Opinión

Nosotros votamos otros valores, señor Rajoy.

Publicada en InfoMelilla el 11 de mayo de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Bueno, señores, no sé que quieren que les diga, pero debo confesarles que, por mucho que me pese reconocerlo, he quedado huérfano. Si, no se extrañen, porque aunque por desgracia hace ya muchos años que perdí a mis padres naturales, en el aspecto político me sentía arropado por mi familia putativa que era el Partido Popular; puedo asegurarles que, desde el día en que se constituyó, han tenido en mi un seguidor fiel y un votante disciplinado, por mucho que los embates de las olas mediáticas o las triquiñuelas de la izquierda se haya cebado en él, en cuantas maneras existen para luchar contra un adversario incómodo y molesto. Hubo sus momentos difíciles cuando presidieron el partido algunas personas que no cubrían las expectativas que se pusieron en ellos y hubo casos, como el de Jorge Vestringe, en que el conejo resultó ser gato; pero todo se resolvió y, con la llegada del señor Aznar el partido revivió y tomó empuje y confianza, de manera que los del PP gozamos de dos legislaturas en las que España resurgió del fango en la que la habían dejado los socialistas y fue entonces cuando entramos por la puerta grande en la UE y recobramos parte de nuestro prestigio en Europa y América.

Vino la guerra de Irak y la izquierda encontró el asidero al que agarrarse para empezar su labor demoledora contra el partido en el gobierno. Se produjo la “oportuna” masacre del 11-M y aquello, hábilmente y ruinmente manejado por los del PSOE, fue la puntilla para Aznar y su gobierno. Todos atribuimos la votación adversa al PP a que, Rajoy, había sido lastrado, en sus aspiraciones a la presidencia del gobierno, por las aciagas circunstancias con las que tuvo que bregar. No se le tuvo en cuenta la derrota y se le apoyó, unánimemente, por todas las bases del partido esperando encontrar en él, el nuevo Cid Campeador que sabría, con su buen hacer y su chispa irónica, poner en su sitio a Zapatero y el PSOE. La decepción se empezó a gestar cuando, durante la legislatura pasada, el PP desaprovechaba todas las ocasiones que se le presentaban de arrinconar al adversario y, sin embargo, su presidente fue cayendo, una y otra vez, en las trampas que se le fueron tendiendo desde el PSOE y, hay que decirlo todo, ante la rapidez de reflejos y marrullerías de ZP.

La segunda derrota fue más amarga. El Ejecutivo había gobernado de la peor forma con la que se puede dirigir una nación, sus mentiras y marrullerías se repetían con una frecuencia inusitada y los desmentidos sucesivos hacían todavía más patente la incompetencia del equipo del gobierno. Los fracasos de la negociación con ETA, el trato preferencial a los criminales de la banda, las continuas cesiones del Gobierno en cuestiones como la lengua española, las exigencias de los nacionalistas, los chantajes a los que fue sometido; le daban al partido de la oposición las armas más sólidas de las que se pudiera disponer para machacar al adversario. No fue así. Rajoy se mantuvo todo el tiempo a la defensiva y su oponente supo jugar con sabiduría sus bazas, desviando los debates hacia los temas que le convenían. Las bases del PP se desmoralizaron. Cuatro años más de ZP y PSOE en el poder eran suficientes para acabar con el optimismo de cualquiera, pero aún así, sacamos fuerzas de flaqueza pensando que se corregirían los errores, se fijaría una táctica de actuación clara, se establecerían los objetivos y se propondría la estrategia oportuna para conseguirlos. Nada de todo ello se ha producido.

Incomprensiblemente, de la derrota ha surgido un señor Rajoy lento en sus reacciones; oscurantista en sus proyectos; poco receptivo a las críticas; reacio a repasar los errores de la legislatura anterior; sensible a las alabanzas de sus adversarios; poco dispuesto a asumir sus culpas; ingrato con los que le apoyaron y recibieron las tarascadas; antidemocrático en cuanto al funcionamiento interno del PP y muy inclinado a rodearse de una “guardia de corps” que, al modo de de Guardia Pretoriana, ha entrado a saco en el partido pretendiendo desmontarlo; empezando por segar las cabezas de sus mejores activos y sustituyéndolos por cuadros de nuevo cuño, poco bregados, muy creídos de sus posibilidades y muy poco prudentes en sus modos y formas. Vamos, para entendernos, parece que se proponen crear un PP acomodaticio, poco “crispador” muy condescendiente con temas como la homosexualidad, el castellano, los nacionalismos, la educación, el aborto y la unidad de España. ¿Qué quedarán de los antiguos valores del PP? Las siglas. Suben, aunque queden de momento aparcados, Gallardón y Arenas (¿cristiano-demócratas o liberal- demócratas? ¿O qué…?)

Ahora quiero que me digan con franqueza, como una persona como yo, más bien liberal, católico, contrario al aborto, alérgico al pensamiento único y defensor de las libertades y de los derechos individuales por encima de las tutelas estatales; puede seguir votando a un partido que se ha convertido en un sosia del partido gubernamental. ¿Una oposición que prefiere pactar?, ¿una oposición que negociará sobre un aborto más libre?, ¿una oposición que permitirá la desaparición del castellano y admitirá la Educación para la Ciudadanía? Pero, ¿qué clase de oposición será esta? Y, para acabar así, señor Rajoy, hemos pasado tantos años apoyando a su partido. Yo le pregunto: ¿Se cree usted con derecho a traicionar a las bases que han votado precisamente todo lo contrario de lo que usted proyecta hacer? No, señor mío, no le votamos a usted para que nos ponga Sorayas de portavoces ni defenestre a personas como Zaplana y Acebes. Si lo hubiéramos sabido le aseguro que de los diez millones y pico que le apoyaron, puede que no le hubieran votado ni la mitad. En fin, que voy a tener que poner un anuncio en la pensa del siguiente tenor: “Votante desahuciado busca partido político, serio, religioso, fiel a sus principios, que defienda las libertades y la vida. Abstenerse socialistas, comunistas y separatistas. No importa que no tenga muchos afiliados”

Miguel Massanet Bosch