen de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Aquellos parvulitos nos disponíamos a iniciar nuestra formación de la mano de D. Francisco, formación que continuaría a lo largo de diez años y en junio de 1957 terminamos el 6º de Bachillerato y superamos la correspondiente Reválida, que por cierto a ninguno traumatizó.

Justo 50 años después, el sábado 9 de junio próximo, aquellos niños convertidos en “mozos maduros” volveremos a subir la inamovible escalinata que ha resistido desde entonces las huellas de cincuenta generaciones de alumnos lasalianos.

Ahora no formaremos al son de la campana porque hace ya mucho tiempo fue trasladada a Chafarinas donde siguió cumpliendo su misión en la Iglesia de la isla hasta que el estado del edificio obligó a su desmantelamiento y a un nuevo traslado a algún establecimiento militar de Regulares donde espero que siga tañendo.

Como aquella primera mañana del 47, nuestros ojos lo observarán todo, no con la curiosidad y expectación de entonces, sino con la quimérica esperanza de volver a encontrar cada cosa en su mismo sitio. Buscaremos el molino de viento que subía el agua del pozo que había en el rincón de Ingreso A, la puerta que daba al patio del frontón, las fuentes donde en los recreos saciábamos la sed después de los minutos locos de juegos y carreras, las sotanas negras y el babero blanco de los Hermanos que atentos vigilaban para que no hiciéramos demasiadas barbaridades… y recordaremos.

Recordaremos nuestro paso por las aulas. Primero por las del ala de Primaria desde Párvulos a Ingreso. Cuando años más tarde subimos a la primera planta para iniciar el Bachillerato, nos sentimos ya importantes. En Cuarto, nuevo cambio para ir al ala de los “abuelos” del Colegio para hacer el Bachiller Superior. Cada cambio era un ascenso de categoría y un motivo para mirar con superioridad a los “enanos”.

Las tablas de gimnasia ¡sueca!, a los acordes de la Marcha Militar de Schubert, y bajo la tutela del Teniente de Artillería y Profesor de Educación Física, D. Pablo Pérez Calderón...las formaciones extraordinarias ante alguna visita o acontecimiento importante: Don Angel Herrera Oria, los Altos comisarios, D. Rafael Alvarez Claro para imponer la Medalla de Oro de la ciudad al Colegio, el Hermano Visitador.

Las competiciones interclases de los domingos. Los festivales en la Plaza de Toros llena a rebosar, con motivo del Día de San Juan Bautista de La Salle, entonces entre Blancos y Azules, que no Amarillos como ahora.

A los Hermanos Justo, Wenceslao, Luis, Francisco, Bernardino, Martín, José, Lorenzo, Emiliano, Narciso, Modesto o Juan…Imposible recordar y nombrar a todos…

Y recordaremos, al fin, a los compañeros que quedaron en el camino y que aunque no puedan compartir estos días de hermandad y camaradería, siguen en nuestras mentes y estarán gozando de la presencia divina.

Cuando cada uno vuelva a su tierra, durante muchos días estará saboreando cada minuto de su estancia en Melilla y seguro que serán los mejores embajadores de la ciudad porque se sentirá orgulloso de haber nacido o vivido sus primeros años en ella. Melilla les habrá sorprendido con la transformación que ha sufrido en los últimos años convirtiéndose en una ciudad moderna, colorista, bonita, y que sobre todo preocupada por el cuidado de su patrimonio.

Con los abrazos de despedida intercambiaremos promesas y esperanzas de próximos encuentros y deseos de que, recuperados los lazos de amistad y compañerismo que aprendimos en las aulas de nuestro Colegio de Nuestra Señora del Carmen, perduren en el tiempo que Dios y la vida nos concedan.