Opinión
Corremos, inconscientes, hacia el abismo.
Publicada en InfoMelilla el 1 de junio de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
¿Por qué será que uno siente un regusto extraño, algo así como un sabor a componenda o a ménage a trois, en todo este tema de Ibarretche y su famoso referéndum? Lo cierto es que el inefable señor Ibarretche parece resurgido de sus cenizas, léase fracaso en las elecciones legislativas, para erigirse con más fuerza, con más desparpajo y con más temeridad, como el verdadero adalid de la independencia del país vasco. Claro que uno ya no sabe lo que en realidad se está cociendo en aquellas tierra de “super hombres” si debemos guiarnos por el magnífico concepto que de sí mismos tienen estos descendientes de guradis. En todo caso, desde la perspectiva de un simple ciudadano de a pie, que es la mía, no dejo de sorprenderme como, ante semejante desafío al Estado de Derecho, ante una tan descarada declaración de rebelión contra la unidad de España y una muestra del desprecio más absoluto por los principios democráticos que deberían regir en nuestra nación, el gobierno del señor Zapatero, el Parlamento en pleno y la fiscalía permanecen adormilados y apenas se les nota una pequeña reacción al contestar a los exabruptos del lehendakari con la tímida amenaza de acudir al TC.
En primer lugar, si nos debemos fiar de las últimas actuaciones del Alto Tribunal, más vale que lo dejemos aparte y optemos por otros caminos. ¿Cómo nos podemos fiar de una institución en la que sus componentes están dando muestras del más absoluto desprecio por la objetividad, donde se están despedazando los unos a los otros para conseguir mayorías de uno u otro signo político? Resulta deprimente que los encargados de hacer cumplir la Constitución se preocupen más de ayudar al Gobierno que de velar por la legalidad de las leyes. El caso del Estatut catalán es la muestra más palpable de cómo, mediante el retraso en decidir sobre su constitucionalidad, se va permitiendo que se vaya implantando, de hecho, en Catalunya, de forma que cuando salga de dicho tribunal ya va a ser imposible hacer desandar lo que ya se ha puesto en práctica.
No obstante, creo recordar que, en la propia Contitución de 1978, existen mecanismos apropiados para evitar que sucedan cosas como las que, por desgracia, estamos contemplando cada día en el país vasco. Si no fuera porque, en el fondo, estoy convencido de que el señor Rodríguez Zapatero tiene en mente la conversión de España en una nación federalizada; me sería imposible comprender como ha permitido que los del PNV y sus sicarios hayan adquirido la preponderancia y la desvergüenza que ya ni se molestan en disimular. ¿Cómo podemos consentir que se diga que España debe aceptar lo que quieran hacer con Euskadi y Navarra un puñado de separatistas que, en connivencia con ETA, pretenden desgajar una parte de nuestro país para convertirlo en otro de los paraísos comunistas? ¿Acaso no dice nuestra Carta Magna que España es indivisible? ¿Es que el resto de españoles, los del resto de regiones, no tenemos nada que decir al respecto?
Pero no debemos extrañarnos ni lamentarnos por el rumbo que está tomando nuestra nación, cuando, después de una legislatura de engaños, mentiras, descalificaciones, negociaciones espurias con ETA y cesiones a los nacionalistas catalanes, la ciudadanía vuelve a depositar su confianza en los mismos que han dado muestras de ser unos ineptos para gobernar. Lo que ocurre es que en el pecado llevamos la penitencia porque, precisamente ahora, apenas transcurridos unos meses de los comicios legislativos, están quedando desenmascarados aquellos que nos prometieron el oro y el moro para cuando accedieran al gobierno. Dijeron que España no sufriría crisis y, aquí la tenemos; dijeron que la crisis inmobiliaria no nos afectaría y vean las consecuencias; dijeron que España estaba mejor preparada que el resto de Europa y resulta que somos una de las que menos hemos crecido juntamente con otras naciones como Chipre; dijeron que no subiría el desempleo y ya nos rebosa por las narices; dijeron que se necesitaban más inmigrantes y ahora ya no sabemos que hacer con ellos; dijeron que creceríamos más de un 3% y ahora ya nos daríamos con un canto en la frente si pasáramos del 1’5%: Pero es que el señor ZP, erre que erre ,persiste en su contumacia y, sólo hace unos días, en el Parlamento volvió a ratificar que estábamos mejor que el resto de naciones de la CE. Ante tamaña cara dura no nos cabe más que pensar que todos nos estamos volviendo locos, que en España ya no hay orden ni concierto y que aquí ya no hay nadie capaz de hacer que se recobre la sensatez y de enderezarnos hacia el buen camino. Si en algún momento fuimos débiles y pensamos que Rajoy sería esta persona, vistos los acontecimientos de los últimos días, el cuarteamiento del PP y los nuevos aires de “reforma” que se han instalado entre los que han asumido el mando, creo que poco podemos esperar de ellos.
A la vista de los resultados que nos viene aportando la tan cacareada democracia, me temo que más de uno deberíamos reflexionar sobre cuales han sido las ventajas que nos ha reportado y si, teniendo en cuenta la idiosincrasia de los españoles; su resistencia a aceptar que otros nos digan lo que debemos hacer y su espíritu rebelde, estamos verdaderamente preparados para un tipo de gobierno de estas características. Ni el gobierno acepta las reglas que le dan carácter a la democracia, ni la oposición se comporta de una forma democrática en la elección de sus dirigentes ni, por supuesto, hay nadie que piense que, en España, exista una verdadera separación de poderes tal como propuso Montesquieu. El Ejecutivo se ha hecho con los tres y los ha fagocitado de modo que, en realidad, todo lo que se esta cociendo en este país, está sometido al poder omnímodo del partido socialista y de su gran chamán el señor Rodríguez Zapatero. En realidad, si queremos reconocerlo, podríamos decir que estamos en una democracia dictatorial, camino del Estado totalitario que propugnaban Lenin y Stalín. Sólo nos faltaba la recesión económica para acabar de rematar el sombrío panorama al que nos enfrentamos. Voltaire dijo: “Los males vienen volando y se alejan renqueando”.Pues eso.
Miguel Massanet Bosch