Opinión

El matriarcado en el PP catalán.

Publicada en InfoMelilla el 7 de julio de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Me temo que tenemos a la vista un espectáculo bastante divertido y edificante. Vamos a tener ocasión de presenciarlo, a no mucho tardar, si, como parece evidente, las féminas se hacen con el poder. Hasta ahora las batallas políticas, fundamentalmente, se venían librando, en esta tierra de María Santísima, entre políticos del sexo masculino o lo que, traducido al lenguaje femenino, seguramente sería “entre machistas”. Sin embargo, vean ustedes por donde, se han vuelto las tornas, y hemos entrado en una nueva era donde el protagonismo femenino se está convirtiendo en el leiv motive de la política y, ningún partido que se precie, puede olvidarse de hacerle el debido rendez–vous a su elenco de mujeres que, rindiendo pleitesía a la famosa ley de “la paridad de géneros”, tienen asegurados sus puestos, no precisamente por su inteligencia, preparación, conocimientos y facultades precisas para ser unas buenas dirigentes y unas excelentes administradoras de la confianza de los que les conceden sus votos, sino, a causa de esta chabacanería a la que se denomina “listas cerradas”, en virtud de las cuales cualquier persona, aunque que sólo pueda acreditar ser del sexo contrario al masculino, ya tiene patente de corso para ser incluida entre los elegibles. Claro que, a la vista de lo que ha ocurrido en el PSOE, las consecuencias pueden llegar a ser alucinantes.

No quiero entrar en disquisiciones sobre si en la mentada paridad entrarían, como hombres o como mujeres, esta boyante y desbordante pléyade compuesta por aquellos que tienen sus dudas a cerca del sexo que les corresponde. Sería muy conveniente, visto el cariz que va tomando esto de los matrimonios entre homosexuales y lesbianas, la nueva modalidad de travestidos y de Drag Quins; que los tribunales determinasen en qué lado de la paridad han de incluirse o, si se tiene que establecer una paridad a cuatro o a cinco para que cada “sexo”, original o adquirido, se sienta perfectamente representado y no se tenga por marginado.

En cualquier caso, lo que estamos comenzando a advertir ahora, en el campo de las mujeres, es que, el antiguo resentimiento contra los hombres, sus reivindicaciones antimachistas y sus retahílas de agravios comparativos contra el género masculino, si bien persisten; están comenzando a desviarse hacia sus propias congéneres que, vista la masiva presencia que van consiguiendo en todas las profesiones, en todos los tipos de industrias y en toda clase de ocupaciones, incluido el Ejército, la Seguridad Pública y la política; empiezan a ser consideradas, no tanto como compañeras de la lucha contra el hombre, sino como posibles competidoras, rivales y obstáculos que se empiezan a interponer en sus particulares ambiciones. Que Rajoy se ha trasmutado en un moderno Don Juan y que le ha cogido el gusto a verse rodeado de mujeres, bellas a ser posible, parece incuestionable; que quienes están cortando el bacalao en el PP con la plena aquiescencia de los barones son las mujeres, resulta palmario y que, alcanzadas sus aspiraciones en su lucha contra la “opresión” masculina, ahora las pizpiretas féminas del partido se están empezando a darse cuenta de que, algunas de sus compañeras de filas, les están segando la hierba de debajo de sus estilizados pies, no hay quien lo pueda negar.

Así las cosas no debemos extrañarnos que, después de la cacicada de Rajoy imponiendo a Alicia Sánchez Camacho como candidata a la presidencia del PPC, la única que se haya opuesto frontalmente al deseo del Presidente del partido haya sido la señora Montserrat Negrera. Los hombres, Sirera y Fernández Diaz, supongo que incapaces a resistirse a sus impilsos caballerescos, han preferido retirarse por el foro, aunque, entre los dos, tenían suficiente número de compromisarios para aspirar al cargo. Pero, por mucho que las mujeres se quieran equiparar a los hombres tienen particularidades, tics, tendencias y tácticas que las distinguen diametralmente de los hombres; aunque, en ninguna manera, se las pueda considerar menos peligrosas a la hora de hacer la zancadilla a su adversario. Así la señora Negrera ha confesado paladinamente que intentó desacreditar en Libertad Digital al señor Sirera que primero se mostró muy duro en sus declaraciones a aquel medio y, finalmente, se presentó como centrista de toda la vida. Pero no fue menos clemente con su adversaria la señora Camacho, denunciando en Madrid la arbitrariedad de Rajoy al imponerla como candidata. Se ha quejado de que, desde Madrid se haya agostado la “necesaria” confrontación entre candidatos (¡como si no se supiera como funciona la democracia en los partidos!) No sé si será un error de la redacción pero, según parece ha dicho algo desconcertante: “Quiero creer que hasta el final mi presidente va a ser imparcial “. Pero, señora mía, si Rajoy es un caballero que no ha dudado en defenestrar a la señor San Gil cómo va a tener reparos deshacerse de usted que tiene menos relieve e influencia. No parece que pueda dudarse de su facilidad para cometer deslealtad si se tiene en cuenta la forma poco ortodoxa con la que ha utilizado los votos que le otorgamos, traicionando los valores y principios que se comprometió a defender. Lo que sucede es que, tampoco usted es trigo limpio, porque su querencia hacia el catalanismo la incapacitan para representar dignamente a las bases del PP. Al menos a las que los votaron.

Pero no se pierdan a la señora Camacho que tampoco se ha quedado corta y que reivindica su catalanidad, afirmando que es “evidente” su trayectoria dentro del PP en Girona (donde perdió sin paliativos) desde antes de que llegara Negrera. Un duelo entre damas. Las dos presumiendo de catalanidad; la una renegando del consenso y la otra apoyándose en él y, entre tirios y troyanos, unas bases desmoralizadas, perplejas, desorientadas y estupefactas al ver que la época, que todos daban por superada, del gobierno del señor Piqué, ahora se reproduce de nuevo sólo que, esta vez, se van a partir los cuernos dos mujeres que, por si fuera poco, todavía presumen de ser más catalanistas que nadie. Menuda perspectiva, un PP catalanizado, defensor del idioma vernáculo y que se desentiende de los problemas de los castellano parlantes, tanto en el ámbito de la comunicación verbal como en el educativo. ¡Vivir para ver! Es obvio que, siguiendo esta línea de acercamiento a los independentistas, nunca el PPC se va a comer una rosca en las elecciones, tanto generales como municipales y autonómicas. Ellos se lo pierden.

Miguel Massanet Bosch