Opinión
Un hombre excepcional
Publicada en InfoMelilla el 6 de diciembre de 2007
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Eder Barandiaran, no del portal.
Lo era. Pueden creerme o no, pero lo era. Sé que no hay nada más fácil que hablar bien de los que ya no están, pero, en verdad, lo hago por convicción. Lo mucho o poco que hay de bueno en mí se lo debo a él. Gracias a él aprendí que nunca hay que rendirse ante las injusticias, que nunca se debe prejuzgar a nadie, y me regaló miles de ideas y valores que se erigieron en un muro que me ha hecho, desde siempre, ser impermeable a ideas nacionalistas, xenófobas, machistas o totalitarias.
Cuando somos niños vemos a nuestro padre como un héroe, un modelo a seguir. Por mucho que pasó el tiempo, yo siempre seguí viéndole de la misma manera. Ni siquiera en la edad del pavo, en esa adolescencia difícil que pasamos todos y que nos lleva en muchas ocasiones a rehuir de la compañía y consejos del progenitor, pude dejar de sentir admiración por él.
Vivió, como otros muchos españoles que nacieron en la posguerra, una niñez y una infancia difícil, llena de privaciones. Tuvo dejar los estudios, en los que siempre fue un alumno brillante, y ponerse a trabajar con tan sólo 14 años para poder contribuir así a sacar adelante a su familia. No obstante, siempre tuvo inquietudes culturales y prosiguió su formación de forma autodidacta, lo que hizo de él una persona sabia y prudente.
Defensor de causas perdidas, siempre fue un referente de sus compañeros de trabajo y entorno, y es que nunca le dolió prendas amparar a los más débiles y humildes. Recuerdo, aunque yo sólo era un niño, la vez paró toda la empresa hasta conseguir la readmisión de un compañero injustamente despedido.
Fue un hijo ejemplar, un marido íntegro y un padre perfecto. Todo el que le conoció guarda un buen recuerdo de él y de su característico sentido del humor, inteligente pero un tanto socarrón, con el que le quitaba hierro a esas bofetadas que a todos nos va dando la vida. Su buen corazón, que le hacía ser sensible e implicarse con los problemas, su forma de ser entregada, su manera desprendida con lo que implicaba bienes materiales… sin duda, mi madre tiene razón cuando dice que era demasiado bueno para estar en este mundo.
Precisamente, desde que ya no está, el mundo se ha vuelto un poco más gris y la vida merece la pena un poco menos ser vivida. De existir el cielo, cosa que desconozco, no me cabe duda de que estará allí, a la mano izquierda de dios, tirándole de la oreja por las injusticias que hay en este planeta y defendiendo a capa y espada a todos aquellos que no pueden hacerlo por su propia mano.
Él era más que mi padre, era mi confesor, mi asesor, mi punto de apoyo, mi referente, mi mejor amigo. Era un hombre excepcional. Hoy hace un año que se fue de este mundo. Como digo, de existir un cielo, si mi padre puede verme, espero que se sienta orgulloso de mí, aún sabiendo que nunca le llegaré a la suela del zapato.