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El joven Juan Domínguez Lasierra se jubila en Heraldo de Aragón
Publicada en InfoMelilla el 12 de noviembre de 2008
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Pensar que Juan Domínguez Lasierra, mi maestro, (la minifoto dice Google que es de un diario de Melilla) ya no va a ir chaque journée a su puesto en Heraldo de Aragón, es algo extraño. Como si al Pilar le faltara una torre. "Pues ahora te llamarán de contertulio para la CARTV", le aliento sin pensar, ambos sentados en el banco del hall de Heraldo de Aragón mientras desfila la plantilla, como si de Cibeles se tratara. Se vuelve, me mira fijamente con esos ojos son como Rayos X y me dice: "Me llamaron ayer, Barranco. ¿Lo sabías?". Confieso que no; pero hay cuestiones que son predecibles.
Estuve a las órdenes de Juan Domínguez aunque yo no fui una becaria convencional porque quería estudiar arqueología y no periodismo. Pero allí descubrieron que se me daba bien escribir historias. A mi me gustaba más la radio entonces. Cosas de la edad. Tiene un veneno que había descubierto dos años antes en la COPE, con la genial Pepa Cabrera, Pepe Quílez y Plácido Serrano.
Pero las cosas vienen como vienen. El muy paciente Juan buscándome por la redacción - aquello era para mi un universo por explorar - para que le entregara los textos de Universidad, yo volviéndome loca con aquel sistema de maquetación en escalera que tenía Bandrés, en el que había que multiplicar por siete. Y la maldita curiosidad. Me acercaba a Trasobares, que era de los pocos que tenía ordenador (concordancia ad semsum, para los rijosos que critican mi redacción). El resto usaba máquina de escribir y yo me escapaba de la dulce burbuja de Juan para preguntar por enésima vez a Trasobares si era verdad que había militado en un partido que se se llamaba "Larga Marcha hacia la Revolución Socialista". Y cuando me empezaba a explicar sus batallas a mi me daban hipidos de risa y entonces me rescataba Juan y me ponía ante la máquina de escribir, intentar aprender algo de Picos Laguna, que era adorable, muy trabajadora e inteligente y estaba en Cultura también. Otras veces me escapaba a ver a un señor mayor que parecía estar embalsamado y lo miraba fijamente, hasta que Juan me echaba el lazo y aún tenía tiempo servidora mientras regresaba al córner de Cultura para darle con el codo a un interruptor, como quien no quiere la cosa, del cuadro que hizo un jubilado y que era muy grande, con el Ebro en primer plano y por el puente pasaba una burra con un baturro. Si le dabas al aciago interruptor sonaba una jota y el burro avanzaba por el puente a la vez que se encendían unas lucecillas. Juan venía a buscarme con cara de póker, pero con los años intuí que él se moría de risa al ver a la burra avanzar por el puente con el baturro encima al ritmo de la jota. Más de una vez he pensado en el amor con el que el jubilado hizo aquella obra de arte tan aragonesa y me corroe el arrepentimiento.
Juan me inspiraba las travesuras. Me enseño que los años no tienen que ver con la curiosidad o con romper las normas establecidas. Que la lectura es un fiel y tierno compromiso con la vida. Que los autores - José Antonio Rey del Corral- mueren, pero su obra no. Que todos somos más o menos iguales en esta vida y que un periodista de periódico, de los de ley, no madruga, porque tiene una vena bohemia que le hace crear por la noche. O lo que sea, vamos. Que tener una mujer como la suya, Ana María, vale un potosí y que a veces dos, codo a codo, son un millón malparafraseando a Benedetti.
Juan Domínguez Lasierra es capacidad intelectual, ironía, ingenio y buena gente. Podría ser mala gente pero es demasiado inteligente para molestarse en serlo. Es faltón y políticamente incorrecto. Y un maestro de la vida, del periodismo de autor (del que se enseñaba antes como oficio). Es un gran escritor, un esteta y un excelente periodista. Como dirían los canarios, Juan Domínguez Lasierra "es mucho".
Publicado por Pilar Barranco