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Guelaya asegura que el diseño "de hormigón" de Melilla favorece las inundaciones y riadas de los últimos días

Los ecologistas abogan por crear un urbanismo más adecuado a la geografía de la ciudad basada en grandes desniveles y poca cuenca hidrográfica

Publicada en InfoMelilla el 30 de septiembre de 2008

Carmen Gaona Sáez

Las fuertes lluvias producidas en los últimos días fortalece, en opinión de Guelaya-Ecologistas en Acción, la teoría del “nefasto” diseño de la ciudad que “cada vez se basa más en el hormigón”. Así lo han asegurado los ecologistas que recuerdan que, a pesar de las “costosísimas” obras de saneamiento llevadas a cabo en los últimos años, éstas siguen siendo insuficientes para evacuar toda el agua caída como consecuencia de la concepción urbanística de la ciudad, que “es defectuosa en este sentido”.

Guelaya asegura que los nuevos barrios, carreteras y otras soluciones con piso de cemento como la nueva feria, implica que cada gota de agua que cae no sea absorbida por la tierra y deba ser evacuada por medios artificiales. En el caso de la nueva explanada de la feria, asegura, en una noche de lluvia como las pasadas puede emitir al alcantarillado más de tres millones de litros de agua.

Un ejemplo de esto ha sido la zona de Huerta Salama, donde Guelaya recuerda que se han construido urbanizaciones “sin dejar espacios abiertos de tierra que absorban el agua de lluvia hacia los acuiferos, y los muros como el de La Granja o la urbanización de la Base Alfonso XIII no hacen sino agravar el problema”. Pero el asunto empeora, ya que “las carreteras previstas en esa zona agravarán todavía más el problema de las inundaciones”.

Mención a parte merece el centro de la ciudad, que se sigue inundando por las mismas causas a pesar de las obras de saneamiento, y cuyas riadas, aseguran los ecologistas, “pueden ser catastróficas si los barrancos de Cabrerizas y de Horcas Coloradas se entuban y hormigonan tal y como pide la ciudad a la Confederación Hidrográfica”. Y es que el efecto de 'esponja' que hacen estos espacios, “desaparecería y todo el agua caída iría a parar al alcantarillado de la ciudad agravando las inundaciones”.

Del mismo modo, Guelaya advierte que el agua que inunda las calles tiene un alto contenido en tierra, algo que “se debe a no tener la necesaria cobertura vegetal que agarraría la tierra para no dejarla erosionar. La ciudad sigue en su política de no vigilar el poco terreno rural que nos queda, permitiendo y fomentando construcciones y actividades perjudiciales para el terreno que pueden tener graves consecuencias y costos ambientales y económicos. Estamos viendo en pocos años como el casco urbano está llegando a la misma valla fronteriza y se talan cientos de árboles para hacer aparcamientos, cuarteles y carreteras, el resto que no se hormigona pasa a ser zonas de vertidos o campos de prueba para los todo terreno asegurando su destrucción para luego poder ser urbanizada”, aseguran.

A la vista de todo esto, Guelaya aboga por crear un urbanismo más adecuado a la geografía de la ciudad basada en grandes desniveles y poca cuenca hidrográfica, “teniendo en cuenta el fenómeno del cambio climático que parece ser que la ciudad no quiere darse por enterada”.

Por último, los ecologistas han recordado que ya han presentado “más de mil firmas exigiendo un cambio en la política urbanística para que se creen más zonas verdes, que no grises, y respetando un cinturón verde en toda la ciudad cubriendo de vegetación autóctona toda su superficie. Es urgente que los ciudadanos se conciencien y tomen las decisiones sobre el diseño de su ciudad y no la dejen en las manos de políticos y especuladores”, ha asegurado.