Opinión
La puntilla para rematar la faena: el desempleo
Publicada en InfoMelilla el 7 de agosto de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
La noticia es escueta, lamentable y, vista desde la perspectiva social preocupante, alarmante y, por qué no decirlo, indignante. El paro en España ha sufrido un repunte de un 23’1% durante el último año, que traducido a cifras representa la friolera de 456.578 personas más. Es obvio que no se le puede achacar al Gobierno que, en EE.UU, se produjera un derrumbe de la construcción debido al abuso por parte de las entidades financieras de lo que fueron definidas como hipotecas sub prime. Sin embargo, ya hace un año existían factores lo suficientemente indicativos de que la famosa burbuja inmobiliaria estaba llegando a su punto crítico. Por supuesto que las entidades crediticias no fueron ajenas, en absoluto, a que se llegara a tal grado de saturación al contribuir con sus valoraciones exageradas y sobredimensionadas del valor de los inmuebles (basadas más en esperanzas de futuro que en tasaciones fundamentadas en el verdadero valor de las edificaciones) a que las empresas asumieran riesgos para los que no estaban preparadas. Esto llevó a que las promotoras cada vez trabajasen con mayores endeudamientos que, a la vez, se traducían en mayores inversiones en suelo o lo que es lo mismo, en términos contables, en inmovilizado. Mientras la tendencia de las ventas fuera positiva toda esta cadena de créditos, construcción y ventas se iba financiando por si sola y los beneficios de las inmobiliarias y de los prestamistas iban viento en popa; no obstante, si las ventas disminuían o se estancaban, entonces la falta de liquidez y los intereses de los créditos ( con grandes dificultades para renegociarlos) podían fácilmente ahogarlas y llevarlas a la quiebra.
Incluso un gobierno tan satisfecho de sí mismo como el del señor Zapatero y un vicepresidente del gobierno tan abúlico como el señor Solbes, debieron de estar advertidos del peligro que una situación, tan cogida por los pelos, podía traer para una nación, como España, dependiente endémicamente de dos motores: la construcción y el turismo. Por supuesto que nadie se podía fiar de que, las sucesivas ministras de la Vivienda (a cual más inepta y desinformada sobre los problemas reales de la vivienda), y más preocupadas por cubrir el expediente mediante ofertas de viviendas protegidas cuando, en realidad, sus facultades habían sido, en su mayor parte, transferidas a las comunidades autónomas, que eran quienes, en su caso, deberían tomar las decisiones oportunas sobre la edificación de viviendas protegidas. Si dejamos aparte las perogrulladas del señor Chávez de Andalucía, que prometía la construcción de 100.000 nuevas viviendas sin tener idea de dónde iba a conseguir la financiación ni disponer de la consiguiente infraestructura para meterse en semejante berenjenal; cuando ha sido la hora de la verdad, tanto han bajado las viviendas de oferta libre como las subvencionadas.
Sin embargo, el factor más incendiario de esta crisis de la construcción es su repercusión en el gran número de trabajadores que dependían de que este sector continuara vivo. No sólo los que participaban directamente en la construcción, sino muchos cientos de miles que, de forma indirecta, estaban relacionados con ella han sufrido en sus carnes el zarpazo de la crisis. Todavía recuerdo a algunos ilusos del sector del Turismo que se creían que ellos iban a salir indemnes del bache económico. Resulta inverosímil el comprobar como personajes que ocupan altos cargos en la esfera de la empresa privada puedan cometer errores de bulto como, el despreciar la interconexión de todas las ramas productivas tanto en los tiempos de bonanza económica como en aquellos de vacas flacas. Si hay paro en la construcción, lo hay en las industrias auxiliares que, a la vez, se nutren para su funcionamiento de las que las surten de la maquinaria adecuada y estas de otras y así podríamos continuar con toda una serie de enlaces que, al final, resulta que, como nuestras neuronas, tienen sus propias sinapsis que los relacionan entre sí.
Si una persona está en paro, aunque perciba el subsidio de desempleo, lo primero que hace es suprimir gastos superfluos y, si no percibe subsidio alguno, como es muy posible que pase con cientos de miles de inmigrantes que no tienen papeles y que trabajaban ilegalmente en trabajos de recogida de frutas y otros similares, lo que puede ocurrir es que entren en la miseria y, ante una situación de penuria nadie se puede escandalizar si, para vivir, acuden al robo, al atraco o incluso a delitos de mayor entidad. ¡Todo un reto para el Gobierno!, que, al parecer, no tiene idea del camino que deberá tomar para enmendar su gravísimo error, basado en la pura demagogia, de dejar que España se convirtiera en el principal refugio para cualquier inmigrante que, con papeles o sin ellos, arribase a nuestras costas. Si se opta por repatriar, los países que se deshicieron de la población sobrante protestarán; si se opta por querer reciclarlos es posible que, en esta situación de recesión, no se disponga de medios para poderlo hacer; si se opta por desentenderse del problema, no sería raro que, de aquí a unos meses, estas bolsas de individuos insatisfechos, apretados por la necesidad y desesperados al comprobar que alguien los engañó cuando les pintó a nuestra nación como el país de Jauja, opten por ponerle difíciles las cosas al Gobierno y éste se encuentre entre la espada y la pared y sin recursos para solucionar el problema.
Resulta altamente descorazonador contemplar como, nuestra vicepresidenta, la señora De la Vega, todavía se cree que estamos en los tiempos de las vacas gordas y se dedica a pasearse por Hispano América presumiendo de Epulón, cuando, la realidad es que, lo que vamos a necesitar ya, es aumentar nuestro endeudamiento exterior aunque, para ello, tengamos que pagar el dinero carísimo a causa de un Euroíbor al 5’39%. Si, señores, este vector que según el señor Zapatero dependía de la voluntad de BCE. Lo malo es que, aunque queramos endeudarnos aun más, es muy posible que, dada la valoración que se hace de nuestro país en los estamentos financieros de los otros países europeos y, por supuesto, en EE.UU, es muy probable que no haya ninguno de ellos que esté dispuesto a correr semejante riesgo.
Una mala noticia, sí señor. Y, para acabar de redondear este triste escenario, las previsiones – ahora hasta el mismo Gobierno se apunta al pesimismo – no pueden ser más desalentadoras, porque ya no se habla de crecimiento del PIB del 1’6% ni del 1%; no señores, ahora ya nos daríamos con un canto en los dientes con tal de que no fuera negativo.¡ Lo que hay del antes al después, de la fanfarronería de Fanfan la Tulipe a la humillación del Napoleón vencido y desterrado en Santa Elena! Sic transit mundi.
Miguel Massanet Bosch