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Guelaya pide a la Ciudad Autónoma la realización de un estudio epidemiológico de las emisiones de la planta incineradora
Tras conocer los resultados del estudio realizado por el Instituto de Vigilancia Sanitaria de Francia sobre la incidencia de cánceres en las proximidades de las incineradoras
Publicada en InfoMelilla el 14 de abril de 2008
La asociación Guelaya Ecologistas en Acción ha anunciado su intención de solicitar a la Ciudad Autónoma la realización de un estudio epidemiológico para investigar la incidencia de ciertas enfermedades en Melilla que pudieran estar relacionadas con las emisiones contaminantes de la planta incineradora.
Esta petición se hace tras conocer los resultados del estudio realizado por el Instituto de Vigilancia Sanitaria de Francia sobre la incidencia de cánceres en las proximidades de las incineradoras. Según Guelaya, el estudio alarma sobre una mayor incidencia de riesgo de cáncer en las poblaciones cercanas a estas instalaciones.
En este sentido, asegura que existen ciertos tumores como los mielomas múltiples en hombres y sarcomas de tejidos blandos que conllevan una incidencia superior al 20 por ciento, y otros tumores como linfomas malignos no Hodgkin, cáncer de seno en mujeres y mielomas múltiples en los dos sexos dan incidencias entre el 5 y el 20 por ciento superior con respecto a la población en general. El estudio recuerda que este tipo de tumores tienen una latencia de varios años por lo que hablamos de una situación pasada, entre 1990 y 1999, y se necesita seguir estudiando este fenómeno en la actualidad.
Dada la naturaleza probabilística de los tumores, Guelaya considera que “nunca se puede establecer una causalidad cien por cien, pero lo que ya parece saberse que la incidencia en ciertas enfermedades en las poblaciones cercanas a las incineradoras es superior a la media”.
El colectivo ecologista recuerda que las incineradoras emiten ciertos compuestos, como las dioxinas y furanos, que se pueden catalogar como los más tóxicos que se conocen. La incineradora de Melilla, asegura, cuya gestión depende de una empresa de la Ciudad Autónoma, aún pudiendo mantener unos niveles dentro de la legislación vigente, siguen siendo peligrosas para la salud, ya que se tratan de elementos bioacumulativos no eliminables por el cuerpo humano.
“Esto quiere decir que desde el año 82 que se puso en funcionamiento la antigua planta incineradora hasta la actualidad, los ciudadanos de Melilla han podido estar acumulando estos tóxicos en sus tejidos”, asegura.
A diferencia de las incineradoras en otras partes de Europa donde están alejadas de los núcleos urbanos por varios kilómetros, la de Melilla, recuerda Guelaya, está embutida en su casco urbano “lo que la puede hacer más arriesgada en cuanto que la exposición es mayor”. Por otro lado aunque puedan estar disminuyendo las emisiones de ciertos componentes volátiles por metro cúbico, “la incineradora cada vez quema mayor volumen de basuras al año, esto quiere decir que aún bajando las emisiones relativas, las emisiones totales pueden estar siendo superiores”.