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Humillado, Nazareno y Soledad, pendientes del tiempo

Melilla reza al Cielo para que la lluvia no acabe con la ilusión de los fieles cristianos en la noche de la Muerte de Jesús

Existe un 45 por ciento de posibilidad de chubascos débiles y moderados para toda la jornada del Viernes Santo, el mismo porcentaje de que salgan los cinco pasos procesionales de las cofradías melillenses.

Publicada en InfoMelilla el 6 de abril de 2007

Salvador Ramírez

Melilla vive pendiente del cielo y del Instituto Nacional de Meteorología (INM) y ni el aspecto del cielo y las previsiones oficiales hacen presagiar nada bueno.

La Soledad de Nuestra Señora, en Capilla
La Soledad de Nuestra Señora, en Capilla

Existe un 45 por ciento de posibilidad de chubascos débiles y moderados para toda la jornada del Viernes Santo, el mismo porcentaje de que salgan los cinco pasos procesionales de las cofradías melillenses.

Aún así, habrá que esperar. María Santísima de la Piedad suspira en su capilla de la Iglesia Castrense entre flores frescas y el fervor de sus fieles. Quiere seguir la estela sobria y elegante que dejó el pasado Martes Santo Jesús Humillado.

En la Plaza de Toros se contiene la respiración. La Cofradía del Nazareno sí que ha procesionado pero el meteoro ha cambiado desde el Miércoles Santo. Amanece el día de la Muerte de Jesús muy complicado.

Los hombres y mujeres de Marcelo Nogales, no obstante, tienen el perfecto estado de revista al Cristo del Socorro, Santo Entierro y María Santísima de los Dolores en su Soledad. Que salgan es otra cuestión. El valor artístico y patrimonial de las tallas de Melilla la Vieja, si no cambia el tiempo, desaconseja la salida.

Y en el Sagrado Corazón aún no se han secado las lágrimas de color cofrade del Jueves Santo cuando comparecen los nervios un día después. Se trata de la salida de un Sagrado Titular emblemático no sólo para la cofradía que dirige Kiko Calderón sino para toda una ciudad.

La Soledad de Nuestra Señora está guapísima, de riguroso luto, quiere salir y honrar su callejón, y quiere que le recen el Santo Rosario, en silencio, con la Avenida a oscuras, al redoble del timbal. Pero todo está por ver, habrá que rezar al Cielo, pero no al cielo de los nubarrones.