Reportaje

Ramón Rubí pone punto y final a una brillante carrera profesional en el Instituto Social de la Marina

Hombre de trabajo, deporte y familia; melillense ejemplar que ya disfruta del jubileo

Publicada en InfoMelilla el 20 de abril de 2007

Salvador Ramírez y Agustín García

El bueno de Ramón Rubí Mena se va del Instituto Social de la Marina (ISM). La ha llegado la jubilación a una buena persona, entusiasta, amigo, compañero y siempre fiel funcionario de la Administración Central del Estado.

Por eso la directora general del Instituto Social de la Marina, Pilar López-Rioboo Ansorena, no ha querido perderse la fiesta de despedida laboral de este ejemplar melillense y ha presidido el acto de la jubilación oficial.

Nadie ha faltado al adiós con el corazón. Ramón, con pantalones cortos y 13 años de edad, ingresó en el ISM el primero de junio de 1.955. Era el botones de la institución que, por aquel entonces, dependía de la Delegación Provincial de Málaga, era cuando Melilla era provincia de la capital de la Costa del Sol.

Ramón Rubí ha tenido muchos jefes. De todos conserva un inmejorable recuerdo. Pablo Martínez Cid, Juan López Miñano, Luis Pérez Gutiérrez, Mario Otero, José Luis Rivas Álvarez, Paco Verdugo, Esteban Olivares del Rey y, nuevamente, Paco Verdugo, su amigo.

Ha sido muy bonito verle a diario y será muy bonito volver a verle en compañía de su amigo Paco Verdugo, a las 11.00 horas, en El Puente del Mineral, tomando ese cafetito antes de seguir la jornada. Dos compañeros, trabajador y jefe, dos amigos, sintonizando en francachela y buenas formas, cada uno respirando por su poro propio pero, amigos incondicionales.

Rubí Mena conoció de sobra aquellas dependencias de la calle del Inspector Torralba, antigua Junta de Arbitrios de Melilla -Ayuntamiento de la época- y también las modernas instalaciones del exclusivo edificio de la avenida de la Marina Española.

Ramón ha sido y es amante del mundo del fútbol local, de la promoción humana de los chavales en la práctica deportiva. Ha cuidado de los chavalines que optaron por ser futbolistas y ha alimentado su ilusión por las prácticas sanas. Ha colaborado con el recordado y querido Tomás Cuenca.

Se va del trabajo porque tiene 65 años y no es legal seguir pero su impronta queda marcada a fuego en las paredes del Instituto Social de la Marina. Un lujo de jubilado melillense.