Opinión
El problema de las subsistencias en Melilla (1916-1918)
Publicada en InfoMelilla el 11 de septiembre de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Como escribíamos en el artículo “Paulino Díez y el movimiento obrero en Melilla” aparecido en esta Gaceta del Telegrama el domingo 21 de mayo de 2006, los efectos de la Primera Guerra Mundial produjeron en España una grave crisis social que se unió a la grave crisis que vivía el sistema político de la Restauración.
Melilla también vivió esta doble crisis pero, dada sus peculiaridades geopolíticas y administrativas, dicha crisis tuvo características propias.
La Junta de Subsistencias
La gran demanda y los elevados precios que pagaban los países beligerantes en la Gran Guerra motivaron el desvío a la exportación de la mayor parte de la producción nacional de alimentos, generando una gran inflación y llegando a producirse problemas de desabastecimiento. En Melilla el problema se agravó por la necesidad de importar de la Península gran parte de los productos de primera necesidad, lo que los encarecía, y por la reexportación tanto legal como ilegal de dichos productos a Argelia y la zona francesa de Marruecos.
Tanto en las memorias de Paulino Díez como en las páginas del Telegrama del Rif se denunciaba este contrabando a las zonas francesas de Marruecos y Argelia contrabando que acentuaba el desabastecimiento y el encarecimiento de los productos. Díez acusaba a las autoridades melillenses de amparar dicho tráfico ilícito y en un discurso parlamentario de Indalecio Prieto con motivo del debate sobre el Desastre de Annual, también se acusa a las autoridades melillenses de amparar el contrabando de suministros para los guerrilleros marroquíes que luchaban contra Francia coincidiendo con la Primera Guerra Mundial.
El Telegrama, por el contrario, en varios artículos que dedica al tema alaba la actuación de las autoridades pero se lamenta de la falta de medios para combatir dicho tráfico que cifra muy importante. En el artículo “Las subsistencias y el contrabando” del 14-12-1917, se señalan los procedimientos utilizados para realizar este contrabando, que iban desde el pequeño contrabando realizado por particulares hasta los grandes cargamentos de buques y caravanas que se desviaban a las zonas bajo control francés.
La respuesta de las autoridades a este problema de las subsistencias fue la creación a nivel nacional de unas Juntas de Subsistencias (ley de 14 de febrero de 1915). La de Melilla estuvo presidida por el General Monteverde que era, también, presidente de la Junta de Arbitrios. En la junta participaban vocales de la Junta de Arbitrios y según lo que se iba a tratar se convocaban a personas vinculadas al tema en cuestión que daban su opinión técnica sobre el asunto. En principio sus sesiones no eran públicas pero con la llegada de un representante de las sociedades obreras se dio carácter público a sus sesiones. La junta se ocupaba de fijar precios y disponer medidas que aseguraran el suministro de productos de primera necesidad. Por ejemplo, el 2 de noviembre de 1917, la Junta fijo los siguientes precios para el pescado: Atún grande 1,50 pts el kilo. Aguja 0,30 pts kilo. Boquerón fresco 0,60 y boquerón de ayer 0,40 pts kilo. Cigalas (piezas) 2,50 y tortuga 0,50 pts el kilo. El pan era otra prioridad en la alimentación de las clases más desfavorecidas por lo que su precio era un problema de primera magnitud. Así, se fijó el precio del pan blanco de familia en 0,55 pts el kilo y la pieza de 400 gr a 0,25. Otro grave problema al que tuvieron que enfrentarse las autoridades melillenses fue al de la falta de carbón para mantener la producción de la central eléctrica en los mínimos que aseguraran el abastecimiento de energía eléctrica a la ciudad. La situación llegó a tales proporciones que no bastaron los apagones y las restricciones del suministro eléctrico por lo que a finales de 1917 hubo que ordenar el cierre anticipado de comercios y negocios para que no consumieran electricidad. El desabastecimiento de Melilla se hacía más grave por la llegada masiva de inmigrantes procedentes de la Península. El 11 de julio de 1916 un editorial del Telegrama del Rif titulado “En Melilla no hay trabajo” se hacía eco de este problema señalando la necesidad de frenar esta afluencia incontrolada de inmigrantes.
La situación de Melilla era tan precaria en algunos aspectos que el cable submarino de telégrafos llevaba averiado desde septiembre de 1914 sin que se hiciera nada para repararlo, por lo que las comunicaciones telegráficas normales estaban suspendidas, salvo los telegramas urgentes que se enviaban por la estación de telegrafía sin hilos del ejército. En septiembre de 1916 se amplió este servicio a los telegramas normales pero sin reparar el cable por lo que a instancias de Pablo Vallescá se celebró un mitin en el teatro Victoria el domingo 10 de septiembre de 1916 en demanda de la reparación de dicho cable. Según el Telegrama del Rif el mitin fue un éxito de público estando representadas todas las clases sociales. Presidió Pablo Vallescá y tras el mitin se redactó un manifiesto que fue llevado a la Comandancia General. Con motivo del mitin y a petición de los organizadores se cerraron todos los establecimientos y comercios durante la duración del mismo en lo que podríamos llamar una “huelga general”. En el Telegrama del Rif del día 10 se publicó un editorial referido al tema del cable en el que se podía leer: “Si en lugar de tratarse de una plaza en las condiciones de la nuestra, gozáramos de la plenitud de derechos y fuera posible exteriorizar cierta forma de protesta; si en el parlamento tuviéramos representante que elevara sus quejas fundadísimas y laborase con verdadero calor por lo que interesa a todas las clases sociales, ya se habría puesto remedio a una situación insostenible”.
La junta de árbitros
La Junta de Subsistencia, al emanar de la Junta de Arbitrios, heredaba sus defectos como eran su falta de representatividad de la ciudadanía melillense y su déficit democrático evidenciado en la forma en que se designaban los vocales de la Junta de Arbitrios. Unos eran vocales natos elegidos por el mando militar y otros eran elegidos por los gremios en elecciones internas sin participación de la ciudadanía en su conjunto.
En enero de 1916, en el Telegrama se vuelven a publicar artículos y manifiestos hechos públicos con anterioridad y en los que se reivindicaba una adecuación del reglamento de la Junta de Arbitrios a los nuevos tiempos y a la nueva realidad de la ciudad. Esto sería un primer paso hacia la consecución de un ayuntamiento y la circunscripción electoral que diera a Melilla voz propia en la Cortes de la Nación. El 3 de enero se publica una circular de 22 de enero de 1912 firmada por Manuel Ferrer, Roberto Cano, Cándido Lobera, Manuel Becerra y Pablo Vallescá, dirigida al Presidente del Consejo de Ministros en que se solicita la circunscripción electoral y el ayuntamiento.
Para el domingo 2 de diciembre de 1917 se realizaron elecciones para los vocales de los gremios de la Junta de Arbitrios. El domingo 21 de octubre se proclamaron los candidatos en una reunión en el salón Imperial. Por los comerciantes fueron José Salama y Rogelio Navarrete. Por los industriales José Sirera y José Parres y por los agricultores Francisco Serrano. En diversos editoriales firmados por Cándido Lobera, se critican estas elecciones por la falta de una normativa clara para llevarlas a cabo y efectuar los censos electorales de los gremios. Finalmente los electores fueron: 745 comerciantes que votarían en el teatro Reina Victoria. 832 industriales que votarían en el salón Imperial y 64 agricultores que votarían salón Kursaal. 1641 votantes en una ciudad que rondaba los 40000 habitantes.
El movimiento obrero y sus reivindicaciones
La crisis de subsistencias que afectaba a toda España, se vio agravada en Melilla por la ralentización de las operaciones militares en Marruecos y la falta de fondos para continuar o comenzar obras públicas que absorbían mucha mano de obra. El encarecimiento de la vida, muy por encima de los salarios, hacía prácticamente imposible a los obreros mantener a sus familias y hasta el Telegrama del Rif, un periódico nada sospechoso de ser izquierdista, se solidarizó en algunos artículos con los obreros y sus reivindicaciones. El domingo 18-11-1917, coincidiendo con un mitin obrero, aparece el artículo “Como se vive en Melilla” en el que se hace un estudio de las condiciones de vida de una familia obrera tipo compuesta del matrimonio y tres hijos. Según el Telegrama sus gastos serían: alquiler 17,50 pts, alumbrado (media vela al día) 0,15 pts, tabaco, para el padre, 0,10 pts, tres lavados al mes con dos barras de jabón 4,80 pts. Total 22,55 pts. Los gastos de comida al día serían: kilo y medio de pan 0,85 pts, cuarto litro de aceite 0,40 pts, carbón (para la cocina) 1 kilo 0,20, especias 0,10, un kilo de patatas 0,40 pts, tres cuartos de kilo de judías 0,60 y un kilo de sardinas 0,60. Total diario 3,15 pts. En un mes sumaban 93,50 más las otras 22,55 son 116,05 pesetas. Si un jornalero cobraba 3,25 pts al día por los 26 días que se solía trabajar al mes dan 84,20 pts, lo que arrojaba un saldo negativo de 31,85 pts. La cosa tampoco mejoraba para obreros más cualificados ya que un capataz ganaba 5 pts al día y un “empleado modesto” 175 pts al mes.
Paulino Díez cuenta en su autobiografía que en 1912 y en la tertulia del Café “La Peña”, centro de reunión de los melillenses de izquierda, se fraguó la idea de crear en Melilla sindicatos, aunque en un principio hubo que denominarlos sociedades de socorros mutuos ya que la autoridad militar se negaba a autorizar la creación de sindicatos. Para 1917 las sociedades obreras de Melilla están organizadas e inician una campaña en defensa de sus reivindicaciones. El domingo 18-11-1917, se organizó un mitin en el teatro General Villalba del Real. Presidieron Paulino Díez de la sociedad de carpinteros, José Pérez de oficios varios y actuaba de secretario Joaquín Sánchez Sánchez. Tomaron la palabra Joaquín Sarrió por los zapateros, Felipe Torres por los panaderos y Victoriano Mairena por oficios varios. El inspector Francisco del Prado actuó de representante de la autoridad. De la mesa presidencial se colgó un cartel con el lema: “PAN Y TRABAJO”.
Según la crónica del acto aparecida en el Telegrama del martes 20, el teatro estaba totalmente abarrotado cifrándose en unas 900 a 1000 personas los asistentes, entre ellos obreros y empleados. Por esta crónica conocemos los nombres de algunas sociedades obreras melillenses. Así, la sociedad de carpinteros se llamaba “La Unión Africana”. En mayo de 1916 se creó la sociedad de arrumbadores y lancheros que se llamaba “Unión Africana”. Los lancheros y arrumbadores se declararon en huelga el 17 de mayo de 1916 y se mantuvo el conflicto hasta el 24 del mismo mes. La sociedad de oficios varios se llamaba “La Unión Terrestre”. La de canteros se llamaba “La Roca” y la de panaderos “El Progreso”.
El 26 de mayo de 1916 se creó la Sociedad de Maestros Sastres. Su primer presidente fue Ricardo Fius que tenía una sastrería en la Avenida. Fius militó en el Partido Republicano Federal. Fue elegido concejal en abril de 1931 y ejercía de Alcalde accidental el 17 de julio de 1936, día en que nuestra ciudad fue ocupada por las tropas franquistas, sublevadas contra el legítimo gobierno de España y encabezadas, entre otros, por el, entonces, comandante Mizzian. Fius fue detenido y conducido al campo de concentración de Zeluan, convirtiéndose en uno más de los muchos hombres y mujeres melillenses víctimas del franquismo. En cuanto al número de afiliados a estos sindicatos tenemos el dato de los obreros melillenses representados en el II Congreso de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid del 10 al 17 de diciembre de 1919. Según los datos del congreso en Melilla había 2500 obreros afiliados a las sociedades obreras, aunque no todas las sociedades estarían federadas en la C.N.T. Paulino Díez, aunque formaba parte de la delegación andaluza, representó a los trabajadores melillenses en dicho congreso.
En el mitin se aprobó una serie de reivindicaciones que se plasmaron en un manifiesto. Estas reivindicaciones eran:
- Solicitar un representante obrero en la Junta de Subsistencia.
- Control sobre almacenistas y acaparadores para que no alteraran los precios fijados por la Junta de Subsistencias.
- Incautar los productos si era necesario.
- Obligar a los dueños de los locales a edificarlos si estaban cedidos a canon.
- Rebajar los arbitrios a los materiales de construcción y elevar el de los artículos de lujo.
- Generar puestos de trabajo con obras públicas.
- Exigir que se higienizaran las viviendas y rebaja de los alquileres para que se fijaran en función del sueldo obrero entre un 30% o un 40% del sueldo medio.
- Exigir el cumplimiento de la Ley de Trabajo de Mujeres y Niños. El 22 de julio de 1916, el Telegrama recoge la noticia de que una niña de once años que trabajaba de sirvienta en el pabellón de la farmacia militar del campamento de Nador fue atropellada al ir a realizar unos recados.
- Prohibición de exportación a la zona francesa. Por otro lado en el mitin se pidió la unidad obrera y la colaboración de las entidades ciudadanas para solucionar los problemas de las subsistencias y el paro.
El Telegrama del Rif dedicó el siguiente comentario del mitin:
“Se trata de un acto simpático y viril. No es posible resignarse ante el encarecimiento de la vida, que si para todos es difícil, para los obreros punto menos que imposible.
Lo lamentable es que con protestas nada práctico pueda conseguirse ya que Melilla, como país importador, sufre las consecuencias de la carestía general, agravada por elevado precio de los fletes.
El pueblo debería proclamar, como el día pasado decíamos, que el derecho a la vida debe anteponerse al derecho al libre tráfico”.
Esta simpatía del Telegrama con los obreros melillenses tal vez estaba motivada por que las sociedades obreras se habían unido a la plataforma ciudadana que se había creado por iniciativa de Pablo Vallescá, presidente de la Cámara de Comercio. Esta plataforma debía estudiar los problemas de la ciudad y hacer público un comunicado con las reivindicaciones más urgentes de Melilla. Este comunicado se publicó en el Telegrama del Rif el 10-01-1918.
Con todo, el 29-11-1917 se anuncia que a consecuencia del “último mitin”, se dará entrada a un obrero en la Junta de Subsistencia.
Paulino Díez resultó elegido representante obrero en la Junta de Subsistencias en un mitin celebrado el domingo 23 de diciembre de 1917. Participó por primera vez en las sesiones de la Junta 26-12-1917 y acabó dimitiendo el 21 de enero de 1918 en señal de protesta por la nula actuación de las autoridades en la represión del contrabando de productos de primera necesidad a la zona francesa.
Vemos que enmarcada en la crisis general que vivía España, en Melilla se dieron condicionantes propios a la vez que la sociedad civil melillense se implicó en un movimiento tendente a equiparar, administrativa y políticamente, nuestra ciudad al resto de la Nación.
Por Carlos Esquembri Hinojo, de la Aasociación de Estudios Melillenses